Raphael regresa triunfal al Auditorio Nacional tras superar su linfoma cerebral
Una multitud de diez mil seguidores se congregó esta noche en el icónico Auditorio Nacional para celebrar el esperado reencuentro con Raphael, el Divo de Linares, quien retornó a los escenarios tras una pausa necesaria para tratarse un linfoma cerebral. La gira Raphaelísimo inició con una ovación estruendosa que duró un minuto completo, mientras el artista aparecía en el escenario, visiblemente más delgado pero con su característica sonrisa pícara y agradecida.
Un espectáculo cargado de emoción y clásicos inolvidables
Desde el primer momento, Raphael cautivó al público con su inconfundible estilo. Sin necesidad de saludos formales, lanzó éxitos como Yo sigo siendo aquel, Cierro mis ojos y Digan lo que digan, demostrando que su conexión con los mexicanos permanece intacta. Apenas quince minutos después, Mi gran noche provocó que el respetable se pusiera de pie nuevamente, coreando cada verso con fervor.
La velada continuó con un repertorio que incluyó baladas como Amo, Si no estuvieras tú, Tema de amor y Los hombres lloran también. En esta última, El Divo de Linares tomó una silla y se sentó, entregándose a la emoción del momento y, como dice la canción, permitiéndose llorar junto a su audiencia.
Homenaje a la chanson française y momentos de nostalgia
El concierto también rindió tributo a su más reciente trabajo discográfico, Ayer… aún, un homenaje a la chanson française. Interpretó temas como Padam Padam, La Vie en Rose e Hymne a L’amour, además de incluir el tango Malena. Los asistentes, en su mayoría de generaciones que han seguido su carrera por décadas, prefirieron guardar los recuerdos en su mente antes que grabar con celulares, creando una atmósfera íntima y respetuosa.
Canciones como Amor mío y Cuando tú no estás resonaron con la potencia de su voz de barítono, acompañadas por las diez mil gargantas que coreaban cada palabra. El valsecito peruano Que nadie sepa mi sufrir, popularizado internacionalmente por Edith Piaf, llegó con la elegancia y el movimiento andaluz que caracterizan a Raphael.
Gratitud hacia México y un final apoteósico
En un momento conmovedor, el artista agradeció a México por haberlo acompañado desde los inicios de su trayectoria, dando paso a interpretaciones como La llorona. El encore incluyó Ámame, seguido de regresos al escenario con la energía de su juventud para ofrecer En carne viva y el himno Qué sabe nadie.
La recta final estuvo marcada por temas como Yo soy aquel, Escándalo y Como yo te amo, cerrando una noche donde Raphael demostró, una vez más, su teatralidad única y su capacidad para conmover. Como él mismo canta, nadie nos amará como él lo hace, ya sea en la alegría o en el llanto, consolidando su legado como una leyenda viva de la música.



