Bad Bunny hace historia en el Súper Tazón con show completamente en español
"Ahora todos quieren ser latino, pero les falta sazón, batería y reguetón", declaró Bad Bunny desde lo alto de un poste simulado con cables de alta tensión, rodeado de maleza que evocaba los pastizales puertorriqueños. El artista se presentaba ante un estadio abarrotado durante el espectáculo de medio tiempo del Súper Tazón, el evento deportivo-televisivo más importante de Estados Unidos, seguido por millones globalmente. Por primera vez en sus 60 ediciones, el show se desarrolló casi completamente en español, marcando un hito cultural sin precedentes.
La polarizada reacción política ante la latinización del evento
La ultraderecha estadounidense había emitido su veredicto meses antes, cuando se anunció la participación del artista boricua. Consideraron su presencia como una afrenta a la esencia estadounidense tradicional, asociada con la blanquitud protestante. Donald Trump calificó el espectáculo como "atroz", posición que compartieron cientos de voces afines a su movimiento político MAGA. En contraste, medios y comentaristas liberales celebraron la presentación como la más alegre y festiva en la historia del espacio, interpretándola como una celebración del multiculturalismo que enriquece a Estados Unidos.
La recepción mexicana y el triunfo simbólico latinoamericano
La audiencia mexicana no permaneció inmune al encanto de Benito Antonio Martínez Ocasio, nombre de pila del cantante. Las redes sociodigitales se inundaron de halagos y comentarios que celebraban su representación de la latinidad y su recordatorio de que América es un continente que trasciende las fronteras estadounidenses, incluyendo las naciones caribeñas. Incluso el comentarista mexicoamericano de ESPN en español, John Sutcliffe, confesó haberse emocionado hasta las lágrimas, exclamando frente a cámara: "¡viva Bad Bunny!".
Los claroscuros detrás del fenómeno Bad Bunny
Ante esta sensación de triunfo simbólico, es necesario examinar los aspectos problemáticos del artista y su performance. Martínez Ocasio saltó a la fama a finales de la década pasada, irrumpiendo con fuerza en el género "urbano" que domina los registros de popularidad en América Latina y mundialmente. Este género, con el reguetón como su expresión reinante, tiene profundas raíces en los estratos más oprimidos del Caribe y América Latina, ofreciendo un ritmo contagioso que invita al goce corporal. Sin embargo, como muchas expresiones musicales, reproduce y enaltece estereotipos, actitudes y mandatos de género que pueden describirse como tóxicos.
La masculinidad híbrida: desafío estético sin ruptura estructural
La imagen pública de Bad Bunny presenta a un varón sensible a problemáticas sociales, desafiante de normas convencionales sobre género y sexualidad. Aparece caracterizado como mujer en videos, usa faldas o vestidos en apariciones públicas, y desdeña el matrimonio como institución opresora en sus canciones. Todo esto desafía el orden de género cis-heteronormativo que prevalece en Latinoamérica. No obstante, sus letras y obra mantienen conceptos naturalizados sobre la masculinidad que sostienen precisamente ese orden de género desigual contra el que aparentemente se rebela.
La imagen disidente de Benito se centra principalmente en la estética y la apariencia varonil tradicional, subvirtiéndola de manera individual. Pero mientras proyecta novedad, como un caballo de Troya, en su interior permanecen aspectos invisibles de la masculinidad hegemónica que siguen articulando la opresión de múltiples grupos y jerarquizando formas diversas de ser varón. La literatura especializada ha denominado a este fenómeno "masculinidad híbrida", donde se toman prestados elementos estéticos de colectivos históricamente oprimidos por la masculinidad hegemónica para distanciarse discursivamente de ella sin desarticularla estructuralmente.
Ejemplos concretos de las contradicciones en la obra de Bad Bunny
Hipersexualidad naturalizada: La hipersexualidad sigue siendo un elemento fundante de la masculinidad más hegemónica. Benito relata tener novias desde el kínder repartidas por toda Hispanoamérica, no porque elija no relacionarse a través del modelo tradicional de amor monógamo y heterosexual, sino porque "no puede" enamorarse, presentando esta condición como natural e inalterable.
Competitividad y control centralizados: El artista boricua reconoce y valida en su música el deseo sexual de las mujeres, favoreciendo aparentemente su emancipación. Sin embargo, deja claro que sabe bien lo que ellas quieren: un "bicho cabrón" como el suyo. El valor en la jerarquía del intercambio heterosexual reside en el falo y el desempeño sexual masculino como protagonista. Así, el más "cabrón" se queda con las mujeres, mientras otros ocupan posiciones subalternas en la jerarquía masculina.
Los límites de la representación cultural frente a realidades sociales
Mientras Bad Bunny hacía perrear a millones durante el Súter Tazón, muchas personas permanecían en centros de detención estadounidenses debido a su estatus migratorio, miles eran deportadas, y otras continuaban siendo explotadas por maquinarias al servicio del capital. Tampoco puede olvidarse el "sazón" latinoamericano que mantiene a la región como la más peligrosa para las mujeres según la CEPAL, y también para muchos hombres.
Como dijo el propio Benito, "seguimos aquí", dando la batalla por el reconocimiento y respeto de los pueblos latinoamericanos. Y también por visibilizar las múltiples formas en que debemos continuar desmontando la visión machista, sexista y misógina con la que se ha construido la masculinidad en nuestra región. La representación cultural, aunque relevante, tiene límites frente a las urgentes transformaciones sociales que aún requieren atención y acción colectiva.