Hay películas que nacen desde la necesidad de contar una historia y otras que parecen surgir desde una herida abierta. Lo Que Nos Van Dejando, el nuevo largometraje de Issa García Ascot, pertenece a esta segunda categoría. La cineasta mexicana presentará su película dentro de la Selección Oficial del Festival Internacional de Cine en Guadalajara (FICG) 2026, donde competirá tanto por el Premio Mezcal como por el Premio Maguey, consolidándose como una de las propuestas más personales e intensas de esta edición.
Una película que convierte el trauma en experiencia cinematográfica
Para Issa García, llegar al FICG representa una mezcla de emoción y vulnerabilidad. "Significa muchos nervios, pero también mucho gusto que finalmente la película salga a la luz y la pueda ver la gente", confesó la directora. La película encuentra en la selva un espacio simbólico donde la memoria y el cuerpo dialogan constantemente. Sara, la protagonista, atraviesa un proceso emocional donde el pasado emerge de manera fragmentada, casi como un rompecabezas construido desde sensaciones, imágenes y emociones retenidas.
"La relación con el trauma tiene mucho de eso, de una cosa sensorial que se va manifestando por pedazos", explicó García. "La selva para mí era importante porque es un espacio que satura tus sentidos desde lo visual, lo auditivo y la humedad. Es un espacio que te penetra de alguna forma y eso ayuda a que esas vivencias salgan a la luz". Aunque la directora aclara que la historia no responde únicamente a una experiencia autobiográfica, sí reconoce que el proyecto nace de convivencias cercanas con mujeres que han atravesado procesos similares. "Es una historia que habla de muchísimas mujeres que conozco y que he conocido en el último periodo de mi vida", señaló. "El cuerpo recuerda y guarda imágenes y emociones. Ese trayecto de pasar de la ceguera a la claridad y eventualmente a la liberación me parecía profundamente cinematográfico".
La memoria del cuerpo y una puesta en escena profundamente sensorial
Uno de los elementos más destacados de Lo Que Nos Van Dejando es su aproximación sensorial a la memoria. La película evita explicaciones directas y apuesta por construir emociones desde la experiencia física y emocional de la protagonista. Issa García explicó que el trabajo con la actriz Natalia fue fundamental para alcanzar ese nivel de intimidad. "Nos abrazamos desde un principio porque sabíamos que íbamos a tener que hacer un viaje personal muy intenso", recordó la directora. "Hablamos mucho de nuestras vidas, de nuestros dolores y alegrías. Fuimos muy cómplices durante todo el proceso".
La filmación, realizada en un entorno aislado dentro de la selva, terminó fortaleciendo todavía más esa conexión emocional. García asegura que el propio espacio transformó la película durante el rodaje. "La película se fue manifestando mientras la hacíamos", explicó. "Había imágenes y elementos que surgían estando ya en la selva junto con Selva Tulian, la diseñadora de producción, quien fue clave para crear este universo emocional". El montaje y la música jugaron un papel esencial para construir el ritmo narrativo. La directora trabajó junto a la editora Liora y el músico Esteban para encontrar momentos de ruptura emocional que permitieran que la experiencia interna de Sara emergiera con mayor fuerza. "Entre los tres encontramos estas pequeñas rupturas en el tiempo narrativo para que las emociones pudieran manifestarse", explicó.
Un viaje íntimo sobre identidad, dolor y transformación
Aunque Issa García ya había sido reconocida previamente en Guadalajara con el cortometraje Cómo es Él, la directora considera que Lo Que Nos Van Dejando representa una evolución mucho más profunda y personal dentro de su carrera. "Siento que este nuevo largometraje es parte de un proceso personal de descubrimiento", confesó. "En 'Cómo es Él' había una aproximación más juvenil e inocente a ciertos conflictos emocionales. Aquí el clavado es mucho más íntimo". La directora también destacó cómo sus estudios de actuación terminaron influyendo directamente en la forma en que dirigió a sus actores, buscando interpretaciones emocionalmente honestas. Esa honestidad sostiene una película que se mueve entre el dolor, el deseo de sanar y la posibilidad de reconstruirse desde las propias heridas. Para Issa, el cine tiene la capacidad de confrontar al espectador con aquello que normalmente evita mirar. "Lo que más miedo nos da enfrentar muchas veces es justamente la puerta al cambio y a la liberación", afirmó.
Con su paso por el Festival Internacional de Cine en Guadalajara 2026, la película se perfila como una de las propuestas mexicanas más sensibles y personales del circuito independiente reciente. A través de la selva, la memoria corporal y los vínculos afectivos, Issa García construye una obra que transforma el trauma en una experiencia profundamente humana y cinematográfica.



