La editora argentina Patricia Piccolini, ganadora del Reconocimiento Rubén Bonifaz Nuño a la Trayectoria Editorial Universitaria 2026, afirmó que la edición universitaria debe profesionalizarse para llegar a más lectores. El reconocimiento le será entregado por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) el próximo 25 de agosto durante la VIII Feria Internacional del Libro de las Universitarias y los Universitarios (Filuni).
Edición de conocimiento: un campo en crecimiento
Piccolini, quien prefiere llamar "edición de conocimiento" a la edición universitaria, explicó que el mayor desafío es la profesionalización constante para mantener la calidad en cada título. "La edición de conocimiento incluye libros de texto, de divulgación y títulos académicos. Para hacer aportaciones o proponer cambios debes haber trabajado la docencia, la investigación y la edición", señaló en entrevista con Excélsior.
Con 40 años de trayectoria en editoriales públicas y privadas, la especialista destacó que la edición de conocimiento vive un buen momento. "Percibo que hay una mayor profesionalización en las editoriales universitarias, más conexión entre ellas; se asumen como editores, más allá de que no están en un entorno empresarial, y reconocen que se necesita saberes específicos para desarrollar esta actividad", afirmó.
Diferencias con la edición comercial
La egresada de Ciencias de la Educación por la Universidad de Buenos Aires subrayó que la edición de literatura y la de conocimiento son distintas. "La edición de literatura y de libros de actualidad está concentrada en los sellos privados; la edición de conocimiento está desperdigada en editoriales, museos y universidades, es un campo que tiene lógicas distintas a lo comercial". Sin embargo, ambos sectores enfrentan problemas similares de comercialización y distribución, que se agravan en países grandes como Argentina, Brasil y México.
Piccolini detalló que el proceso de edición de conocimiento es más cuidadoso. "Se debe revisar con más cuidado, pues los autores de literatura son escritores; pero los de libros de conocimiento son sociólogos, ingenieros, químicos, no necesariamente tienen la misma solvencia en la escritura". Por ello, los editores acompañan a los autores desde la escritura misma, antes de que el original esté terminado, un proceso más largo que incluye gráficos, cuadros y mapas.
El lector como centro
La formadora de editores aclaró que en la edición de conocimiento también se cuida el diseño, el formato, el prólogo y los textos de las contrapartes, no solo por marketing, sino porque "los especialistas han comprobado que el soporte influye en la lectura". Además, indicó que el editor universitario debe conocer qué se investiga en su universidad y en otras instituciones, y proponer temas a los académicos. "Su papel es más activo, no puede quedarse a esperar textos", afirmó.
Piccolini admitió que su propuesta como editora es variopinta. "Tomo de aquí y de allá, incorporo a mi conocimiento teorías inglesas, francesas y latinoamericanas. Somos una mezcla de buenos aportes. Y, por supuesto, el trabajo debe tener una visión latinoamericana".
Proyectos actuales
La especialista trabaja en dos proyectos. Su tesis de doctorado revisa el archivo histórico de la editorial Paidós, un sello argentino fundado en 1945, donde ha descubierto "un detallado proceso de calidad". El otro proyecto es la traducción de 140 cartas de un tío bisabuelo que emigró de Italia a Argentina en 1877, describiendo su vida cotidiana en un pueblo al sur de Tucumán. "Son maravillosas, porque describen una época de bandidos rurales", comentó.
Su discurso en la Filuni versará sobre la importancia de que la edición universitaria tenga al centro a los lectores en general. "No trabajar para los autores o los académicos solamente, interesar a todos", concluyó.



