Un documental que nace de una historia familiar
El director tapatío Gal S. Castellanos comenzó a filmar lo que sería un documental sobre sus padres, arrancando con la muerte de su progenitor y el viaje que emprendió su madre días después para mudarse a Turquía con su nuevo novio, a quien conoció en Facebook. Sin embargo, durante los siete años de rodaje, la película Mi pecho está lleno de centellas tomó un giro inesperado: se convirtió en un relato íntimo sobre su propia transición de género.
La transición como eje narrativo
En entrevista con Excélsior, Gal S. Castellanos explicó: “Yo quería saber quiénes eran ellos como mi papá y mi mamá y la película termina siendo una conexión muy próxima con entender de dónde vengo y las cosas que me han construido como soy. Yo empecé haciendo la película más como una exploración femenina sin saber que yo iba a transicionar. De hecho, de esos siete años, los primeros seis años son toda una exploración con mi mamá, pero la historia sobre mi transición llega hasta el año seis y tal cual tuvimos que hacer otra película”.
A lo largo del documental, que se estrena este jueves en un circuito cultural, se aprecia cómo Gal Castellanos, mientras se envía videocartas con su madre que vive en Turquía, registra con su cámara reflexiones personales sobre la memoria y la cotidianidad, así como algunos de los procesos que vivió, como la extirpación de senos, para transicionar gradualmente del sexo femenino al masculino.
El significado del título
El título Mi pecho está lleno de centellas hace referencia a los polvos de centella asiática que Gal usó para ayudar a la cicatrización de la zona del pecho tras la cirugía. Estrenar la película en el mes del orgullo LGBTIQ+ es de gran importancia para el director, pues considera que el documental abona a la conversación sobre la transexualidad en general y la transexualidad masculina en particular, un tema poco explorado en el cine nacional.
Visibilidad transmasculina
“Definitivamente necesitamos más espacios para que la comunidad trans sea visible. Yo creo que es muy importante, más allá de mi historia, que esto se pueda hablar, que otras familias puedan hablar de la identidad trans masculina, que aparte es una identidad poco visible en nuestro país. Para mí esta conversación es muy importante, me gusta que la película abra la conversación y que una historia personal se convierta en un disparador político de conversaciones”, señaló Gal S. Castellanos, de 35 años.
La transición de la madre
Además de la transición sexual del realizador, el filme también aborda otra transición significativa: la de su madre. “Yo creo que una de las transiciones más fuertes es la de mi mamá. Estamos hablando de una mujer de su generación que hace un viaje a un país lejano en contra de todo lo pronosticado para una mujer de su edad. A mí me parece un salto de valentía muy fuerte. Ella estuvo seis meses en Turquía y regresó nuevamente a su país para luchar por su autonomía porque se da cuenta que nunca ha estado sola, que nunca ha rentado un departamento sola porque siempre ha sido la hija de alguien, la esposa de alguien, la mamá de alguien y nunca vivió como ella misma”, apuntó el realizador.
Producción y recuperación
El director tuvo que cumplir con los tiempos de entrega del Focine, por lo que se sometió a cirugía y solo pudo estar en recuperación 20 días. Sus productores le ayudaron en los cuidados durante ese periodo.



