El Consenso de Washington: Dos Generaciones de Desigualdad y el Fracaso del Modelo Neoliberal
Consenso de Washington: Desigualdad y Fracaso del Modelo Neoliberal

El Legado del Consenso de Washington: Un Análisis Crítico del Modelo Neoliberal

En su obra reciente "La gran transformación global" (Chicago Press, 2025), el reconocido economista Branco Milanovic realiza una afirmación contundente que resuena profundamente en el análisis económico contemporáneo. Milanovic sostiene que "los años ochenta representan el momento de una quiebra generalizada de las ideas económicas", las cuales se filtraron hacia las políticas públicas, contaminando incluso la filosofía, la sociología y la pedagogía. Según su perspectiva, al finalizar aquella década y entrar en los turbulentos noventa, una arrogancia intelectual sin precedentes dominó el mundo, pero dos décadas después quedó demostrado que estaba fundamentalmente equivocada en todos sus aspectos clave.

El Contexto Histórico: Crisis y Cambio de Paradigma

Para comprender cómo fue posible esta transformación, debemos situarnos a mediados de los años setenta y principios de los ochenta. El mundo experimentaba entonces una crisis mayor, un trastocamiento completo de lo que había sido considerado "normal" durante treinta años de Estado de Bienestar. Este período estuvo marcado por:

  • La multiplicación exponencial de los precios del petróleo
  • El endurecimiento de las políticas monetarias en los países industrializados acreedores
  • Una apreciación masiva del dólar en casi todas las economías
  • Un incremento enorme de las deudas debido al aumento de las tasas de interés (casi cincuenta por ciento)
  • La caída dramática de los precios de las exportaciones de materias primas desde los países endeudados
  • Un cambio radical en los flujos de capital, donde los recursos fluían de los países pobres hacia los países ricos

El resultado fue un deterioro profundo de la solvencia de los Estados, déficits persistentes en las balanzas de pagos, estancamiento económico e inflación galopante. Numerosos gobiernos del llamado tercer mundo, incluyendo de manera destacada el mexicano, entraron en una crisis fiscal de proporciones históricas.

La Hora de los Neoliberales: Diagnósticos y Soluciones

Fue en este contexto donde los pensadores neoliberales encontraron su momento. Sus diagnósticos parecían cuadrar perfectamente con la realidad, y más aún, eran ellos quienes llevaban años advirtiendo sobre los "peligros" de los Estados de Bienestar, las estrategias proteccionistas, la regulación excesiva, el endeudamiento público y lo que percibían como un gasto público desbordado. El pensamiento neoliberal ofrecía no solo una explicación coherente de lo que estaba sucediendo, sino también recetas concretas para remediarlo.

En América Latina y Estados Unidos se fermentó y expandió una discusión política e intelectual que tuvo su momento cumbre en noviembre de 1989 en Washington D.C. Representantes de organismos internacionales, académicos y funcionarios de América Latina y el Caribe se reunieron en un foro auspiciado por el Instituto de Economía Internacional para evaluar el estado económico de la región. Lo notable es que no se trataba de un encuentro sectario: participaron economistas estructuralistas, keynesianos e incluso marxistas.

Sin embargo, lo que demostró claramente esta reunión fue que la hegemonía intelectual, respaldada por estudios empíricos y especialmente por el apoyo de los organismos internacionales, había pasado definitivamente al bando liberal. Este cónclave produjo un recetario sistematizado de política económica que prometía sacar a los países latinoamericanos de su profunda crisis. Casi todos los asistentes, neoliberales y no neoliberales, estuvieron de acuerdo en las recomendaciones. Por esta razón, John Williamson, el entusiasta economista promotor de esa reunión, lo denominó el "Consenso de Washington".

El Decálogo Neoliberal: Los Diez Mandamientos Económicos

Convertido en un decálogo, el núcleo del Consenso de Washington radicó (y aún radica) en los siguientes principios fundamentales:

  1. Disciplina fiscal: Los Estados no deben gastar más de lo que recaudan
  2. Cambio de prioridades en el gasto público: Enfocarlo hacia la atención de la pobreza
  3. Reforma de los impuestos: Consistente más en ampliar la base que en incrementar los tipos impositivos
  4. Tasas de interés positivas: Determinadas por el mercado y no por intervención estatal
  5. Liberalización del comercio: Con reorientación de las economías hacia la exportación
  6. Tipo de cambio: Fijado por el mercado y no por los gobiernos
  7. Supresión de restricciones: A las inversiones directas de capital extranjero
  8. Privatización: Tan amplia como fuera posible de empresas públicas
  9. Desregulación extensa: De la actividad económica en todos los sectores
  10. Refuerzo de garantías: A los derechos de propiedad privada

Es crucial no perder de vista las fechas: la reforma económica neoliberal ya estaba en marcha en México antes de esa reunión histórica. Como lo recordó acertadamente Ludolfo Paramio, "el Consenso de Washington era más una sistematización de lo que se estaba haciendo sobre la marcha que una formulación previsora del futuro económico" (John Williamson, Revisión del Consenso de Washington, BID, 1998).

Consecuencias y Críticas: Sangre, Sudor y Lágrimas

Los resultados de esa reunión orientaron programas de estabilización y reformas económicas mucho más allá de América Latina. En todas partes donde se aplicó, los efectos fueron inevitablemente duros y dolorosos:

  • Reducción drástica de salarios reales
  • Desempleo endémico y persistente
  • Cierre masivo de empresas nacionales
  • Reducción implacable del gasto público en servicios sociales
  • Disminución significativa del consumo y la demanda interna

El Consenso de Washington no ocultaba que sus recetas inyectarían "temporalmente, sangre, sudor y lágrimas" a las sociedades en terapia de choque económico, pero prometía que luego vendría la recuperación del crecimiento sostenido. Como criticó agudamente Amartya Sen en un ensayo posterior, los defensores de este novísimo modelo eran enemigos declarados de la influencia de "los corazones blandos".

De acuerdo con este enfoque, priorizar medidas distributivas o equitativas al inicio del ciclo de crecimiento constituiría un craso error estratégico. Los beneficios, argumentaban, llegarían a todos por igual a su debido tiempo a través del famoso efecto de "goteo" (trickle-down effect). Cualquier esfuerzo por acelerar la distribución de beneficios no haría sino obstaculizar la creación de la corriente económica que eventualmente filtraría hacia abajo los beneficios prometidos.

El Balance Final: Desigualdad como Premisa de Funcionamiento

La realidad demostró algo muy diferente. El Consenso de Washington no solo produjo desigualdad económica y social, sino que la necesitaba como premisa fundamental de su funcionamiento. Así nos fue durante casi dos generaciones: ni crecimiento sostenido, ni estabilidad económica (la segunda gran crisis del capitalismo en 2008 ocurrió bajo su manto ideológico), pobreza nunca resuelta, desigualdad creciente y un extendido descontento y malestar social.

La democracia ha pagado los platos rotos de este experimento económico. Si algo explica en países como México la orgía populista de los últimos años, es precisamente el fracaso económico y la desigualdad estructural generada por aquel modelo, no en un año, ni en un sexenio, ni siquiera en una década, sino en casi dos generaciones completas.

Por esta razón, una de las condiciones fundamentales para superar la simpatía por el autoritarismo moderno es saber reconocer con precisión en todo lo que erró aquel Consenso convocado en Washington, tan desdeñoso de los "corazones blandos" y tan ciego a las consecuencias sociales de sus políticas. El legado del neoliberalismo sistematizado en el Consenso de Washington sigue marcando nuestras economías y sociedades, y su crítica rigurosa resulta más necesaria que nunca para construir alternativas económicas más justas y sostenibles.