La reorganización global de las cadenas de suministro ha colocado a México en una coyuntura estratégica para atraer inversiones mediante el fenómeno del nearshoring. La cercanía con Estados Unidos, los costos laborales competitivos y la integración comercial con América del Norte perfilan al país como un destino natural para la relocalización de empresas. Sin embargo, esa expectativa no se ha concretado con la intensidad prevista.
Obstáculos estructurales identificados
Durante el más reciente episodio de Evolución Legal, los especialistas Juan Carlos Machorro y Francisco Carbajal expusieron los factores que han impedido que México capitalice plenamente esta oportunidad internacional. Los expertos señalaron que el país enfrenta diversos obstáculos estructurales que reducen su competitividad frente a otras economías. Entre los principales problemas mencionaron la insuficiente infraestructura en parques industriales, la escasez de agua en distintas regiones, las limitaciones en el suministro energético y la incertidumbre relacionada con el Estado de derecho, particularmente tras recientes reformas y decisiones institucionales.
De acuerdo con los analistas, este escenario genera dudas entre inversionistas que buscan estabilidad jurídica y condiciones confiables para establecer operaciones de largo plazo.
Política fiscal como factor clave
A estos factores se suma un elemento menos visible, pero igualmente relevante: la política fiscal. Francisco Carbajal explicó que México no ha conseguido desarrollar esquemas de incentivos suficientemente atractivos para competir en la captación de inversión extranjera. Mientras en algunos estados de Estados Unidos la tasa corporativa oscila entre 23 y 24 por ciento, en México se mantiene cercana al 30 por ciento, lo que reduce la competitividad frente a otros mercados.
Paradójicamente, pese a mantener una carga fiscal relativamente elevada, la recaudación tributaria mexicana sigue siendo baja en comparación internacional. Según los especialistas, los ingresos fiscales representan entre 16 y 17 por ciento del Producto Interno Bruto, mientras que en otras economías alcanzan niveles cercanos al 25 o incluso 28 por ciento. Esta situación, señalaron, limita la capacidad del gobierno para invertir en infraestructura, seguridad y servicios públicos, elementos considerados fundamentales para atraer nuevas empresas.
Círculo vicioso de baja recaudación y competitividad
Machorro y Carbajal advirtieron que el problema se convierte en un círculo difícil de romper: la baja recaudación restringe la inversión pública; la falta de inversión deteriora la competitividad; y esa pérdida de competitividad reduce la llegada de nuevos capitales que podrían ampliar la base tributaria del país. Además, consideraron que gran parte de la política fiscal reciente ha privilegiado el gasto social sobre la inversión productiva.
En ese contexto, iniciativas como los llamados polos de desarrollo o zonas especiales en el sur del país intentan revertir la tendencia mediante incentivos como depreciación acelerada y créditos fiscales. No obstante, los especialistas consideraron que dichos estímulos resultan insuficientes debido a que no están acompañados de infraestructura adecuada que permita concretar los proyectos. También señalaron que muchas empresas terminan absorbiendo costos que normalmente corresponderían al Estado, como conexiones eléctricas, acceso al agua o construcción de vialidades y redes de comunicación. Esto incrementa significativamente los costos de inversión y reduce el atractivo para nuevos proyectos.
Ventajas estratégicas persistentes
Pese al panorama, los especialistas coincidieron en que México conserva ventajas estratégicas importantes. Su posición geográfica, el tamaño de su mercado interno y su participación en el tratado comercial de América del Norte continúan siendo factores clave para competir en el escenario internacional. Sin embargo, advirtieron que aprovechar ese potencial dependerá de la capacidad de fortalecer el Estado de derecho, mejorar las políticas públicas y construir un entorno fiscal e institucional más competitivo.
Para Machorro y Carbajal, el momento es crucial. En un entorno global donde las empresas eligen instalarse en los países que ofrecen mejores condiciones, México enfrenta una competencia directa con economías que han avanzado con mayor rapidez en incentivos e infraestructura. La oportunidad del nearshoring, concluyeron, permanece vigente, pero requerirá decisiones estratégicas que permitan romper el actual círculo de rezagos y convertir al país en un verdadero centro global de inversión.



