El Regreso al Azteca: La Casa que el América Comparte con su Mayor Rival
La historia del fútbol mexicano guarda una anécdota demoledora que pocos conocen en profundidad. Según los registros históricos, los directivos de las Águilas del América, sin comprender del todo las consecuencias, fueron responsables de armar el equipo más ganador de la historia para sus eternos rivales, los cementeros de Cruz Azul. Este libreto mezcló una rivalidad que apareció casi sin querer, por azares de un destino encaprichado en enfrentarlos.
La Invitación que Cambió Todo
Ahora que ambos equipos regresan al Estadio Azteca -Banorte- para reabrirlo tras dos años de remodelación, la cuestión sigue en el aire. La casa aparentemente es del América, pero en realidad, el inquilino silencioso, Cruz Azul, se siente tan dueño de ella como nunca antes. Como en aquel cuento de Julio Cortázar, Casa Tomada, el América que vivía plácidamente en su recinto, empezó a cerrar puertas hasta quedar viviendo en un sólo espacio, mientras Cruz Azul llegó y se estableció gracias a que las Águilas lo llevaron allí.
La historia comenzó en 1966, luego de cuatro años de construcción del estadio. Emilio Azcárraga Milmo enfrentaba un problema: el contrato con los palcohabientes estipulaba que disfrutarían de cuatro equipos de fútbol, y solo tenía tres. El historiador Héctor Hernández relata que, a inicios de los años 70, el América, Atlante y Atlético Español habitaban el Azteca, pero necesitaban un cuarto equipo para tener partidos los jueves y sábados o jueves y domingo.
Fue entonces que Azcárraga habló con Guillermo Álvarez Macías, directivo de Cruz Azul, y le ofreció mudarse de Jasso a la Ciudad de México. Nunca creyó Azcárraga que corría un riesgo futbolístico, pues llevar a Cruz Azul significaba un golpe mediático y comercial. El equipo ya había sido campeón un par de veces con solo jugadores mexicanos y mostraba grandes sueños de linaje.
El Apoyo que Forjó una Dinastía
El 1 de septiembre de 1971 se firmó el contrato para que Cruz Azul jugara 25 años en el Estadio Azteca, con transmisión de sus encuentros. Aunque no era el mejor convenio financiero para los cementeros, pasó a segundo término porque deseaban hacer crecer al equipo. Hasta ahí, la historia converge, pero existe un punto primordial que sorprende a cualquiera.
Fue el propio Azcárraga quien ordenó a Francisco Panchito Hernández, su mejor directivo para traer jugadores extranjeros, que ayudara a Cruz Azul en ese aspecto. Héctor Hernández defiende este punto: "Guillermo Álvarez Macías le condicionó a Azcárraga que para irse debía tener un equipo competitivo, y por eso le ayudaron con esos jugadores".
Panchito Hernández consiguió a Miguel Marín, Eladio Vera y Alberto Quintano, jugadores enormes que forjaron la historia dorada de Cruz Azul en los años 70. El América le había traído el progreso a Cruz Azul y lo pagaría caro. En su primer año como inquilino del Azteca, La Máquina coronó su grandeza al golear al América 4-1 en la final, con esos mismos jugadores que los directivos de las Águilas eligieron para su peor enemigo. Hasta ese momento no existía el rencor, pero tras ese partido se plantó la semilla de una rivalidad feroz.
La Fusión Ganadora y su Legado
Imaginen lo que hubiera sido si Miguel Marín o Quintano jugaran en el América. Así pasó: Cruz Azul tenía una muy buena base de mexicanos y los conjuntó con estos extranjeros para dominar los años 70 a plenitud. Cruz Azul permaneció 25 años en el Estadio Azteca, desde 1971 hasta 1996, cuando se fue al Ciudad de los Deportes tras problemas de publicidad.
La Máquina se alejó y con ellos su buena suerte, ganando solo una liga en 22 años, hasta que regresó para levantar la Copa en el Azteca en 2021. En realidad, este estadio siempre ha sido su casa, su mejor sentimiento, aunque sea propiedad del América. La rivalidad, nacida de un acto de ayuda, perdura como una de las más intensas del fútbol mexicano.



