Para muchos hombres, la sola idea de someterse a una revisión prostática es suficiente para posponer la cita médica. El miedo, la vergüenza o la creencia de que el tacto rectal es el único método para detectar el cáncer de próstata pesan más que los síntomas, incluso cuando esta enfermedad suele avanzar en silencio. Sin embargo, hoy existen pruebas de sangre, estudios de imagen y herramientas que permiten evaluar el riesgo de forma más precisa. Aun así, los especialistas advierten que el tacto rectal no ha desaparecido de la consulta y, en ciertos casos, puede aportar información que el análisis de sangre no revela.
El panorama en México
En México, cada año se detectan más de 25 mil casos nuevos de cáncer de próstata, según la Secretaría de Salud. Además, más de 7 mil 500 hombres fallecen anualmente por esta enfermedad, una cifra que subraya la urgencia de hablar sobre detección oportuna sin tabúes. La detección temprana puede marcar la diferencia entre un tratamiento efectivo y un diagnóstico tardío.
¿El tacto rectal sigue siendo necesario?
El cáncer de próstata se desarrolla en la glándula prostática, un órgano pequeño del sistema reproductor masculino que produce parte del líquido seminal. Uno de sus principales problemas es que, en etapas iniciales, puede no causar molestias. Por eso, durante años, el tacto rectal formó parte de las revisiones para detectar cambios en la próstata. No obstante, actualmente el estudio más utilizado es el antígeno prostático específico, conocido como PSA, una prueba de sangre que mide una proteína producida por la próstata.
Entonces, ¿basta con hacerse el PSA? “Idealmente los dos, porque hay tumores que pueden no elevar el antígeno prostático y que podemos detectar por palpación”, explica María Teresa Bourlón, jefa del Departamento de Oncología del Instituto Nacional de Ciencias Médicas y Nutrición Salvador Zubirán. La especialista señala que las estrategias de detección cambian con el tiempo, pero en hombres con riesgo, antecedentes familiares o sospecha clínica, la revisión puede incluir PSA, tacto rectal y, cuando está disponible, resonancia magnética.
El PSA ayuda, pero no cuenta toda la historia
El análisis de PSA es una prueba sencilla de sangre. Si el resultado aparece elevado, no significa automáticamente que haya cáncer. También puede aumentar por otras condiciones, como crecimiento benigno de la próstata, inflamación o infecciones. Sin embargo, un PSA alterado sí puede indicar que el paciente necesita estudios adicionales. A partir del resultado, el médico puede recomendar repetir la prueba después de algunos meses, realizar una resonancia magnética, un ultrasonido prostático o solicitar una biopsia para confirmar o descartar cáncer.
“Mucho tiempo hubo controversia de que hacer tamizaje de cáncer de próstata aumentaba los estudios de diagnóstico como biopsias e intervenciones y no impactaba en la mortalidad; y cuando se dejó de hacer el tamizaje empezó a aumentar la incidencia de casos metastásicos”, señala Bourlón.
¿A qué edad deben empezar las revisiones?
La edad es uno de los principales factores de riesgo. En términos generales, muchos especialistas recomiendan comenzar a hablar de detección a partir de los 45 o 50 años, dependiendo de los antecedentes familiares y del estado de salud de cada paciente. “Si tu papá o un familiar directo como hermano o abuelo han tenido cáncer de próstata, tu riesgo de tenerlo aumenta, por lo que se sugiere tamizar a esas personas”, explica la oncóloga. La recomendación puede cambiar si existen mutaciones genéticas familiares o si hay varios casos de cáncer de próstata en la familia. En esos escenarios, el médico puede sugerir iniciar la vigilancia antes o complementar con estudios de imagen.
“Dependiendo, pero mínimo a los 45 años hay que hacer antígeno prostático específico, tacto rectal y darle un seguimiento por lo menos cada uno a dos años”, añade Bourlón.
El problema no es solo la prueba, sino llegar tarde
En México, muchos hombres aún llegan a consulta cuando el cáncer ya avanzó. La vergüenza, la falta de información y el miedo al tacto rectal pueden retrasar una revisión que, en algunos casos, podría cambiar el curso de la enfermedad. Bourlón advierte que el país todavía enfrenta un reto importante: no existe un tamizaje suficientemente amplio para cambiar de forma global el estadio en el que se diagnostica la enfermedad. “Para que una estrategia de tamizaje te funcione y puedas detectarlos más tempranamente, tendría que cubrir al 80% de la población y nuestro tamizaje de próstata no llega al 80%”, señala. La especialista agrega que muchos hombres nunca se han realizado un antígeno prostático hasta que aparecen síntomas. “Se hacen uno ya a los 60-70 años y pudieron haber tenido un diagnóstico más temprano y alguna intervención previa”, indica.



