De Derecho a Escritura Creativa: El Desafío de las Humanidades en México
El difícil camino de las carreras humanísticas en México

La Crisis de las Humanidades en las Universidades Mexicanas

Los recientes acontecimientos en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) no representan una casualidad aislada. Por el contrario, pareciera que alejarse progresivamente de las disciplinas humanísticas y sociales responde a una demanda implícita del sistema que moldea nuestra identidad como mexicanos. Un fenómeno similar se observó recientemente en la Universidad de Guadalajara, donde las plazas para estudiar letras tradicionales no se cubrieron completamente.

La Migración hacia Carreras "Prácticas"

La mirada colectiva se dirigió inmediatamente hacia la licenciatura relativamente nueva de Escritura Creativa. Este desplazamiento revela una paradoja social: nadie desea ser lector, pero todos aspiran a convertirse en escritores. Antes de descubrir esta vocación, la autora de este relato se encontraba inmersa en la carrera de Derecho, impulsada por presiones familiares y sociales que presentaban al abogado como símbolo de orgullo, independencia y fortaleza.

Durante el examen de admisión, cuando una mujer preguntó quiénes se dirigían hacia Derecho, aproximadamente el 80% de las manos en el salón se alzaron. Este momento generó una profunda reflexión sobre la competencia desmedida, no solo para ingresar a la carrera, sino para ejercerla profesionalmente. La idea recurrente de "abrir un despacho" resonaba como un mantra ajeno a sus verdaderas aspiraciones.

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La Desilusión con el Mundo Jurídico

Tras lograr el ingreso, compartió con su madre la ansiosa espera de resultados en la madrugada. Las dudas sobre su capacidad y el temor a defraudar expectativas familiares la acompañaban. Al ingresar junto a cientos de aspirantes, encontró un salón atiborrado con aproximadamente 50 futuros abogados donde, a pesar de su vestimenta formal, comenzó a sentirse fuera de lugar.

La indiferencia hacia la transcripción manual de la Constitución Mexicana y la frase de un profesor afirmando que "este mundo es de los vivos, de los que saben avanzar" carecieron de significado para ella. El sueño de la abogacía persistió durante dos años en su mente, pero solo tres semanas en la realidad académica.

El Cambio Radical hacia la Escritura

Al comunicar a sus padres su decisión de abandonar Derecho para estudiar Escritura Creativa, enfrentó lo que percibió como la mayor decepción parental posible: transitar de abogada a escritora. En el nuevo examen de admisión, nadie más aspiraba a esta carrera desconocida, donde ella formaría parte de la segunda generación.

Aunque el puntaje requerido era similar al de Derecho, la indiferencia general era palpable. Esta vez, revisó los resultados en soledad, sin la compañía materna. Al anunciar su ingreso al día siguiente, recibió sonrisas forzadas y la sentencia que marcaría toda su licenciatura: "Pues ahora a ver de qué vas a trabajar".

La Búsqueda de un Futuro Profesional

Las clases abarcaban desde cuento, literatura mexicana, novela, poesía hasta ensayo, entre otras disciplinas. Regularmente, alzaba la mano buscando un camino profesional, aunque fuera sinuoso. La pregunta recurrente a profesores sobre oportunidades laborales obtenía respuestas evasivas: investigación, docencia, áreas relacionadas con comunicación.

Ninguno mencionaba la posibilidad de vivir de la escritura, aunque esa era precisamente su aspiración. Mientras el tiempo avanzaba, la mayoría de sus compañeros mostraban indiferencia hacia su futuro profesional. Una mencionó abrir un local de uñas, otra se encogió de hombros afirmando que siempre tendría el apoyo parental.

La Soledad de la Vocación Literaria

Los semestres transcurrían mientras pasaba noches en vela preguntándose cómo demostrar a su padre que no se había equivocado, que podía dedicarse profesionalmente a la escritura. Identificó los concursos, becas y estímulos literarios como posibles aliados, aunque estos resultaron esquivos. Aunque ganó algunos reconocimientos, nunca fueron suficientes para convencer a sus padres sobre la viabilidad de su carrera.

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En los últimos semestres, comenzó a ausentarse de clases en busca de trabajo, encontrando en el periodismo el aliado confiable que no halló durante años en la escritura pura. Comprendió que, aunque la escritura es una profesión legítima, parece construirse sobre bases diferentes y no sostenerse por sí sola en el contexto mexicano actual.

La Realidad Postuniversitaria

Actualmente, ninguno de sus aproximadamente cuarenta compañeros de generación se dedica profesionalmente a la escritura, confirmando la percepción social de que es una carrera que se estudia "por gusto". La autora discrepa profundamente: la licenciatura en Escritura Creativa, como todas las demás, está diseñada para ejercerse, para transformar la pasión en rutina y sustento económico.

Esta realidad explica por qué quedan tantas vacantes en humanidades. Como señaló alguna vez el escritor Hiram Ruvalcaba, la escritura es una carrera de resistencia, y no todos están dispuestos o preparados para ese desafío en un sistema que prioriza constantemente lo utilitario sobre lo humanístico.