La democracia liberal es un sistema que, aunque valioso, requiere mejoras constantes. Así lo recordó recientemente Giorgia Meloni al destacar los pilares de la civilización occidental: la democracia griega, el derecho romano y la moral judeocristiana. Occidente nace en Grecia y se perfecciona en Roma, donde la libertad era el valor supremo, pero se entendía que debía protegerse con reglas y, a veces, con medidas que limitaban la propia libertad para mantener el equilibrio.
La democracia imperfecta de Roma
La República romana era una democracia selectiva, donde no todos participaban, pero funcionaba mediante la votación de una minoría. Cuando enfrentaba amenazas externas, se nombraba un dictador temporal, reconociendo que la democracia republicana era imperfecta e impráctica para decisiones rápidas. Se buscaba al mejor hombre, aunque sin garantías. Hoy, la sociedad ha sido inducida a creer que la democracia es una virtud absoluta, y los políticos han aprovechado esa idea para destruir las propias garantías democráticas.
Democracia sin ley es demagogia
Desde su origen, la democracia ha requerido de la ética y la ley para funcionar virtuosamente. Sin ley, se convierte en demagogia, que la RAE define como la degeneración de la democracia, consistente en que los políticos, mediante concesiones y halagos a los sentimientos elementales de los ciudadanos, tratan de conseguir mantener el poder. Actualmente, Occidente está convencido de que todo lo que se hace por medios democráticos es bueno, como votar por jueces o reformas constitucionales injustas. ¿Qué pasaría si un parlamento votara, con mayoría legal, encarcelar a todas las personas pelirrojas? Sería democrático, pero no justo. La ética y los valores superiores son los únicos frenos, en la eterna batalla entre iusnaturalismo y iuspositivismo.
La manipulación de la igualdad
Otro concepto manipulado es la igualdad. En Occidente, significa igualdad ante la ley, trato justo y mismas oportunidades. Pero los políticos han convertido la igualdad en un arma para mantener el poder, haciéndola parecer factible. La democracia y el capitalismo requieren individuos; el Estado regula el conjunto. En el fascismo, socialismo y comunismo se necesitan colectividades para la planeación central, donde quien destaca es castigado. Esta manipulación ha permeado hasta empresas privadas con el wokismo y la identidad de género. Hoy, nadie es más discriminado en una empresa global que un hombre blanco heterosexual.
La crisis de las democracias occidentales
Las democracias occidentales están en crisis porque se autoatacan. Es necesario pensar en barreras de entrada que garanticen su funcionamiento futuro. ¿Cómo asegurar que los políticos sean virtuosos y éticos? No es un problema nuevo, pero debemos buscar solución.



