El inesperado fallecimiento del fundador de Excélsior, el empresario poblano Rafael Alducin, el 29 de marzo de 1924, desencadenó una crisis que se agravó cuatro años después, cuando el diario cambió de dueños y tomó un rumbo distinto al trazado desde su fundación.
En manos de un grupo regiomontano liderado por Federico de Lachica, junto con José Castellot y Jesús Azunzuolo, El Periódico de la Vida Nacional vivió más de tres años de inestabilidad. Sus páginas respaldaron al candidato presidencial Aarón Sáenz, uno de los objetivos de los nuevos propietarios para mantenerse al frente del rotativo. La amplia cobertura del asesinato del presidente electo Álvaro Obregón en 1928 generó eco en las altas esferas gubernamentales, y ese mismo año un grupo de gendarmes montados custodió las instalaciones del periódico. Gracias al diálogo entre Excélsior y el presidente Plutarco Elías Calles, a través de su secretario de Gobernación Emilio Portes Gil, se retiró el bloqueo.
La huelga de los 12 días y la intervención de Calles
La llegada de Pascual Ortiz Rubio a la presidencia en 1930 generó tensión política. Las aspiraciones de Sáenz se desvanecieron y el periódico cayó en abandono, sumado a problemas financieros arrastrados. El 13 de junio de 1931 ocurrió la llamada “huelga de los 12 días”, durante la cual el diario no circuló debido a un conflicto con la Alianza de Uniones de Sindicatos de Artes Gráficas. En diciembre de ese año, durante el IV centenario de las apariciones de la Virgen de Guadalupe, Excélsior participó activamente con una peregrinación de trabajadores a la Basílica y amplia cobertura, lo que generó conflictos con un sector callista que había apoyado la Guerra Cristera.
Las finanzas seguían empeorando. Se renovaron posiciones importantes y se creó una comisión para revertir la situación con apoyo gubernamental, pero al no tener éxito, buscaron al expresidente Plutarco Elías Calles. La comitiva viajó a Cuautla, Morelos, residencia de Calles. En una primera visita, Calles ofreció apoyo sin esperanzas. En la segunda, según el Archivo Histórico de Excélsior, Calles dijo: “Señores, les tengo una buena noticia. Ya hablé con los señores dueños del negocio; el periódico Excélsior está en malas condiciones económicas, pero la Empresa está dispuesta a entregar la fuente de trabajo, directa y exclusivamente a los elementos que en ella laboran. Por otra parte –agregó-, pongan la condición de que los trabajadores, legalmente, formen una sociedad cooperativa”.
Nacimiento de la cooperativa y auge editorial
En representación de Excélsior aceptó la propuesta y el Acta Constitutiva se firmó en abril de 1932. De ese modo, el grupo regiomontano liderado por De Lachica no pagaría indemnizaciones a los trabajadores. Según fuentes consultadas, Calles había viajado a Dinamarca, donde existía un marcado modelo cooperativista. El Consejo de Administración confirmó el regreso del reportero y fundador Rodrigo de Llano como director, y la incorporación de Gilberto Figueroa a la administración, un viejo conocido de la antigua guardia.
La nueva dirigencia aplicó severas medidas de austeridad para enfrentar las deudas heredadas: redujo salarios y reorganizó recursos económicos, mientras apostaba por recuperar el prestigio editorial. Los resultados llegaron pronto: la reducción del precio del ejemplar incrementó la circulación y estabilizó las finanzas. Durante las décadas siguientes, Excélsior, al mando de sus trabajadores, consolidó uno de los periodos de mayor crecimiento. La empresa amplió sus instalaciones, modernizó talleres, adquirió nueva maquinaria y fortaleció un grupo editorial sólido con publicaciones como Últimas Noticias, Revista de Revistas, Jueves de Excélsior, Estampa, Magazine de Policía, Ja-Já, Plural, entre otras.
La crisis de 1976 y el fin de una era
Tras la muerte de Figueroa, De Llano y Manuel Becerra Acosta en la década de 1960, se abrió paso a una nueva etapa. En 1968, Julio Scherer García asumió la dirección editorial e impulsó un periodismo crítico que reunió a algunas de las plumas más importantes de la época. Al mismo tiempo, las diferencias entre grupos de cooperativistas comenzaron a acentuarse. Las tensiones internas, sumadas a la presión del gobierno de Luis Echeverría Álvarez, desembocaron en la crisis de 1976. La expulsión de Scherer y de decenas de periodistas puso fin a uno de los ciclos de mayor desarrollo en la historia de Excélsior y quedó registrada como uno de los episodios decisivos en la historia de la libertad de expresión en México.



