Pemex busca devolverle escala a una industria que durante décadas perdió competitividad, producción y capacidad instalada. Sin embargo, su apuesta por revivir la petroquímica mexicana se enfrenta a obstáculos estructurales como la escasez de gas natural, plantas obsoletas y un rezago acumulado tras años de subinversión.
La apuesta de 93,000 millones de pesos
Con una inversión anunciada de 93,000 millones de pesos entre 2026 y 2030, el gobierno presentó el plan de Reactivación de la Industria Petroquímica y Fertilizantes. Esta estrategia busca recuperar capacidades productivas, reducir importaciones y fortalecer cadenas industriales que abastecen desde el sector automotriz hasta el agroalimentario. El plan contempla elevar la producción de petroquímicos y fertilizantes mediante la rehabilitación de complejos existentes, la construcción de nueva infraestructura y una mayor disponibilidad de materias primas. El objetivo es alcanzar una producción anual de 849,000 toneladas de petroquímicos y cuatro millones de toneladas de fertilizantes.
La decadencia petroquímica de México
La petroquímica ha sido históricamente uno de los pilares industriales del país. Su desarrollo formal inició en 1959 con la primera planta de dodecilbenceno y ganó fuerza a partir de 1982, cuando comenzó una expansión más acelerada. Durante la bonanza petrolera de principios de los años 2000, cuando México producía más de tres millones de barriles diarios, Pemex se consolidó como uno de los principales proveedores petroquímicos del país, impulsado por una abundante disponibilidad de hidrocarburos. Pero el deterioro productivo transformó ese panorama. Actualmente, la producción petrolera nacional ronda 1.6 millones de barriles diarios, una caída que redujo la disponibilidad de materias primas y limitó la capacidad de suministro para la industria petroquímica.
Los datos recientes reflejan esa pérdida de escala. Entre enero y abril de este año, Pemex produjo 198,487 toneladas de petroquímicos, por debajo de las 220,428 toneladas registradas en el mismo periodo del año anterior. La comparación evidencia la magnitud del reto: el gobierno pretende acercarse a una producción cercana a 900,000 toneladas anuales, partiendo de niveles que todavía muestran deterioro operativo.
El gas natural, el cuello de botella
Uno de los principales desafíos será asegurar suficiente materia prima para alimentar los complejos industriales. La disponibilidad de gas natural aparece como el principal cuello de botella. “Si no hay gas, no hay petroquímicos; y si no hay petroquímicos no hay fertilizantes, entonces la primera gran pregunta es de dónde van a sacar el gas”, puntualizó Miriam Grunstein, consultora de Brilliant Energy Consulting. Impulsar y desarrollar la petroquímica y la industria de fertilizantes no depende únicamente del anuncio de nuevas inversiones o de rehabilitar plantas. También requiere contar con suficiente gas natural, cuya producción nacional permanece limitada.
Los petroquímicos provienen principalmente del gas natural y de derivados petroleros como condensados, que posteriormente se transforman en productos como etileno, amoniaco, metanol y aromáticos. Sin embargo, México mantiene una dependencia cercana al 70% de importaciones de gas provenientes de Estados Unidos, mientras la producción doméstica continúa bajo presión. Para revertir esa situación, Pemex busca elevar la producción nacional. A inicios de abril, el exdirector de la petrolera, Víctor Rodríguez Padilla, dijo que la meta para 2030 es alcanzar una producción de 5,871 millones de pies cúbicos diarios. Para ello, la empresa impulsará producción adicional desde campos convencionales donde ya opera, pero también contempla recursos no convencionales, es decir, aquellos que requieren fractura hidráulica para su explotación y cuya autorización sigue bajo análisis gubernamental.
Plantas viejas y rehabilitaciones pendientes
La disponibilidad de materia prima no es el único problema. Otro reto será la condición operativa de las instalaciones existentes. Muchas plantas petroquímicas requieren rehabilitaciones profundas, mantenimiento especializado y modernización tecnológica después de años de subinversión, menor utilización y deterioro operativo. Desde el sexenio pasado, el expresidente Andrés Manuel López Obrador prometió rehabilitar las plantas de fertilizantes para elevar la producción nacional y fortalecer programas de apoyo al campo mediante entregas gratuitas del insumo. Sin embargo, la meta quedó incompleta. Ahora, la nueva administración retoma la apuesta con inversiones concentradas en complejos existentes y nuevos desarrollos.
Entre las rehabilitaciones consideradas dentro del plan destacan ProAgro, donde se busca alcanzar una producción de 900,000 toneladas anuales; el Complejo Petroquímico Morelos, cuya meta es producir 360,000 toneladas anuales de petroquímicos; el Complejo Petroquímico Cosoleacaque, con una capacidad proyectada de 957,000 toneladas anuales de fertilizantes; y el Complejo Petroquímico Cangrejera, que prevé producir 489,000 toneladas anuales de petroquímicos. A estas rehabilitaciones se suman nuevos desarrollos industriales. Entre ellos está el complejo Coque-Urea, proyectado para producir 3.3 millones de toneladas anuales de fertilizantes, así como Escolín, cuya capacidad estimada es de 708,000 toneladas anuales de fertilizantes.
La apuesta financiera detrás del rescate
De los 93,000 millones de pesos contemplados para inversión, 43,500 millones provendrán de recursos públicos y 49,500 millones de esquemas mixtos entre gobierno e iniciativa privada, aunque todavía no se conocen las reglas específicas bajo las cuales operarán esos mecanismos. Del lado privado también existen inversiones paralelas. Uno de los proyectos más relevantes es la planta Fermachem, en Durango, que contempla una inversión de 28,000 millones de pesos para producir 100,000 toneladas anuales de fertilizantes nitrogenados. Se espera la generación de 3,000 empleos durante la construcción, la cual arranca este mes y prevé concluir durante el segundo semestre de 2027.
Cuando falta insumo, falla toda la cadena
Mientras estos proyectos toman forma, las limitaciones de suministro ya generaron impactos concretos en la industria. Uno de los ejemplos más visibles ocurrió con Braskem Idesa y su complejo Etileno XXI. Pemex firmó originalmente un contrato de suministro de etano por 20 años, pero la disminución gradual en producción redujo su capacidad de cumplimiento. Eso obligó a la empresa a importar materia prima para mantener operaciones y construir infraestructura adicional para recibir insumos desde el exterior.
Para Gonzalo Monroy Pech, aun si aumenta la producción de gas natural, la recuperación dependerá de resolver problemas logísticos y operativos acumulados durante años. “Disponer de insumos no garantiza, por sí mismo, la recuperación industrial. Entre contar con etano, gas o amoniaco y convertirlos en producción sostenida existe una cadena de condiciones que también debe funcionar sin interrupciones. Se requiere infraestructura de transporte y almacenamiento, ductos operativos, electricidad confiable, mantenimiento continuo de los complejos y una capacidad real de ejecución tanto del Estado como de las empresas participantes”, destacó. “En otras palabras, la política industrial no se decide únicamente en el subsuelo o en la planta, sino en la coordinación de todo el sistema. Si el gas llega, pero la red eléctrica falla; si el etano existe, pero el ducto no opera a plena capacidad; si la planta se rehabilita, pero no hay certidumbre regulatoria para atraer capital complementario, el resultado será el mismo: capacidad instalada subutilizada”, concluyó.



