La pandemia, las tensiones geopolíticas y la electrificación acelerada de la economía demostraron que depender de cadenas largas y concentradas en Asia puede convertirse en un riesgo estratégico. Así lo afirma José Luis Jáuregui, catedrático de Posgrado en CETYS Universidad, Campus Mexicali, quien sostiene que México tiene una oportunidad realista en el back-end semiconductor.
¿Qué es el back-end semiconductor?
En la industria de semiconductores, fabricar obleas (front-end) es solo una parte de la cadena. Después del diseño y la fabricación, el chip debe ser cortado, ensamblado, encapsulado, inspeccionado, probado, clasificado y empacado antes de llegar a una línea automotriz, un centro de datos o un dispositivo médico. A esta etapa se le conoce como back-end semiconductor, y ahí México puede ganar.
México no parte de cero. Tiene experiencia en electrónica, automotriz, aeroespacial, dispositivos médicos, telecomunicaciones, manufactura avanzada y exportación, además de una ventaja geográfica: estar junto al mercado más grande del mundo y formar parte del T-MEC.
El nearshoring como oportunidad estratégica
El nearshoring no debe entenderse solo como mover producción de Asia a México para ahorrar costos. La conversación más importante es cómo construir cadenas de suministro regionales más resilientes, rápidas y confiables. En semiconductores, esa necesidad es crítica.
Competir de inmediato en fabricación avanzada de obleas requeriría inversiones de miles de millones de dólares, disponibilidad intensiva de agua y energía, talento altamente especializado y ecosistemas de proveedores maduros. El back-end, en cambio, ofrece una vía más cercana a las capacidades actuales del país.
Conexión con la industria automotriz
La industria automotriz es un ejemplo claro. Cada vehículo contiene cada vez más semiconductores: sensores, microcontroladores, dispositivos de potencia, componentes para electrificación, sistemas de seguridad, infoentretenimiento y gestión de energía. Si Norteamérica quiere una cadena automotriz más regional, también necesita una cadena de semiconductores más regional. No basta con ensamblar autos en México si los componentes críticos siguen dependiendo de rutas logísticas largas y vulnerables.
Lo mismo ocurre con aeroespacial, equipos médicos, manufactura industrial, energía, centros de datos y electrónica de consumo. El back-end puede convertirse en el puente entre la demanda industrial de Norteamérica y una nueva capacidad tecnológica mexicana.
Lo que se necesita para entrar
Ganar este eslabón no será automático. México debe evitar convertir el discurso de semiconductores en una extensión de la maquila tradicional. El back-end semiconductor exige precisión, disciplina operativa y cultura de calidad extrema. Se requiere política industrial práctica: desarrollar talento técnico específico, crear programas de formación con universidades y centros tecnológicos, fortalecer laboratorios de confiabilidad y análisis de falla, facilitar acceso a financiamiento para equipos especializados, asegurar energía y agua industrial, e impulsar parques enfocados en manufactura avanzada.
El gobierno puede habilitar condiciones, pero la ejecución debe estar conectada con el mercado. La industria de semiconductores no se construye desde el escritorio, sino con clientes, calificaciones, auditorías, prototipos y entregas consistentes.
Ventana de oportunidad, no garantía
México tiene una ventana de oportunidad, pero no una garantía. Estados Unidos está invirtiendo agresivamente; Asia sigue teniendo escala, experiencia y velocidad; Europa busca autonomía estratégica. Si México quiere participar, debe moverse con claridad y urgencia. El mayor error sería pensar que, por estar cerca de Estados Unidos, la oportunidad llegará sola.
Los clientes no transferirán productos críticos únicamente por geografía. Lo harán si México ofrece una propuesta de valor sólida: menor riesgo logístico, tiempos de respuesta más cortos, soporte técnico cercano, costos razonables, calidad certificada y capacidad de escalar.
El back-end semiconductor puede ser para México lo que la industria automotriz fue hace décadas: una plataforma para subir de nivel industrial. Pero para lograrlo se necesita ambición con realismo: no empezar por lo más visible, sino por lo más viable; no perseguir titulares, sino capacidades. México no tiene que esperar a tener la fábrica de chips más avanzada del mundo para ser relevante en semiconductores. Puede empezar por el eslabón donde su experiencia manufacturera, su posición geográfica y el nearshoring convergen. Ese eslabón es el back-end semiconductor.



