Amor de padres: el mejor regalo para la felicidad de los hijos
Amor de padres: clave para la felicidad de los hijos

La armonía en el hogar no es producto del azar, sino una construcción diaria cuyo eje gravitacional es la relación de pareja, afirmó Tomás Melendo Granados, reputado filósofo y Doctor en Ciencias de la Educación, una de las voces más autorizadas en el mundo para hablar de la materia.

El amor conyugal como útero emocional

Afirmó que el bienestar de los hijos depende de una premisa que desafía los paradigmas actuales: lo que un niño más necesita no es solo amor directo, sino ser testigo del amor que sus padres se profesan entre sí. En conversación exclusiva con Crónica, Melendo Granados, autor de 80 libros y fundador hace 21 años de Edufamilia, desglosa la urgencia de fortalecer la célula familiar frente a ideologías y políticas públicas que fragmentan el tejido social.

Aquello que fue la causa del surgir de una realidad debe causar su desarrollo, afirma en alusión a Santo Tomás. Para el especialista, si el amor procreó al hijo, es ese mismo amor recíproco el que garantiza su crecimiento sano.

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El nuevo útero emocional para el desarrollo infantil

Con buen humor y modales impecables, con la sencillez y amabilidad de quien verdaderamente posee grandeza de ser en su trato, Tomás Melendo Granados sabe que la mejora en la calidad de las familias facilitará la resolución de bastantes de los problemas que aquejan a la sociedad de hoy. Apoyado siempre por su esposa Lourdes, de quien suele hablar en sus conferencias internacionales, inició Edufamilia hace 21 años, una organización sin fines de lucro que impulsa la excelencia de la sociedad a través de la mejora y fortalecimiento de la familia, la educación y formación de cada uno de sus miembros.

El reputado conferencista aceptó la conversación con Crónica en el contexto de su apretada agenda de trabajo ante el Congreso Internacional de las Familias; luego de su diaria asistencia a la Iglesia para escuchar la Palabra de Dios como guía de sus roles como esposo, padre y abuelo, y su desempeño profesional. En la conversación llevada a cabo online, explica que cuando un niño abandona el seno materno, requiere un nuevo espacio de seguridad absoluta. Con su modo de hablar que se torna inevitablemente en una enseñanza amorosa y reveladora, Melendo Granados describe este entorno como un nuevo útero creado por el afecto de los padres; el amor entre los esposos funciona como el líquido amniótico que protege al infante. Afirma al reportero que esta seguridad emocional permite que el hijo se desarrolle con paz y en confianza.

Enseguida expresa lo que es un cambio de paradigma en las tradiciones familiares que suelen buscar lo mejor para los hijos en cosas externas como la educación, comodidades, satisfactores materiales y diversiones, entre otras.

Matrimonio e hijos para cambiar el mundo

La inversión más rentable para la felicidad de los hijos es cuidar el matrimonio, apostar por la relación conyugal es asegurar el futuro emocional de toda la familia, plantea con emoción y firmeza en su voz. Sabe de lo que habla, pues junto a su esposa Lourdes crió siete hijos y es abuelo de 16 nietos. Ante el temor cotidiano actual en las parejas por casarse o tener hijos, el especialista suele manifestar en sus conferencias con firme convicción que su esperanza no está centrada en cómo será el mundo que recibirán sus hijos, sino en los hijos que él puede entregar al mundo, porque cada nuevo ser humano, amado desde el hogar, tiene el poder de transformar, para bien, su entorno.

Amar diferencias, aceptar limitaciones

La armonía familiar requiere, además, una capacidad intelectual para distinguir realidades; no todo lo que nos molesta de los demás puede clasificarse bajo la misma etiqueta. El Dr. Melendo Granados propone tres categorías esenciales en la distinción: diferencias, limitaciones y defectos propios. Muchos problemas surgen al tratar cualquier roce cotidiano como si fuera una falta moral; tendemos a calificar como defecto aquello que simplemente nos saca de nuestra rutina, y diferenciar estas categorías ilumina la inteligencia y facilita una convivencia mucho más sana, detalló.

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Explicó que cada una de estas realidades humanas exige un trato y una respuesta totalmente distintos. Si confundimos una limitación con un defecto, podemos causar un daño profundo al otro; la clave del éxito reside en amar las diferencias y aceptar las limitaciones ajenas, afirmó. Para educar correctamente, los padres deben aplicar esta distinción con sus hijos también; no se puede exigir a un niño lo que su propia naturaleza o capacidad le impide dar. La armonía surge cuando cada miembro es valorado por su identidad única y especial.

Los rasgos que deben ser amados

El presidente de Edufamilia señaló que las diferencias familiares son rasgos del modo de ser que resultan buenos o indiferentes, proceden del temperamento, el género o la cultura aprendida en la familia de origen. Ser más rápido o lento, decidido o indeciso, son ejemplos de estas variadas identidades; estas características no son negativas, aunque a veces choquen con nuestro propio ego, indicó. Lo que nos duele de la diferencia es que plantea un modo de vivir distinto al propio, explicó y señaló que sin embargo, las diferencias son la base de la plenitud personal de cada individuo en la familia. El Dr. Melendo Granados afirmó enseguida que las diferencias no se deben corregir, se deben amar; amar al cónyuge o al hijo implica potenciar su mejor versión, no hacerlo a nuestra imagen. Aceptar que el otro percibe la realidad de forma distinta es un acto de amor profundo.

Familia de origen en el matrimonio, un reto

Experto en acompañar a los matrimonios en su fortalecimiento, manifestó que el origen más peligroso que motiva las fricciones familiares suele ser la propia familia de origen. Cada esposo y esposa llegan al matrimonio con un manual invisible de cómo se debe vivir; consideramos que las costumbres de nuestros padres son el único modo correcto de actuar. Explicó que este choque de culturas familiares puede generar tensiones si no se maneja con prudencia. Indicó que sin embargo, es necesario entender que el modo de vida aprendido es solo una de muchas posibilidades; los esposos deben crear su propia cultura familiar, tomando lo mejor de ambos pasados. La madurez llega cuando somos capaces de cuestionar nuestras rutinas, por amor al otro; no se trata de imponer un sistema, sino de encontrar el equilibrio que traiga paz. La flexibilidad ante estas diferencias es lo que permite que el hogar sea un refugio, planteó el especialista español.

Limitaciones, carencias que no dañan la moral

Melendo Granados continuó en la entrevista; se le nota que sabe y disfruta ampliamente de saberse edificador del núcleo familiar, además es generoso en cuanto comparte de lo que ha recibido para construir su propia familia. Explicó entonces las limitaciones y las definió como la ausencia de cualidades que sería preferible poseer. Tener poco oído musical o falta de habilidad para las matemáticas son ejemplos claros de limitaciones; y a diferencia del defecto, la limitación no perjudica a los demás ni impide el desarrollo. Reveló que el trato adecuado para las limitaciones consiste en conocerlas bien para dejarlas de lado; no tiene sentido obligar a un hijo a chocar contra un muro donde no tiene capacidad, es mucho más eficaz centrar la atención en potenciar las fortalezas y talentos reales. Aceptar las limitaciones propias y ajenas requiere una mirada llena de mucha humildad. En una sociedad competitiva, reconocer que no podemos con todo es un alivio necesario; orientar la vida hacia donde sí podemos brillar es el camino hacia la felicidad real, manifestó.

Defectos, única realidad que exige lucha activa

Director también de los Estudios Universitarios sobre la Familia de la Universidad de Málaga, que incluyen un Máster en Ciencias para la Familia, Melendo Granados explicó que el defecto es aquello que daña moralmente a quien lo tiene y a quienes lo rodean. La mentira, el egoísmo, la soberbia o la pereza entran en esta categoría negativa; a diferencia de las otras realidades, el defecto sí requiere un esfuerzo por ser superado, manifestó. Ante el defecto, dijo, el primer paso es amar a la persona con su falta, sin condiciones. Si no amamos al hijo o al cónyuge con su defecto, amamos solo una imagen ideal; la aceptación es el suelo firme sobre el cual el otro puede empezar a cambiar, afirmó. Añadió que el segundo paso consiste en ayudar a la otra persona a luchar contra esa debilidad. No se trata de exigir la victoria inmediata, sino de valorar el esfuerzo de superación; los defectos más profundos suelen acompañarnos siempre, pero se vuelven más pequeños, indicó.

Ternura, remedio ante la fragilidad humana

Continuó con el tercer paso ante los defectos, que es sentir ternura cuando el otro lucha y no vence. Ver a alguien esforzarse por amor a nosotros es uno de los actos más bellos; la ternura suaviza las relaciones y permite que los errores no destruyan la armonía, indicó. El Dr. Melendo Granados confió al reportero un ejemplo de esto con la lucha de su esposa Lourdes frente a la puntualidad. Dijo que ver a una persona capaz esforzarse por amor en lo que le cuesta genera un gran cariño; esa mirada de ternura es lo que finalmente ablanda las almas en medio del conflicto. Señaló que la armonía no es ausencia de problemas, sino presencia de un amor que sabe distinguir. Es entender que somos seres limitados, diferentes y a veces con fallos que duelen; pero, sobre todo, es la decisión de buscar el bien del otro por encima del propio ego, planteó. Escuchar al Dr. Melendo hablar de su esposa Lourdes nos permite abrazar la esperanza de que el matrimonio es una escuela concreta de amor con carácter, abierta a todos los que aceptan aprender que construir la armonía conyugal es posible y necesario si realmente se quiere cambiar, para bien, un país, porque cada nación inicia en sus hogares.

El ejemplo de los padres, la mejor pedagogía

Enseguida expresó que para educar hijos íntegros, los padres deben ser los primeros en mostrar esta lucha. No se educa con discursos, sino con la coherencia de una vida que busca mejorar; un padre y una madre que piden perdón y reconocen sus errores es el mejor maestro para su hijo, reveló. El Dr. en Ciencias de la Educación dijo que la verdadera pedagogía es la grandeza del propio ser puesto al servicio de los demás. Los hijos imitan el modo en que sus padres gestionan sus diferencias y sus defectos; si ven amor y respeto entre ellos, tendrán el mapa necesario para su propia vida, expresó con ternura en su voz. Finalmente, reiteró que la armonía conyugal es el motor que impulsa el desarrollo de los hijos. Distinguir entre diferencias, limitaciones y defectos es la herramienta práctica para lograrlo. Al final, el amor correspondido y trabajado es lo único que construye un hogar eterno, señaló el reputado maestro.