Pedro Infante, el icónico actor y cantante de la Época de Oro del cine mexicano, enfrentó tres accidentes de avión a lo largo de su vida. Los dos primeros los sobrevivió milagrosamente, pero el tercero, ocurrido el 15 de abril de 1957 en Mérida, Yucatán, le costó la vida. Su pasión por la aviación, que consideraba una extensión de su personalidad temeraria, lo llevó a acumular miles de horas de vuelo y a obtener su licencia de piloto civil, además de ser socio e inversionista de Transportes Aéreos de México S.A. (TAMSA). Sin embargo, esa misma pasión lo enfrentó a la muerte en tres ocasiones.
El primer accidente: Guasave, 1947
El primer percance aéreo de Pedro Infante ocurrió en 1947, cerca de Guasave, Sinaloa. En ese entonces, su carrera estaba en ascenso, pero su experiencia como piloto aún se estaba consolidando. Mientras pilotaba una avioneta pequeña, una combinación de fallas mecánicas en el sistema de combustible y una mala lectura del terreno de aterrizaje provocaron que la aeronave perdiera sustentación de forma abrupta. Sin altitud suficiente para llegar a una pista formal, Infante realizó un aterrizaje de emergencia en un terreno agrícola mal nivelado. El golpe fue violento, pero la cabina resistió, y el actor resultó ileso.
El segundo accidente: Zitácuaro, 1949
Dos años después, en 1949, Infante sufrió un accidente mucho más grave. Volaba desde Acapulco, Guerrero, hacia la Ciudad de México, acompañado por su pareja, la bailarina Lupita Torrentera. Al sobrevolar la zona montañosa de Michoacán, el motor comenzó a perder potencia, complicando la navegación en un área de picos elevados y densas corrientes de aire. Sin motor y con visibilidad reducida, Infante intentó un aterrizaje forzoso en una zona boscosa cerca de Zitácuaro. El avión colisionó contra las copas de los árboles y se estrelló. La parte frontal quedó destrozada, y ambos ocupantes quedaron atrapados. Torrentera sufrió heridas considerables, pero Infante recibió el peor golpe: su cabeza se estrelló contra el tablero de instrumentos, provocándole una fractura expuesta en la región frontal. La prensa de la época calificó su supervivencia como un milagro médico. Para salvarle la vida, los cirujanos le colocaron una placa de platino intracraneal, que luego serviría para identificar su cuerpo en el tercer accidente.
El tercer y último accidente: Mérida, 1957
El 15 de abril de 1957, Pedro Infante se encontraba en Mérida, Yucatán, y necesitaba regresar urgentemente a la Ciudad de México. En lugar de esperar un vuelo comercial, optó por abordar un avión de carga de TAMSA, un Consolidated B-24 Liberator, un cuatrimotor de diseño militar modificado para transporte civil. Infante ocupaba el asiento de copiloto, acompañado del piloto Víctor Manuel Vidal y del mecánico Marciano Bautista. Desde el despegue, la tripulación notó que algo andaba mal: el avión no ganaba altitud debido a la pérdida súbita de potencia en dos motores. A pesar de los esfuerzos por virar y regresar a la pista, el avión se volvió ingobernable. A las 07:54 AM, con el tren de aterrizaje aún desplegado, el B-24 se estrelló en el cruce de las calles 54 y 87, en pleno centro de un barrio residencial de Mérida. La explosión masiva consumió la aeronave y afectó varias casas vecinas. Los tres tripulantes murieron instantáneamente. El cuerpo de Infante fue identificado gracias a la placa de platino en su cráneo y a una esclava de oro en su muñeca. Además, una joven llamada Ruth Rossel Chan, que realizaba labores domésticas en su hogar, falleció al caer el avión sobre su vivienda.
El miedo premonitorio de Pedro Infante
Infante había expresado en varias ocasiones su temor a morir en un accidente aéreo. Tras la muerte de su compañera de reparto Blanca Estela Pavón, también en un accidente de aviación, le confesó al productor Ismael Rodríguez: "Sé que yo también voy a morir en un accidente de aviación". Esta premonición se cumplió aquel 15 de abril de 1957, cerrando la vida de un hombre que, pese a los riesgos, nunca renunció a su pasión por el cielo.



