Dunas, corales y manglares: la defensa natural del turismo ante la crisis climática
Dunas, corales y manglares: defensa natural del turismo

En el Caribe mexicano, hoteles y científicos trabajan en la restauración de dunas, corales y manglares para reducir los riesgos asociados a la erosión costera, huracanes y pérdida de playas, según un reportaje de Noticias México 24. Estas soluciones basadas en la naturaleza se han convertido en una estrategia clave para la adaptación climática en destinos turísticos como Quintana Roo.

La naturaleza como infraestructura de protección

Las dunas costeras, los arrecifes de coral y los manglares actúan como barreras naturales que amortiguan el impacto de tormentas y oleaje. Lyn Santos, directora de Destination Stewardship en Iberostar Hotels, explicó que “algunos hoteles tienen dunas costeras, entonces tienen que desarrollar alguna estrategia dependiendo del estado de salud de sus dunas, ya sea para preservarlas, si están en buen estado, y evitar impactos negativos hacia estas dunas, o si no están en tan buen estado, entonces poder gestionar algún proyecto que pueda permitir recuperar el estado de salud”.

En la Riviera Maya, se ha impulsado una alianza interhotelera con hoteles de la zona, autoridades ambientales y turísticas de Quintana Roo, la Cooperación Alemana para el Desarrollo (GIZ) y Sustentur para trabajar en la conservación de dunas y ecosistemas costeros. Como parte de esa iniciativa, se han realizado cursos de manejo y reproducción de plantas nativas de dunas costeras.

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Estudios científicos respaldan la restauración

Desde 2023, Iberostar forma parte de un acuerdo de colaboración con el gobierno de Quintana Roo, GIZ y The Nature Conservancy para restaurar ecosistemas costeros. Además, Iberostar y GIZ comisionaron a la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) un estudio sobre la salud de playas y dunas.

Gabriela Mendoza, investigadora del Instituto de Ecología del campus Yucatán de la UNAM y parte de este estudio, señaló en Gaceta UNAM que las dunas son parte de un entramado conectado con arrecifes, pastos marinos, playas, manglares y lagunas. “A muchos nos gustaría sentarnos en el sillón de nuestra sala y ver el mar desde la ventana. Sin embargo, la construcción indiscriminada de hoteles o viviendas sobre las dunas altera el flujo natural de arena que alimenta las playas. Cuando esto ocurre se rompe el equilibrio dinámico del sistema, lo cual provoca problemáticas diversas, como la erosión costera”, dijo la investigadora.

Costos de conservar frente a soluciones grises

En proyectos de adaptación climática en la Riviera Maya ya se ha documentado que restaurar dunas con vegetación nativa puede ayudar a contener la erosión costera. Un caso reportado por IKI Alliance y ADAPTUR describe el retiro de un muro de contención y la restitución de vegetación nativa como medida de adaptación basada en ecosistemas.

Lyn Santos destacó que “sale más barato conservar y restaurar la duna costera con vegetación que esperar a que el daño sea mayor y haya que entrar con infraestructura o algo más”. Esta idea también aparece en reportes de ADAPTUR sobre Riviera Maya, donde se realizó un análisis costo-beneficio social para comparar soluciones de adaptación climática basadas en infraestructura “gris” frente a soluciones “verdes”.

Corales como defensa submarina

Los arrecifes de coral reducen la fuerza del oleaje y sostienen la biodiversidad. Sin embargo, han enfrentado eventos de blanqueamiento, enfermedades y presión humana. En el Complejo Paraíso, en Quintana Roo, Santos mencionó la existencia de un laboratorio de coral y viveros donde se reproducen especies para resembrarlas y ayudar a repoblar zonas afectadas. “Hay viveros de corales donde se hace reproducción de especies justamente y resiembra para poder volver a repoblar los arrecifes de coral y poder compensar un poco el daño que los corales han tenido por los sobrecalentamientos, los eventos de blanqueamiento”, señaló.

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Manglares restaurados en República Dominicana

En otros destinos, el foco está en los manglares. Santos mencionó el caso del Complejo Bávaro, en República Dominicana, donde se restauró una zona de humedal con manglar, con apoyo del ministerio local. Con el tiempo, esos manglares crecieron y recuperaron funciones ecosistémicas. Aunque el ejemplo no está en México, sirve para explicar una tendencia más amplia: el turismo costero comienza a depender de soluciones basadas en la naturaleza para adaptarse a un clima más extremo.

El dilema del turismo que depende del lugar que transforma

La conservación ya no puede verse solo como un gesto ambiental. Para los hoteles, cuidar dunas, corales y manglares también significa proteger el negocio, reducir riesgos y mantener vivo el destino que ofrecen. Santos resumió: los clientes buscan “hotel lindo, comida rica, una experiencia linda para su vida”, pero también llegan por lo que ofrece el lugar. “Si no cuidamos el destino, ¿cómo?”

En el Caribe mexicano, esa pregunta ya no es retórica. Frente a huracanes más intensos, playas erosionadas y arrecifes bajo estrés, la primera línea de defensa puede no estar hecha de concreto. Puede ser una duna con vegetación nativa, un manglar restaurado o un coral creciendo lentamente en un vivero.