El riesgo de la euforia colectiva
Las celebraciones masivas, como las ocurridas tras el triunfo de la Selección Mexicana en el Mundial 2026, pueden convertirse en tragedia si la emoción y la euforia se salen de control, advirtió el doctor Hugo Sánchez Castillo, académico de la Facultad de Psicología de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). En entrevista con Ivonne Melgar para la Primera Emisión de Imagen Radio, el especialista señaló que reprimir estos festejos no es una opción sana para las sociedades, pero es necesario fortalecer la regulación emocional y mejorar la respuesta de las autoridades.
La desfrontalización y la pérdida de individualidad
De acuerdo con Sánchez Castillo, durante una euforia colectiva se produce un proceso llamado desfrontalización, en el que las personas pierden parte de su individualidad y se dirigen hacia una misma meta: la celebración. "¿Qué le corresponde al gobierno? Tener una respuesta más rápida; no puede ser que una ambulancia tarde más de 40 minutos en pasar 100 metros", afirmó. El especialista consideró que lo sucedido en Paseo de la Reforma el 30 de junio, donde cuatro personas perdieron la vida, debe dejar una lección de aprendizaje y corresponsabilidad, no de culpas.
Lecciones para futuras celebraciones
"Lo que se tiene que hacer ahora es aprender de este evento, cómo podemos dividirlo, cómo podemos segmentar, cómo podemos hacer que haya pequeños descansos donde no se dé este amontonamiento de personas para que pueda fluir", explicó Sánchez Castillo. Subrayó que no se puede achacar la culpa al gobierno por la decisión de un aficionado de estar ahí, pero sí por la falta de una respuesta rápida. "Todos quisiéramos estar adelante, pero tenemos que ser realistas", agregó.
El papel de las sustancias y la euforia colectiva
Respecto al consumo de alcohol o drogas, el académico señaló que las masas no necesitan desinhibidores, pues el ánimo colectivo basta para dejar de lado el pensamiento racional. "Cuando estamos en ese estado eufórico es casi igual que consumir alguna sustancia", indicó. Observó que muchas personas altamente exaltadas no estaban ebrias, pues los borrachos pierden el control motor y la concentración, mientras que los aficionados brincaban y aventaban objetos.
Fenómeno de "cuello de botella"
Para explicar las muertes por asfixia, Sánchez Castillo comparó la aglomeración con un fluido presionado en un cuello de botella: "Si yo tengo un fluido y lo presiono, y tengo una barrera que lo impide, se va a acumular de manera masiva hacia el final, donde está lo que lo contiene. Es cuando se da este problema de asfixia por presión". Aclaró que este fenómeno no está relacionado con el consumo de sustancias, sino con la falta de precedentes en el país.
El regreso del fútbol a las calles
El especialista vinculó la euforia con las limitaciones para acceder al Mundial, cuyos boletos eran costosos. "El fútbol nace en una cuestión del pueblo, con una pelota de trapo y jugándose en las calles. Esta manifestación nos dice que el fútbol regresó a las calles. Pero también debería prender los focos rojos, porque significa que el domingo va a ser eso o un poquito más", advirtió.
Recomendaciones para los aficionados
En cuanto a los juegos de aventar personas o zarandear autos, Sánchez Castillo llamó a la responsabilidad individual: "La recomendación es que, si los avientan, ¿por qué no los agarran? Entonces es para los aficionados. Si tengo una cuestión de mareo o vértigo, no me meto en lo de 'quiere volar'". Explicó que la masa piensa colectivamente: si alguien baila, todos bailan; si alguien zarandea un coche, todos lo harán. "Tú, como aficionado, tienes que tener claro que eso puede desencadenar toda una serie de eventos negativos", enfatizó.
La importancia de la regulación emocional
Para controlar estos actos impulsivos, Sánchez Castillo propuso educarse en el manejo de las emociones. "Claro que podemos educarnos. La primera cosa es validar todas las otras emociones, porque básicamente creemos que hay dos: el miedo y la felicidad. Nadie te dice 'yo quiero ser ansioso', 'yo quiero ser orgulloso'. Primero, validar todas las emociones, aceptarlas, respetarlas. Nos cuesta decir 'me enojas', 'te odio', y no es necesariamente algo malo, es algo que podemos aprender a manejar y a transicionar", concluyó.



