El que cambió fue el expresidente Andrés Manuel López Obrador, no solo Donald Trump. Mientras desde Estados Unidos se intensifican las acusaciones contra funcionarios y políticos mexicanos por presunta protección y complicidad con grupos narcoterroristas, López Obrador se quejó de que el "nuevo Trump", el de su segundo mandato, ha cambiado y que prefiere al anterior, al que enfrentó al inicio de su gobierno en 2019 y 2020.
El cambio de Trump y el contexto mexicano
Sin duda, Trump ha evolucionado: ahora tiene una línea estratégica más clara y firme, y un equipo más homogéneo. Sin embargo, lo que realmente modificó la política estadounidense hacia México fueron los profundos cambios generados por la administración de López Obrador. Durante los cuatro años del gobierno de Joe Biden, México experimentó un retroceso en todos los ámbitos, lo que colocó al país y a los grupos criminales en el centro de la agenda de seguridad de Estados Unidos.
Hace seis años, cuando Trump dejó el poder en su primer periodo, México aún no era el sistema autoritario en el que se ha convertido. Existía un Poder Judicial independiente, un Poder Legislativo que buscaba consensos para reformas como la de la Guardia Nacional, y la mayoría de los gobernadores eran de partidos opositores, lo que garantizaba un equilibrio de poder significativo.
La estrategia de "abrazos y no balazos"
Ya entonces López Obrador había lanzado su política de "abrazos y no balazos" y había liberado a Ovidio Guzmán tras el "culiacanazo" (responsabilidad compartida con el secretario de Seguridad, Alfonso Durazo). Pero la explosión del tráfico de fentanilo aún no se dimensionaba plenamente. Había retrocesos notables, como la cancelación del aeropuerto de Texcoco y la contrarreforma educativa, y se comenzaban a violar las normas del T-MEC en energía y agricultura. Aun así, persistía la esperanza de que López Obrador se mantendría en la moderación.
En esos primeros años, su principal operador era Julio Scherer Ibarra desde la Consejería Jurídica, quien buscaba construir consensos y mantener espacios de diálogo. Pero el triunfo arrollador de Morena en 2021, sumado a los retrocesos en la Ciudad de México, llevaron a López Obrador a radicalizarse. Así se lo comunicó al propio Scherer, quien renunció, según relata el libro Ni venganza ni perdón (Planeta, 2026), escrito por Scherer y Jorge Fernández Menéndez.
Radicalización y alianzas con el crimen
La política de "abrazos y no balazos" y la alianza con grupos criminales se intensificaron tras el apoyo que Morena recibió de esas organizaciones en las elecciones de 2021, especialmente en Sinaloa, Tamaulipas, Baja California y Michoacán. El contrabando de combustible, tras el asesinato del financiero Sergio Carmona (el "Rey del Huachicol"), se convirtió en una operación de Estado que generó 34 mil millones de dólares (unos 600 mil millones de pesos) entre 2022 y 2024, según cifras oficiales.
Durante el sexenio de López Obrador se registraron 200 mil asesinatos en México y más de 100 mil desaparecidos. En Estados Unidos, las muertes por sobredosis de fentanilo fueron 72 mil 776 en 2023, 73 mil 838 en 2022 y 70 mil 601 en 2021. Ese fentanilo se importaba ilegalmente de China, se convertía en drogas y se traficaba a Estados Unidos, mientras López Obrador aseguraba a Biden que México no producía fentanilo, cuando era el gran negocio del Cártel de Sinaloa y el CJNG.
El hartazgo del gobierno de Biden fue tal que realizaron una operación encubierta para extraer a Ismael "El Mayo" Zambada en las últimas semanas de ambos gobiernos.
El legado de AMLO y la presión de Trump
López Obrador heredó e impuso la reforma judicial, manipuló al Congreso para obtener una mayoría absoluta que no ganó en las urnas, transformó el sistema con una deriva autoritaria y endeudó al país. La presidenta Claudia Sheinbaum, ante la presión estadounidense y el descontrol en seguridad, comenzó a implementar una estrategia que rompía con los "abrazos y no balazos", pero se topó con un límite impuesto por su antecesor: no desmantelar la red de protectores y cómplices del crimen organizado, porque eso llevaría al propio López Obrador y su entorno.
Por eso reaparece ahora, cuando el agua le llega al cuello, con una carta insensata en la que exhibe y limita a Sheinbaum y rompe con Trump: para reafirmar que, como dijeron los dirigentes del fascio a Mussolini, "todos libres o todos presos". El que pinta su raya para salvarse es López Obrador; el que la cruzará para ir por los suyos es Trump.



