De fantasmas, ánimas y aparecidos: la evolución de las creencias populares
Fantasmas y ánimas: cómo han cambiado las creencias populares

De fantasmas, ánimas y aparecidos: un viaje nostálgico por las creencias populares

En la infancia del autor, las apariciones de vidas pasadas eran una moda extendida, donde cualquier casa respetable contaba con un grupo de ánimas encargadas. La Iglesia católica, por su parte, mantenía las ánimas del purgatorio, objeto de oraciones fervientes para liberarlas de ese lugar terrible. La nana del autor mencionaba una promesa de la Virgen: sacar los sábados a las ánimas del purgatorio, aunque con la peculiaridad de devolverlas, un detalle que no coincidía con las enseñanzas oficiales.

Devociones familiares y misterios sin resolver

En la casa de los abuelos maternos, se practicaba la devoción de rezarle al alma del abuelo de Trinidacita cada vez que se perdía un objeto. Esta tradición persiste en muchas familias, pero el misterio de quién era Trinidacita o su abuelo sigue sin aclararse. Si Trinidacita existió, es lógico que tuviera un abuelo, pero su identidad permanece en la sombra de la historia familiar.

La transformación de los espantos en la cultura juvenil

Hoy en día, los jóvenes prefieren otros tipos de espantos, como las momias de diversos sitios o el desfile de muertos popularizado por James Bond, que ahora domina los festejos. En contraste, en el pasado, algunos amigos buscaban ánimas que aparecieran en medio de fogatas, basándose en la tradición de que esto indicaba la presencia de un tesoro. En la Guadalajara antigua, era común hablar de tesoros enterrados, aunque el autor, a pesar de su afición por visitar panteones tradicionales con atmósferas tenebrosas, nunca encontró ninguno.

Historias de ánimas y coincidencias inexplicables

Una anécdota destacada ocurrió en casa de la bisabuela del autor, quien vivía con su hija, la tía Lola, y tenía una vecina llamada doña Balbinita. Tras la muerte de ambas, mucho tiempo después, las tías se encontraron con el sobrino de doña Balbinita. En la conversación, él comentó que en casa de su tía sabían que eran las siete de la tarde porque se escuchaba el ruido de un molinillo para hacer chocolate, proveniente de la casa de la bisabuela. Curiosamente, en casa de la tía Lola, juraban que a esa hora doña Balbinita siempre preparaba su chocolate, aunque ninguna de las familias lo hacía realmente. Esto sugiere que solo las ánimas juguetonas del vecindario podrían haber sido responsables, reflejando cómo cada casa tenía historias similares de fenómenos inexplicables.

En la actualidad, el autor conserva una pintura de un ánima sola en el fuego del purgatorio, expiando sus pecados, con una mano en la cara. Un sobrino, con falta de devoción, preguntó si el ánima estaba hablando por teléfono, mostrando cómo las interpretaciones modernas pueden distorsionar las tradiciones antiguas. Este relato evoca una época donde las ánimas y fantasmas eran parte integral de la vida cotidiana, contrastando con las creencias actuales más influenciadas por la cultura pop.