El aroma de la manzana: un encuentro que desafió las órdenes de Scherer
Con el rostro descompuesto y una voz que retumbaba como un trueno, Julio Scherer increpó al periodista por romper sus instrucciones al buscar una foto de Gabriel García Márquez en un día glorioso para el escritor colombiano. Este relato, aunque las fechas exactas se han desvanecido con el tiempo, permanece vívido en la memoria de quienes vivieron aquellos momentos en la redacción de Proceso.
Una mañana de instrucciones claras y desobediencias inevitables
Ese jueves, la orden fue precisa y directa: "Al Gabo no lo moleste hoy, si lo encuentra no mencione a Proceso". Sin embargo, el destino tenía otros planes. Una hora después, mientras paseaba por la oficina, el periodista escuchó a Elena Guerra atender una llamada telefónica. Apresurada, se dirigió al director: "Don Julio, es el Gabo". Scherer exclamó con alegría: "¡Hermano estamos muy contentos!… disfruta tu día… ¿Dónde?, ¿en el Presidente?, con el embajador".
Sin pensarlo dos veces, el reportero salió con su cámara hacia el hotel. En el lobby, se encontró con un personaje que llevaba el libro El coronel no tiene quien le escriba. Este individuo comentó: "Escuché por la radio la nominación de García Márquez al Nobel". Al abordar al escritor para pedirle que firmara el periódico, la respuesta fue contundente: "Cómo en un periódico, consigue un libro y nos vemos en el lobby".
El momento crucial: una agresión y una revelación sorprendente
La mañana se hizo interminable hasta que, por fin, apareció el escritor, dedicando el único ejemplar disponible a un paciente lector. Al intentar ver la dedicatoria, el periodista fue agredido físicamente. Una voz gritó: "¡A Gabriel no se le molesta!". Alterado, el reportero exclamó: "¡Me vuelves a tocar y te parto la madre, vengo de Proceso!".
García Márquez, sorprendido, preguntó: "¿Qué pasó?" y añadió: "oye, dile a Julio que no me chingue, también soy Proceso". Con firmeza, el periodista respondió: "Don Gabriel, no le puedo comentar nada a don Julio, porque me prohibió mencionar al medio". El escritor pidió esperar, terminó de firmar el libro, y tomando al reportero del hombro, dijo: "Acompáñame".
Mientras bajaban, Gabo sacó una manzana de la bolsa de su saco y pidió: "Tómame una foto con la manzana que me regaló mi amigo, el embajador de Colombia". Tras el clic, guardó la manzana, abordó la camioneta y, por la ventanilla, gritó: "Saludos a Julio".
El enfrentamiento con Scherer: orgullo y reconciliación
Sabía que no era el mejor momento para llevar ese saludo amistoso. Esa noche, durante la junta editorial, Vicente Leñero lo miró fijamente y advirtió: "Julio está muy encabronado contigo". Agobiado, el periodista caminó hacia el ventanal, preguntándose cómo explicar esa experiencia extraordinaria.
Al dirigirse a la entrada de Fresas 13 para enfrentar su realidad, escuchó la voz del director. Scherer avanzaba como un ferrocarril acelerado, con un brillo agresivo en los ojos, el rostro descompuesto y una voz estremecedora. Acusó: "El director dio una orden y la desobedeció". El reportero, opacado, admitió: "Sí, no tuve alternativa, me estaban agrediendo, por eso mencioné al medio".
Scherer no detuvo su paso, atravesándolo como un fantasma. Sintiendo que era su última oportunidad, el periodista declaró: "Don Julio, usted olvida algo". Scherer, deteniéndose, increpó: "¿Qué puede olvidar el director?". La respuesta fue contundente: "Usted olvida que yo también soy Proceso".
Desconcertado, Scherer lo miró y dijo: "Mandémonos a chingar a nuestras madrecitas y démonos un abrazo don Juan. Dígame, ¿qué sintió cuando Gabo dijo que él también era Proceso?". Con orgullo, el reportero respondió: "Orgullo, don Julio, orgullo".



