Centenario de Julio Scherer García: Memorias de un Periodista Íntegro y su Legado en Proceso
Centenario de Julio Scherer García: Legado Periodístico y Memorias

Centenario de Julio Scherer García: Un Retrato Íntimo de un Periodista Legendario

Imágenes, sensaciones y una nostalgia risueña dan forma al retrato que María Scherer pinta de su padre, Julio Scherer García, un recordatorio de su obstinado amor por la vida y el periodismo, que aquí recordamos con motivo del centenario de su nacimiento y los 50 años de la revista Proceso. En sus libros están las respuestas, como él mismo solía decir, y en estas páginas, su hija nos invita a escudriñar en la cabeza de un hombre que definió el periodismo mexicano del siglo XX.

El Inicio de una Carrera Espectacular

"Para María, mi terco amor", escribió Julio Scherer García en la página en blanco de un ejemplar de La terca memoria. María Scherer Ibarra inicia esta relectura con la misma sensación que la invadió cuando su padre le confió las hojas escritas a máquina antes de entregarlas a su editor: siente que escudriña en la cabeza de su padre. Lee sus frases como si lo tuviera enfrente, recordando sus palabras: "Tengo la certeza de que no hay hombre más libre que el reportero. Los acontecimientos los hace suyos y en esa medida le pertenecen".

Algo similar le dijo cuando decidió ser periodista, pese a sus reservas iniciales. Scherer no quería que su hija fuera reportera para protegerla de los horrores que él había encontrado en sus viajes, pero finalmente se hizo a la idea y le enseñó casi todo lo que sabe. De niña, se le erizó la piel cuando describió el frío ruso de invierno y quedó boquiabierta al saber que le costó pronunciar palabra frente a John F. Kennedy y su esposa, Jacqueline. Quiso ser periodista para comerse el mundo y ser tan libre como él.

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La Evolución de un Reportero Incansable

Julio Scherer nunca se cansó de ser reportero. En sus libros, hurgó en sus propios recuerdos, con una obstinada memoria que nunca soltó los hechos ni a los protagonistas trascendentales en su historia personal y en la de México. Adoptó la frase de Daniel Cosío Villegas: "No tengo más biografía que los libros que he escrito", para esquivar entrevistas sobre su vida, pero en sus páginas vertió pasajes esenciales de su vida profesional y personal, sin orden cronológico, solo guiado por lo que su cabeza dictaba a los dedos sobre las teclas de su Olivetti.

En mayo de 2024, salió de la imprenta Periodismo para la historia, una antología de su obra temprana reunida por Rogelio Flores Morales y editada por Grijalbo, con textos publicados en La Extra y Excélsior entre 1947 y 2015. Diego Enrique Osorno destacó el placer de "descubrir a Julio Scherer antes de ser Julio Scherer". Su evolución comenzó a finales de los 40, cuando tomaba clases de Filosofía y conoció a Susana Ibarra, su futura esposa y madre de María, quien contribuyó significativamente a su transformación.

Ética y Técnica en el Periodismo

Scherer se inscribió en la UNAM para ser abogado, pero un profesor le advirtió que en México, con frecuencia, el derecho niega la justicia. Esta lección lo marcó, y desarrolló sus propias ideas sobre un sistema judicial pervertido. Su padre, Pablo Scherer, al ver que había descartado los estudios, lo llevó a Excélsior, donde empezó su carrera con una nota en La Extra, aviso de una espléndida trayectoria de más de 50 años.

Su estilo fue lustrado por sus lecturas y por entrevistados como María Félix, Diego Rivera y Alfonso Reyes. Aprendió de Carlos Denegri, pero se distanció cuando su conducta se tornó inescrupulosa. En Excélsior, Scherer fue reconocido como la antítesis del periodista tentado por el poder, solidificando una ética y técnica periodística que lo llevaron a explorar América Latina, Washington, Europa, Asia y África.

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Los Amores y Desafíos de una Vida Dedicada al Periodismo

Entre sus compañeros entrañables estuvieron Vicente Leñero y Enrique Maza, a quienes llamaba "patrimonio de mi alma". En su libro Vivir, Scherer se autoexplora con profundidad, narrando episodios íntimos como sus trucos para sosegar su autoestima en la natación o la pérdida de su anillo de casado. De sus éxitos, el más difundido fue la entrevista con Ismael el Mayo Zambada en 2010, pero también contó descalabros, como volver de Rusia con la libreta en blanco tras intentar entrevistar a Nikita Jrushchov.

Scherer reveló episodios que pudieron poner en duda su honra, como el dictador guatemalteco José Miguel Ydígoras Fuentes acusando a un periodista mexicano de corrupto, o los regalos de Carlos Hank González a su familia. A pesar de esto, su vida es testimonio de humanidad y generosidad. Protegió a sus seres queridos y compañeros, como a Elena Guerra, su secretaria, elegida por su serenidad.

El Legado de Proceso y los Últimos Años

Entre sus tercios amores no puede omitirse Proceso, su razón de ser. Fundada en 1976, tras ser despojado de la dirección de Excélsior, la revista fue tachada de catastrofista por informar con puntualidad del México que se iba de las manos. En 1996, Scherer dejó la dirección para dar paso a la siguiente generación, pero siguió como reportero y escritor, produciendo 15 libros más desde su estudio, donde destacaban una estatua de Lázaro Cárdenas y fotos familiares.

Sus últimos años fueron de lucidez pero también de dolores, como premonitoriamente le contó Octavio Paz. Aun así, siguió apareciéndose en Proceso hasta poco antes de su muerte en 2015. Su último artículo, dedicado a Vicente Leñero, se publicó en diciembre de 2014. No temía a la muerte, pero le daba tristeza despedirse de sus seres queridos. Su legado perdura en sus palabras, entrevistas y reportajes, tragaluces que conducen al corazón, alma y mente de un periodista íntegro e irremplazable.