La escritora Bárbara Anderson presenta su libro "Inventos que usamos a diario", un viaje por 24 historias donde la curiosidad científica se amalgama con la empatía y el amor para crear objetos que benefician a los demás. La autora busca "dejar de tener miedo al hablar sobre la discapacidad, que afecta a millones de personas".
El origen del libro
Anderson explica que su motivación surge de su experiencia personal: "Tengo una relación muy cercana con la discapacidad. Mi hijo, de 14 años, padece una discapacidad. Desde que nació, busqué formas de acercar a la gente a esta realidad. Me di cuenta de que no había suficiente representatividad en los medios sobre un tema que afecta al 17% de la población mexicana, más de 30 millones de personas".
Esto la llevó a explorar "el lado B de la discapacidad", enfocándose en la empatía. "El lado A es conocido; nos acerca con miedo, sin saber si somos políticamente correctos. Preferimos no escribir. Era importante asomarse y dejar de tener miedo".
Relatos en primera persona
El libro incluye 24 relatos en primera persona, narrados por figuras como Alexander Graham Bell o Thomas Alva Edison, así como personas comunes. "Ese tono me pareció el mejor para explicar a los niños el eureka, el momento de gestación de cada invento, para quién iba dirigido y por qué lo imaginaron".
Entre las historias destacan la de un ama de casa cuyo esposo tenía Parkinson, unos vidrieros de Texas que ayudaron a un amigo en silla de ruedas, y la madre que inventó el spinner para su hija ansiosa. "Muestran a personas preocupadas por el otro, empáticas, cuya creatividad nace del amor y el cuidado".
Ciencia, empatía y creatividad
Anderson señala que muchos inventos surgieron para ayudar a una persona y luego se expandieron a la sociedad. "Este libro busca mostrar que la ciencia está en todo. No hace falta ser un físico nuclear para inventar algo. La curiosidad y la empatía pueden ser grandes motores de desarrollo. El secreto es que el amor también es un gran productor de innovación".
Las historias demuestran que todos pueden crear. "Tenemos la historia del futbolito inventado en un hospital. Si él pudo, yo también puedo. La idea es que personas comunes pueden convertirse en inventores".
Una ventana a la ciencia para niños
El libro invita a mirar el entorno con curiosidad. "Cada invento tiene la vista puesta en el otro. Debemos fomentar la atención plena, estar conectados en el aquí y ahora. Ahí están las respuestas". Por ejemplo, las rampas para banquetas se inventaron en los años 70 por una necesidad revolucionaria de accesibilidad.
"Esa curiosidad me llevó a encontrar los primeros 10 inventos y luego otros 14, creados para ayudar a personas con discapacidad o por ellas mismas. Hay desarrollos importantes como el teléfono, la máquina de escribir, las rampas y las puertas automáticas".
Además, cada historia incluye una cápsula sobre la evolución del invento. "La máquina de escribir se relata en 1880, pero hablamos de cómo hoy todo tiene teclado. El jacuzzi se inventó para la artritis y ahora es un objeto de lujo".
Ilustraciones y presentaciones
Las ilustraciones del libro fueron realizadas a mano por Alejandra Saavedra, sobre cartulina y pintadas con acuarelas y crayolas, luego fotografiadas para las historias.
El libro se presentará el 16 de mayo en el Cine Lido de la Biblioteca Rosario Castellanos y el 23 de mayo en la librería Porrúa de Chapultepec. En ambas fechas habrá un cuentacuentos y un video de Vinton Sarf, científico estadounidense, para invitar a niños y adultos a ser inventores.



