En medio de narrativas audiovisuales que históricamente han abordado el aborto desde el dolor, la culpa o el conflicto, Alex propone algo distinto: contar una historia atravesada por la empatía, el cuidado y la posibilidad de acompañar desde el amor. El cortometraje, dirigido por Natalia Bermúdez y respaldado por organizaciones de MX Marea Verde, formará parte del programa Maguey en la 41ª edición del Festival Internacional de Cine en Guadalajara (FICG), consolidándose como una de las propuestas más sensibles y necesarias dentro del encuentro cinematográfico.
Durante una conversación con La Crónica de Hoy, la directora Natalia Bermúdez, Sofía Garduño —directora de Balance, una de las organizaciones que conforman MX Marea Verde— y la productora Gabriela Loaria compartieron el origen del proyecto y la necesidad de construir nuevas representaciones sobre el aborto en el cine mexicano.
Una historia que busca romper con el estigma desde la ficción
Aunque Alex parte de un tema profundamente político y social, sus creadoras insisten en que el cortometraje no busca centrarse únicamente en el aborto como conflicto narrativo. La intención es mucho más amplia: mostrar experiencias posibles donde el acompañamiento y el afecto ocupen el centro de la historia.
Natalia Bermúdez explicó que el proyecto nació originalmente desde MX Marea Verde, organización que impulsó la idea de crear una serie de seis cortometrajes enfocados en distintas experiencias relacionadas con el aborto. “La idea era traer a la pantalla historias que están en el contexto del aborto, pero que no centran su conflicto en el aborto”, señaló la directora. “Queríamos retratarlas desde contextos muchísimo más luminosos y alejarlas del estigma, la culpa y esa oscuridad con la que normalmente se representan”.
El guion de Alex, escrito por Luna Marán, fue el primero en desarrollarse dentro de esta iniciativa colectiva. Para Bermúdez, asumir la dirección del proyecto también representó un reto creativo importante. “Me parecía una idea genial poder dirigir algo desde un lugar mucho más luminoso y cercano a la comedia”, comentó. “Aunque claro que hay una inquietud personal, la historia no nace directamente de mí, sino de una necesidad colectiva de mostrar otras formas posibles de vivir estos procesos”.
La directora considera que el cine tiene la capacidad de abrir conversaciones desde lugares emocionales mucho más cercanos que otros formatos. Y precisamente por eso era importante construir una narrativa donde las protagonistas pudieran sentirse acompañadas en lugar de castigadas por sus decisiones.
MX Marea Verde y la necesidad de contar otras historias
Desde MX Marea Verde, Alex también representa un esfuerzo por visibilizar la diversidad de experiencias que existen alrededor del aborto y desmontar la idea de que todas las historias deben estar marcadas por el sufrimiento.
Sofía Garduño explicó que el cortometraje surge directamente del trabajo de acompañamiento que distintas colectivas realizan día a día. “Nos hemos dado cuenta de que no hay una única forma de abortar ni un solo tipo de persona que aborta”, afirmó. Para la activista, el objetivo de proyectos como Alex es ampliar el imaginario colectivo sobre estos procesos y ofrecer nuevas representaciones dentro del cine mexicano.
“Queremos mostrar la diversidad de historias que hemos encontrado acompañando decisiones de abortar”, explicó. “Existen procesos dolorosos y difíciles, claro, pero también existen historias amorosas, cuidadas y acompañadas, y hacia allá queremos caminar”.
La apuesta del cortometraje consiste precisamente en colocar imágenes y emociones sobre esas otras experiencias que pocas veces llegan a la pantalla. En lugar de enfocarse únicamente en el trauma o la violencia, la historia propone una mirada donde el afecto y la solidaridad funcionan como herramientas de resistencia.
“Queríamos poner voz e imágenes a esas historias que también existen y que muchas veces quedan invisibilizadas”, señaló Garduño. “Porque sí, hay abortos atravesados por miedo o tristeza, pero también hay procesos donde las personas se sienten sostenidas y acompañadas”.
Esa dimensión política y emocional convierte a Alex en una propuesta particularmente relevante dentro del programa Maguey del FICG, un espacio históricamente enfocado en proyectos que exploran identidades, disidencias y nuevas formas de representación dentro del cine contemporáneo.
Una producción construida desde la empatía colectiva
En términos de producción, levantar un proyecto con estas características implicó construir un equipo alineado emocional y políticamente con la historia que querían contar. Para Gabriela Loaria, una de las claves fue integrar a mujeres en las distintas cabezas de área del proyecto.
“Eso nos hizo el 80 por ciento de la chamba en términos de empatía hacia el proyecto”, recordó la productora. “Muchas reaccionaban diciendo: ‘qué bueno que esto existe, qué necesario’”.
Loaria explicó que, lejos de enfrentar grandes obstáculos, el proyecto encontró rápidamente personas interesadas en sumarse desde una convicción compartida. La empatía colectiva terminó convirtiéndose en una de las principales fortalezas de la producción.
“Todas se espejeaban en historias personales o cercanas y eso hizo que el equipo se comprometiera muchísimo”, comentó. “No lo sentí como un proyecto complicado de levantar, sino como un espacio donde muchas personas querían participar porque entendían la importancia de estas narrativas”.
El resultado es un cortometraje que apuesta por mostrar el aborto desde un ángulo poco explorado en el audiovisual mexicano: el del acompañamiento amoroso y la posibilidad de construir redes de apoyo en contextos que históricamente han estado marcados por el silencio.
Para Natalia Bermúdez, ese cambio de perspectiva resulta fundamental en un momento donde las conversaciones sobre derechos reproductivos continúan generando tensiones sociales y políticas.
Más allá de dar respuestas definitivas, Alex busca abrir una puerta hacia otras formas de representación y recordarle al espectador que las historias también pueden contarse desde la ternura, el cuidado y la empatía.
Con su estreno dentro del programa Maguey del Festival Internacional de Cine en Guadalajara, el cortometraje se suma a una nueva generación de proyectos cinematográficos mexicanos que entienden el cine no sólo como entretenimiento, sino también como un espacio para imaginar realidades más humanas y acompañadas.



