Erik Lira se ha convertido en una pieza fundamental para la Selección Mexicana de cara al Mundial 2026, un rol que pocos anticipaban. Su transformación comenzó en Cruz Azul, donde estuvo a punto de no tener cabida hasta que entendió que su posición como líbero podía potenciar su juego.
El descubrimiento de una nueva posición
Lira siempre fue un jugador vertiginoso, pero le faltaba definición. Su encuentro con Martín Anselmi en Cruz Azul marcó un antes y un después. La disyuntiva era clara: adaptarse como líbero, un centrocampista que se sitúa entre los defensas centrales, o no jugar en La Máquina. No hubo consuelo más que la adaptación, y Lira lo comprendió desde el inicio. Su traspaso desde Pumas, valuado en 4,5 millones de dólares, lo obligaba a ello.
“Empecé con Anselmi sin jugar y dije: ‘¿Qué puedo mejorar?’. Me di cuenta de que era ahí donde al equipo le hacía falta alguien”, recordó el futbolista.
El camino a la Selección Mexicana
Ese descubrimiento le abrió las puertas de la Selección Mexicana. Su juego sencillo y ordenado convenció a Javier Aguirre, quien, pese a no ser adepto a la línea de cinco defensas, lo ha vuelto casi inamovible. El plan del Vasco para el combinado nacional gira en torno a Lira.
“Hay tres o cuatro futbolistas que merecen una oportunidad... las conclusiones las saco en función de lo que veo y con Lira estoy más que a gusto”, declaró Aguirre durante el ciclo.
El jugador que nadie esperaba
La evolución de Lira lo ha llevado a ser elegible para el Mundial y a despertar interés en clubes europeos. El Girona fue el último en mostrar interés, pero en 2025 también hubo acercamientos del Porto, AZ Alkmaar y Niza. Sin embargo, Lira decidió priorizar su estabilidad: “Fue real la oferta de uno de estos equipos, pero es muy difícil a un año del Mundial tomar una decisión así. Preferí estar en casa, con mi gente y con mi selección”. No obstante, una vez concluida la Copa del Mundo, su plan es emigrar al extranjero.
Los inicios en Pumas y el regreso
Andrés Lillini lo conoció en Pumas. Era un chico precoz y audaz, apodado “Pitbull” por su rostro fiero y su convicción al perseguir el balón. Pero como suele ocurrir en Pumas, alguien lo echó de las inferiores. Lira no se rindió y debutó con Michel Leaño en el Necaxa en 2018. Pumas lo recuperó en 2020 para hacerlo habitual en el centro del campo.
“Fue un acierto de Pumas haberlo llevado de vuelta. Sabíamos de su capacidad; es el tipo de jugador que representa la esencia de la cantera: aguerrido, ordenado y con un sentido de pertenencia enorme”, afirmó Lillini. Lira, a su vez, llama “papá” a Lillini: “Era exigente, nos apretaba cuando debía, pero también nos consintió y cuidó siempre. Sin él, yo no estaría viviendo este presente”.
Tras buenas actuaciones, siempre efusivo —incluso cuando golpeó a un policía en la cancha de Ciudad Universitaria por la emoción—, Lira se marchó a Cruz Azul y su destino cambió radicalmente.
Cruz Azul y Anselmi: un giro definitivo
Bajo la tutela de Anselmi, Lira aprendió a tener posición y tiempo, dos de las habilidades más difíciles en el fútbol. Su evolución fue tal que se ganó el gafete de capitán. La maduración técnica y táctica se la debe al argentino, virtudes que lo colocaron en la Selección Mexicana. Debutó con el Tri en 2021, pero hoy es uno de los escuderos más fuertes de Aguirre, e incluso la alineación llega a girar en torno a él. Lira facilita las cosas, y el Vasco, que necesita jugadores aguerridos que resuelvan, lo tiene listo para la batalla mundialista.



