La NFL expande su imperio global, pero los jugadores pagan el precio con viajes agotadores
Imagina ser un atleta profesional, parte de un equipo de élite, y que te informen que en lugar de un viaje corto de menos de dos horas para enfrentar a un rival, debes embarcarte en una travesía de casi 20 horas al otro lado del mundo para realizar exactamente la misma tarea. Esta pregunta, cargada de lógica y razón, surge tras las declaraciones de Kyle Shanahan, el entrenador de los 49ers de San Francisco, quien no ocultó su frustración ante el partido que su equipo sostendrá contra los Carneros de Los Ángeles en Australia el próximo 10 de septiembre.
Una honestidad incómoda que revela un problema estructural
Sin rodeos y con una franqueza que pocos se atreven a mostrar públicamente, Shanahan afirmó que no ve nada positivo, al menos para su equipo, en realizar un viaje tan prolongado para un solo encuentro. Reconoció que el evento representa un éxito mediático para la NFL, ya que llevar este deporte y el prestigio de la liga a nivel global es un logro indiscutible. Sin embargo, desde su perspectiva, esto no ofrece ningún beneficio atractivo para los jugadores que deben soportar la carga logística.
Las opiniones pueden dividirse, y quienes no están en los zapatos de los atletas podrían criticar a Shanahan por sus comentarios tan directos. Pero la realidad es que tiene razón: pasar 20 horas volando puede ser una de las experiencias más agotadoras mental y físicamente para alguien cuya vida depende del rendimiento deportivo. Es, en esencia, un tormento que va más allá de un simple inconveniente.
Un descontento generalizado que la NFL no puede ignorar
Este no es un punto de vista aislado. A pesar de que la NFL anuncia con gran fanfarria la celebración de juegos internacionales, que ya tienen raíces en Europa y llegaron a Brasil la temporada pasada, ir al otro lado del planeta implica una exigencia logística abrumadora. Los jugadores, que ya lidian con intensos calendarios, prefieren estar en sus instalaciones preparándose o recuperándose, no sentados en un avión durante horas interminables.
Algunos podrían argumentar que esto ya se ha hecho antes, como en los partidos de pretemporada en Japón en 1995, cuando los 49ers enfrentaron a los Broncos. Pero esos eran encuentros de la serie American Bowl, donde nada estaba en juego. Desde que comenzaron los juegos internacionales de temporada regular, la mayoría de los jugadores han expresado su descontento por la logística del viaje, la lejanía y todos los factores asociados. No obstante, este es el plan de negocio y expansión global de la liga, y ante eso, parece haber poco margen de maniobra.
El dinero como motor de decisiones impopulares
Este no es el único tema donde el descontento de jugadores y entrenadores es evidente. Lo mismo sucedió cuando se extendió el calendario de 16 a 17 semanas, y ya se maneja la posibilidad de llegar a 18 encuentros. Nadie en el campo ha estado de acuerdo con estos cambios, y si se han implementado, ha sido gracias al argumento más convincente: el dinero.
Estos planes son un éxito financiero para la NFL, que es experta en acciones mercadotécnicas. Más juegos y más sedes a nivel mundial equivalen a más transmisiones y más aficionados, lo que se traduce en millones de dólares. Pero, como siempre se cuestiona, ¿dónde queda el cuidado de la materia prima de este gran negocio, es decir, los jugadores? La realidad es que, a menudo, basta con ofrecer una mayor cantidad de dinero en las negociaciones con la Asociación de Jugadores de la NFL para llegar a acuerdos. Sin embargo, esto no tapa el sol con un dedo ni el descontento de los atletas por desplazarse miles de kilómetros, ya sea al extremo sur de su continente o a otros continentes.
Un futuro con aún más viajes extenuantes
El plan maestro de la liga, según se ha dicho, es que la serie de juegos de temporada regular fuera de Estados Unidos alcance los 16 encuentros anuales. Ante esta afirmación, es probable que varios equipos estén temblando por no ser asignados, como les sucede a los Jaguares de Jacksonville, que ya son el equipo fijo para presentarse en Londres cada año. No se salvan del "viajecito" anual, y la carga solo parece aumentar.
Y no faltará quien diga: "Pero viajar a otro país es una experiencia". La respuesta es clara: no, ellos van a trabajar, no de turismo. Para estos jugadores, dada la demanda física de cada enfrentamiento, lo último que quieren es caminar por las calles de una ciudad extranjera para comprar souvenirs. No son como los futbolistas de soccer, a quienes vemos frecuentemente de compras en sus giras internacionales, incluso protagonizando notas de color. Este año, la NFL tendrá nueve juegos internacionales, y salvo por la Ciudad de México, dada su cercanía, todos los demás implican desplazamientos más allá de lo medianamente normal: Londres, España, Francia, Alemania, Brasil y Australia.
Reflexiones finales sobre el costo humano del éxito global
No cabe duda: la NFL es un gran emporio deportivo y de negocios. Pero la pregunta crucial es: ¿hasta dónde seguirán estirando la liga de resistencia de los jugadores? Ellos son el activo más valioso, y en ocasiones, parece que no reciben el cuidado adecuado. Por eso, cerramos con la frase sarcástica de Shanahan, que resume la situación: "Habrá nueve partidos internacionales, tenemos dos de ellos, así que estamos muy emocionados por eso". Una declaración que, entre líneas, revela la tensión entre la ambición comercial y el bienestar de quienes hacen posible el espectáculo.



