La historia del aficionado que emigró por trabajo y encontró al amor de su vida con Cruz Azul
El futbol tiene esas conexiones inexplicables, como la de un hombre que por el azar terminó amando a un equipo de futbol. Óscar Ibarra dejó Jalisco hace 27 años con una maleta llena de ilusiones y la necesidad de encontrar una mejor oportunidad laboral en lo que entonces era conocido como el D.F. Lo que nunca imaginó es que, además de trabajo, su nueva ciudad también le regalaría el primer encuentro cara a cara con Cruz Azul, el equipo que había amado toda su vida a la distancia.
Un amor nacido frente al televisor
Su pasión por La Máquina nació frente al televisor, maravillado por las atajadas del histórico Miguel Marín. Durante años siguió cada partido desde Jalisco, imaginando cómo sería algún día entrar a un estadio y ver los colores celestes. Pero la oportunidad nunca había llegado, hasta que el destino le puso el futbol en una caminata por la colonia Noche Buena.
El primer encuentro
Ibarra todavía recuerda aquella tarde como si hubiera ocurrido ayer. Recién instalado en la ciudad, caminaba por las calles cercanas al estadio cuando notó el movimiento de aficionados y vendedores alrededor del inmueble. No lo pensó dos veces: estaba por iniciar un Cruz Azul contra Tecos. En 1999, el Cruz Azul jugaba de local toda la temporada en el estadio Ciudad de los Deportes, renombrado 'El Azul'.
“Mi recuerdo más bonito fue la primera vez que vine a un estadio, recién había llegado. Fue en el año de 1999, caminaba por estas calles cuando vi al estadio y a la gente, no dudé en comprar un boleto y entrar, iba solo”, recuerda en charla con Excélsior.
El Ciudad de los Deportes es un estadio especial
Desde entonces, el estadio Ciudad de los Deportes se convirtió en un lugar especial para él. Ahí guarda la memoria de aquella primera vez en la que dejó de imaginar a Cruz Azul por televisión y pudo sentirlo en carne propia entre cánticos, humo y tribunas pintadas de azul.
Con los años, ha seguido a La Máquina en distintos inmuebles debido a las mudanzas del club, pero asegura que el apoyo de la afición convierte cualquier cancha en territorio cementero. “También en el estadio Azteca (Banorte) nos sentimos en casa, ahí sacamos el último título de liga. Coincido con Joel Huiqui, en el estadio que sea somos locales. Será muy bonito el partido del domingo. Cruz Azul volverá a ser campeón en CU como en la Concachampions”, añade.
A casi tres décadas de haber llegado a la capital, Óscar encontró estabilidad laboral y construyó una nueva vida. Pero cada vez que entra a un estadio para ver a Cruz Azul, vuelve a sentirse como aquel joven recién llegado que un día caminó por casualidad hacia el lugar donde cumpliría uno de sus mayores sueños. Esta vez acudió con dos de sus mejores amigos.



