El actor mexicano Diego Calva llegó a su encuentro sin la parafernalia que rodea a las estrellas en Cannes. Hay algo cercano en él, incluso en medio del vértigo del Festival, donde este año presenta dos películas: Club kid, de Jordan Firstman, y Her private hell, la nueva cinta de Nicolas Winding Refn. La entrevista ocurrió en un café en una calle tranquila.
Un camino inesperado
Diego se convirtió en uno de los actores mexicanos más visibles del cine internacional sin perder cierta sensación de asombro, dejando ver que entiende el arte como refugio. “Yo no quería ser actor cuando era niño”, contó al inicio de la conversación. “Yo quería ser director. Sí sabía que me quería dedicar al cine, pero detrás de cámaras”, aseguró.
Esa inquietud terminó definiendo también la manera en la que ha construido su carrera porque más que aceptar proyectos aislados, intentó que todos dialogaran entre sí, como si estuviera armando una película mucho más grande sobre sí mismo. “Uno también tiene que contar su propia peli. Mientras estoy al frente de la cámara, intento que mis películas cuenten una historia. Espero que cuando haga mi última película pueda haber una conexión entre Te prometo anarquía, Her private hell y todo lo demás”, comenta.
De México a Hollywood
Esa claridad lo ha acompañado desde el cine independiente mexicano hasta Hollywood. En pocos años pasó de trabajar con Julio Hernández Cordón a compartir pantalla con Margot Robbie y Brad Pitt en Babylon, una película que, según reconoció, terminó por colocarlo en el mapa internacional de otra manera. “Soy muy consciente de que soy muy afortunado. Hace 20 años era imposible pensar en un mexicano al lado de Margot Robbie o Brad Pitt como protagonista”, reflexionó.
La conversación llegó a Hollywood. A la industria que por décadas relegó a los actores latinos a personajes estereotipados o secundarios. Calva reconoció que algo cambió. “Hollywood invitó a todos haciendo check: asiáticos, latinos, comunidad LGBT, después se dio cuenta de algo: siempre hemos estado ahí”.
El cine en su adolescencia
En medio de esa reflexión, el actor mexicano lanzó una idea interesante sobre el cine. “No tiene 600 años, no tiene ni 200. Creo que el cine está llegando al final de su adolescencia. Es más consciente, más abierto, más seguro”. También habló de la responsabilidad sobre los personajes que acepta. “No quiero papeles donde se burlen de mi nacionalidad o donde nos traten diferente. Ya no va de eso”.
Diego Calva se presenta en Cannes como un artista que, desde la cercanía y la reflexión, construye una carrera que trasciende fronteras y estereotipos, demostrando que el arte puede ser un refugio y un vehículo de cambio.



