De la cama del hospital a la cancha: la historia de superación de Manuel Mireles
En el vibrante barrio de Mezquitán, en Guadalajara, el futbol no es solo un juego; es el latido de la comunidad, el lenguaje de la niñez y la guía de las aspiraciones. Para Manuel Mireles Hernández, un tapatío de 39 años, ese latido estuvo a punto de cesar en 2020. Lo que inició como una fatiga inexplicable culminó en un diagnóstico devastador: enfermedad renal crónica, un revés que lo alejó de las canchas y lo confinó a una cama de hospital.
Una prórroga inesperada y un sueño mundialista
Sin embargo, el destino le ha concedido una segunda oportunidad. Manuel no solo ha retomado los botines que en un momento de desesperación arrojó a la basura, sino que se alista para representar a México en la Copa Mundial de Futbol para Trasplantados en Frankfurt, Alemania, del 13 al 19 de septiembre de 2026. "Es un sueño hecho realidad", expresa Manuel con una voz que combina el cansancio de innumerables batallas médicas y la emoción de un debutante. "Después de estar postrado, sometido a hemodiálisis y hospitalizaciones constantes, ahora estoy aquí para portar la camiseta de mi país. Es algo indescriptible".
El camino arduo hacia el trasplante
La travesía de Manuel refleja una crisis de salud pública que impacta con fuerza a Jalisco, uno de los estados con mayores índices de insuficiencia renal en México. Tras el diagnóstico, enfrentó tratamientos de diálisis ineficaces, seguidos de hemodiálisis y recaídas recurrentes que lo mantuvieron en un ciclo interminable de visitas hospitalarias. La búsqueda de un donante fue un laberinto emocional: sus padres no eran candidatos por problemas de salud, y sus hermanos, aunque dispuestos, no resultaron compatibles. "Fue un golpe brutal. Me sentía mal por mí y por ellos", rememora.
Ante la prolongada lista de espera en el sector público, la esperanza surgió de su esposa, quien tras 12 años de matrimonio se ofreció como donante. "Lloré de sorpresa. Ella fue compatible y me dio la vida el 27 de enero de 2025", relata Manuel. El proceso, extendido a dos años y medio por complicaciones pulmonares, finalmente culminó en éxito quirúrgico.
El Mundial para Trasplantados: más que un certamen deportivo
La Selección Nacional Mexicana de Futbol para Trasplantados, respaldada por la Asociación de Deportistas Trasplantados (AMEDET) y la World Transplant Games Federation (WTGF), es un testimonio de resiliencia y un llamado a la donación de órganos. Su objetivo es demostrar que un trasplante no limita la vida, sino que inaugura una nueva etapa de alto rendimiento. En esta edición, México hará historia al incluir mujeres en su plantilla absoluta, con Saraí Coria y Mariana Martell como pioneras.
Datos clave del Mundial:
- Edición: Segunda, tras la inaugural en Tours, Francia, en 2010.
- Sede 2026: Frankfurt, Alemania.
- Formato: Futbol 7, con 24 selecciones participantes.
- Plantilla mexicana: 16 jugadores, seleccionados entre 200 aspirantes.
- Costo por jugador: Entre 80,000 y 90,000 pesos, cubriendo vuelos, estancia y registros.
Un símbolo de renacimiento y un llamado a la acción
En sus momentos más oscuros, Manuel tiró sus zapatos de futbol a la basura, pero luego los rescató. "Son los mismos con los que quedé en la selección y voy a Alemania", afirma con orgullo. Este calzado simboliza el renacer de un equipo que, guiado por atletas como Javier Armenta, busca dejar huella en Alemania.
No obstante, el honor de representar a México viene acompañado de desafíos. Al ser la primera participación del país en este certamen, no hay apoyo gubernamental o deportivo. Manuel y sus compañeros deben costear los gastos de manera individual, lo que suma alrededor de 90,000 pesos por persona. Hace un llamado urgente a autoridades de Jalisco y patrocinadores privados para invertir en este mensaje de vida, que busca promover la donación de órganos y traer la copa a casa.
Manuel Mireles, el defensa central de Mezquitán, ya no observa el futbol desde la distancia de la enfermedad. Lo vive con la intensidad de quien valora cada instante en la cancha como un regalo de su esposa y un triunfo de la medicina. Su viaje a Frankfurt es la culminación de un milagro que inició con un "sí" en un hospital y que resonará con el himno nacional en Alemania, recordando al mundo que un trasplante no es el fin, sino el comienzo de una vida plena.



