El sueño de Silvia Zaragoza por jugar futbol se hizo realidad gracias a su madre. Sin ella, la exdelantera no tendría su nombre escrito en la hazaña de la Selección Mexicana Femenil que brindó la medalla de bronce en el Mundial de 1970.
El apoyo incondicional de Eustolia Herrera Rojas
No se trató solo del apoyo económico para solventar los entrenamientos de Silvia. Eustolia Herrera Rojas fue escudo de los regaños y del machismo de la época. La ilusión por ver a su hija cumplir un sueño pudo más que el miedo a los golpes. A escondidas del marido, permitió que Silvia fuera a la aventura en Italia.
"A mi papá no le gustaba el futbol, él desde un principio se negó a apoyarme, entonces él para nada quería oír que yo jugaba en la calle con los vecinos. Pero mi madre, con cariño y un gran respeto donde quiera que esté, que me escuche, me apoyó mucho. Recuerdo que, en la convocatoria del primer mundial, yo le pregunté a mi mamá: ‘¿Qué vamos a hacer si mi papá no quiere?’", relata en entrevista con Excélsior.
Pero doña Eustolia se la jugó. "Me dijo que me fuera a la casa de mis tíos, que le pidiera a mi tío que me firmara el permiso a nombre de mi padre. Mamá me daba para los camiones a escondidas".
El desafío del machismo
El temperamento de Emigdio Zaragoza Leyva cuestionó su ausencia, incluso por la reprimenda a los hijos con golpes. "Fui a la Italia a escondidas de mi papá, entonces mi mamá recibió todos los regaños, porque como diario me pegaba, yo tendría unos 16 o 17 años. Fue difícil. En primer lugar, en esa época yo luché mucho contra el machismo en casa. Lo más fuerte de irme al Mundial es que mi papá le dijo a mi mamá que se fuera olvidando de mí, porque esas cosas eran trata de blancas, que yo ya no iba a regresar al país por su culpa. Todo el Mundial se la pasó llorando por mí", comparte la exfutbolista.
Su vuelta a México, un recuerdo que atesora como oro. "Nos recibieron con euforia muy especial. Mi mamá lloraba de felicidad porque me decía que logré mi sueño. Increíblemente después mi papá ya creyó en mí desde que salimos en todos los periódicos y todo eso. Mi papá al final me pidió perdón".
La historia de amor maternal de Martha Coronado
De aquel combinado nacional también resalta la historia de amor maternal de Martha Coronado. Cada 10 de mayo, la exdefensa central no evita la añoranza. "Mi madre ayudaba con pasajes para el camión, no había metro. Una vez, de visita contra un equipo femenil de Toluca, le ganamos, nos dieron 100 pesitos. Al regresar, un 10 de mayo, llegué con mi mamá y se los regalé".
Martha Coronado jugó el Mundial en Italia 1970 a los 14 años. "Un abrazo a mi madre, cuando le di el dinero, le dije que la quería mucho, su nombre era María Enedina, pero de cariño yo le decía Nedy".



