Chaz Bojórquez, pionero del graffiti, expone en Bellas Artes con su emblemático stencil
Chaz Bojórquez, pionero del graffiti, expone en Bellas Artes

Chaz Bojórquez, pionero del graffiti, expone en Bellas Artes con su emblemático stencil

La presentación de un stencil del artista chicano Chaz Bojórquez (1949) en el Palacio de Bellas Artes marca un hito significativo, abriendo nuevas posibilidades de lectura sobre las intersecciones entre el graffiti, el arte urbano y el arte contemporáneo institucional. Esta exposición, titulada "AztlÁn, túnel del tiempo", se puede visitar hasta agosto de 2026 y representa un diálogo cultural profundo entre México y las comunidades chicanas de Estados Unidos.

Un encuentro que definió su camino

En una entrevista exclusiva, Bojórquez relató un momento crucial de su adolescencia: "Marcel Duchamp y yo nos sentamos juntos, hablamos un rato y le pregunté ¿cómo se llega a ser artista? Es muy difícil querer ser artista, abrirse camino, convertirlo en una profesión. Se rió de mí y me dijo: 'Simplemente hazlo'. Y siempre lo recuerdo". Este encuentro ocurrió cuando el artista tenía apenas 14 años y asistía a clases de escultura en un museo de Pasadena, California, donde Duchamp exponía por primera vez en Los Ángeles.

Esa experiencia, junto con su posterior descubrimiento de Andy Warhol, lo llevó a una revelación fundamental: "Si eso podía ser arte, entonces todo podía ser arte, especialmente el graffiti, algo que yo aprecio y disfruto porque es Chicano: no anglo, no mexicano, algo para nosotros en L.A", reflexiona el creador de 'Señor Suerte' (1969), cuya icónica calavera con sombrero ahora se exhibe en Bellas Artes.

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Los orígenes técnicos en Tijuana

Antes de que el graffiti adquiriera matices artísticos reconocidos, Bojórquez ya experimentaba con stencils en la costa oeste de Estados Unidos. Su inspiración técnica surgió de una fuente inesperada: "En las paredes de Tijuana había plantillas del PRI o del PAN (de un solo color o de tres colores) y recuerdo haber pensado que era una forma rápida de poner un cartel de forma barata", explica el artista, quien pasaba veranos con sus abuelos en la frontera durante su infancia.

Con esta técnica aprendida observando la propaganda política mexicana, Bojórquez desarrolló su estilo único: "Compré un trozo de papel y luego un trozo de plástico e hice a mi Señor Suerte, fui uno de los primeros, antes que Blek le Rat y Banksy". Sobre aquellos primeros años, afirma con convicción: "No había nadie. Solo había pandilleros que hacían graffiti. No había arte del graffiti. Yo fui el primero. Empecé en 1969. Llevo 57 años en esto".

La evolución del graffiti y su apreciación

Al reflexionar sobre el estado actual del graffiti, Bojórquez ofrece una perspectiva matizada: "Tiene lo bueno y lo malo. Aprecio el graffiti, ya sabes. Quizá la sociedad no lo aprecia porque todo el mundo está pintando graffiti en las calles, pero yo veo el color, veo la identidad, lo veo como algo bello". Para el artista, la apreciación requiere un conocimiento profundo: "Hay que estar metido en el asunto para apreciarlo. Si no, es algo rebelde, un 'travieso business'. Probablemente soy un rebelde también".

Su trayectoria no estuvo exenta de desafíos. Bojórquez recuerda: "No era mi intención ser una influencia, pero peleé por mi espacio en la pared. Sabía que lo que hacía era arte, aún cuando los curadores y museos me decían que no lo pondrían en su pared". No fue hasta casi los 40 años que montó su primera exposición, pues "no creía que mi trabajo fuera lo suficientemente bueno".

"AztlÁn, túnel del tiempo": un panorama chicanx

La exposición que acoge el stencil de Bojórquez inauguró en medio de un ambiente vibrante, con "un mar de calvos tatuados y cholas trajeados en sus mejores galas", según describe la crónica del evento. La muestra se organiza en cuatro secciones que despliegan:

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  • Escultura y dibujo
  • Grabado e instalación
  • Fotografía y video
  • Obras de más de 30 artistas chicanxs

Entre los creadores participantes se encuentran Guadalupe Rosales, Gaby Ruiz, Rafa Esparza, el colectivo ASCO y 3B Collective. La curaduría estuvo a cargo de Rubén Ortiz-Torres, Jesse Lerner y Joshua Sánchez, con asesoría de Rita González, enfocándose en el desarrollo del arte chicano desde sus orígenes hasta la actualidad, con énfasis en las prácticas situadas en Los Ángeles.

Significado institucional y cultural

Durante la apertura oficial, la directora general del INBAL, Alejandra de la Paz, destacó la importancia del momento: "Se trata de un momento muy significativo en la historia del recinto y en el diálogo cultural entre México y las comunidades chicanas de los Estados Unidos, particularmente de Los Ángeles". Añadió que "el arte chicano se ha articulado desde sus orígenes en torno a posicionar movimientos políticos claros y prácticas colectivas con profundo impacto social".

Por su parte, Mauricio Maillé, director del Museo del Palacio de Bellas Artes, declaró: "Este proyecto es un ajuste de cuentas con una comunidad mexicana, que desde hace muchos años ha construido memoria en los Estados Unidos, una memoria que nos pertenece". Subrayó que al abrir sus puertas a esta revisión, "el museo no solo incorpora nuevas voces a su programación, sino que asume la responsabilidad de escuchar y difundir relatos que durante largo tiempo permanecieron al margen de recintos institucionales".

La exposición se complementa con una serie de conversatorios y actividades educativas que profundizan en los temas abordados. La muestra representa no solo un reconocimiento a la trayectoria de pioneros como Chaz Bojórquez, sino también una validación institucional del arte chicano como forma de expresión cultural legítima y poderosa.