México, un pato cojo: crisis económica, educativa y judicial
México, un pato cojo: crisis económica, educativa y judicial

Federico Reyes Heroles, en su columna Sextante, describe un panorama sombrío para México. La euforia del fútbol es pasajera; la realidad es que los pronósticos de crecimiento rondan el 1% o menos, la creación de empleos formales declina y la informalidad aumenta. Por primera vez en la historia reciente, la matrícula escolar desciende en todos los niveles, justo cuando el mundo vive una revolución de habilidades impulsada por la inteligencia artificial. Los jóvenes mexicanos huyen de la educación media superior, los tecnológicos y las universidades, lo que estanca la movilidad social y limita el impacto de los apoyos sociales directos.

Inversión y energía: señales de alerta

El consumo se tambalea y la inflación causa estragos. A pesar del discurso oficial sobre la Inversión Extranjera Directa (IED), aproximadamente el 90% es reinversión, no nueva inversión fija bruta. La inversión mexicana sale del país. La desinversión en el sector energético durante la última década, especialmente en generación y distribución de electricidad, así como el caos en refinación, convierten a México en un territorio poco confiable en energía, un factor clave en la nueva economía. Por ello, países como Vietnam, sin frontera con Estados Unidos, se adelantan en el nearshoring.

Huachicol fiscal y energético

Raúl Olmos presentó un testimonio periodístico titulado “Huachicol fiscal”. Francisco Barnés de Castro expuso las dimensiones del huachicol, tanto el bruto como el fiscal, que creció aceleradamente en el primer trimestre. Se habla de 165,000 barriles diarios. Barnés hace comparaciones provocadoras: el acumulado, si se almacenara, equivaldría al 80% del volumen del Estadio Azteca o 600 albercas olímpicas. Carmen Aristegui, laureada y atacada por el gobierno, se pregunta con sentido común: ¿almacenar? Mejor venderlo ahora con precios altos. ¿Dónde almacenar cerca de 10 millones de barriles?

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Reforma judicial ante la CIDH

El caos administrativo y la corrupción en escalas nunca vistas opacan otros hechos posiblemente más graves. La Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) admitió una demanda de la SIPDH (Servicios Internacionales de Derechos Humanos) presentada por más de 400 jueces federales y magistrados mexicanos contra la destrucción del Poder Judicial. La CIDH dictó un emplazamiento oficial que obliga al Estado mexicano a justificar la reforma que desmanteló la carrera judicial. México tiene cuatro meses para responder. El daño es profundo: el Estado mexicano, ante los ojos del mundo, está quebrado, sin un cimiento imprescindible para cualquier Estado nación. Por eso la inversión no llega o se protege con arbitrajes y asociaciones con empresas que puedan litigar en el exterior.

Si la CIDH concluye que hay violaciones a la Convención Americana de Derechos Humanos, el caso ascendería a la Corte Interamericana, cuyas sentencias son vinculantes. La probabilidad es muy alta. ¿Qué hará el gobierno? ¿Seguir fingiendo demencia? Todo esto ocurre en medio de la renegociación comercial y transformaciones mundiales que descalifican a México como destino.

La necesidad de reformar la reforma

La SIPDH lo expresa claramente: “No se trata de jueces defendiendo su cargo. Se trata de algo más incómodo: ¿qué pasa cuando quien decide sobre tu libertad, tu patrimonio o tu familia empieza a depender de la lógica política? Un juez que tiene que mirar al poder antes de dictar una sentencia deja de ser juez… y la justicia deja de ser justicia”. Y agrega: “No hay democracia sin jueces”. Conclusión: “México tendría que reformar su reforma”. Sheinbaum puede hacerlo, tiene las mayorías. Debería hacerlo lo antes posible para gobernar al menos cuatro años en un Estado pleno, no en este que camina como pato cojo, porque está cojo.

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