El candidato ganador de las elecciones presidenciales en Colombia no es de derecha, sino de ultraderecha en el tema que más preocupaba a los electores: la seguridad. Abelardo de la Espriella, un outsider político, capitalizó el descontento con la política de Paz Total del presidente Gustavo Petro, que no logró contener la expansión de grupos armados, la criminalidad urbana y la violencia rural.
Fracaso de Paz Total y auge de la inseguridad
Durante el gobierno de Petro (2022-2026), la tasa de homicidios mostró una reducción moderada, pero los grupos armados incrementaron su membresía, expandieron su territorio y mejoraron su capacidad económica y militar. En muchas regiones, estos grupos comenzaron a ejercer funciones de facto: imponer reglas de movilidad, cobrar extorsiones, cultivar coca, regular actividades ilegales e influir en elecciones locales. Según analistas, esta situación es similar a la que viven los mexicanos.
Petro intentó transformar el conflicto mediante diálogo, inclusión social y sometimiento a la justicia. Su política Paz Total se formalizó en una ley que otorgaba al gobierno facultades para negociar con actores armados, promoviendo ceses al fuego bilaterales, mesas de negociación, participación comunitaria e incentivos para la desmovilización. Sin embargo, la estrategia fracasó: el Ejército de Liberación Nacional (ELN) y las disidencias de las FARC continuaron operando, las negociaciones se estancaron y aumentaron la extorsión, el secuestro, el reclutamiento forzado y el narcotráfico.
Propuestas de ultraderecha de De la Espriella
En este contexto, el debate electoral se centró en cómo recuperar el control territorial del Estado. De la Espriella propone tres pilares de ultraderecha:
Primero: una versión recargada de la Seguridad Democrática del expresidente Álvaro Uribe, que incrementó el gasto militar, expandió el Ejército y la Policía, realizó operaciones ofensivas contra las FARC y el ELN, recuperó carreteras y municipios bajo influencia guerrillera, y fortaleció la inteligencia militar con cooperación de Estados Unidos mediante el Plan Colombia. De la Espriella promete recuperar el control territorial en 90 días.
Segundo: copiar las políticas del presidente salvadoreño Nayib Bukele, construyendo diez megacárceles de máxima seguridad similares al Centro de Confinamiento del Terrorismo, para aislar a los criminales y evitar que sigan dirigiendo operaciones desde prisión.
Tercero: destruir 330 mil hectáreas de coca mediante fumigación aérea, erradicación manual, persecución financiera, extradiciones y extinción de dominio acelerada, todo con un nuevo Plan Colombia que incluya drones e inteligencia artificial. De la Espriella también terminará con la política de Paz Total, suspendiendo las negociaciones con grupos armados ilegales.
Desafíos y diferencias con El Salvador
La militarización de la lucha contra el crimen es una estrategia familiar en México, donde los gobiernos de Calderón, Peña y López Obrador la aplicaron con malos resultados. De la Espriella la adereza con soluciones que funcionaron en El Salvador, pero a un alto costo en derechos humanos. Sin embargo, hay diferencias clave: El Salvador tiene 6.4 millones de habitantes y su problema eran pandillas urbanas (MS-13 y Barrio 18). Colombia tiene 64 millones de habitantes, con guerrillas políticas (ELN, disidencias de FARC), cárteles de narcotráfico, paramilitares y bandas regionales. El entorno colombiano es mucho más complejo y extenso territorialmente.
La ultraderecha ha ganado la Presidencia en Colombia. Enfrentará un reto gigante en un país muy polarizado. Habrá que ver cuántas de estas promesas se hacen realidad.



