Jane Goodall: El legado de humildad y ciencia que inspiró a México y al mundo
Jane Goodall: Legado de humildad que inspiró a México

Jane Goodall: Una vida dedicada a la ciencia y la conservación

Jane Goodall, nacida el 3 de abril de 1934 en Londres, falleció a los 91 años el 1 de octubre de 2025 en California, Estados Unidos. Su muerte ocurrió en medio de una gira mundial, apenas unos días después de visitar México, donde dejó un impacto duradero en jóvenes científicos como Ana María González di Pierro.

Un momento histórico en Uganda

En el año 2006, el auditorio más grande de Uganda se llenó de primatólogos, investigadores y locales para escuchar a Jane Goodall en el congreso de la International Primatological Society. Ana María González di Pierro, entonces una joven estudiante mexicana, viajó hasta allí para presenciar este evento único.

"En cuanto Jane entró, la energía cambió", recuerda Ana María. "Llegó al estrado y dijo: 'Voy a saludarlos como saludan los seres más maravillosos que he estudiado'. Y entonces empezó a imitar el sonido de los chimpancés: '¡uh!, ¡uuh!, ¡uuuh!', y miles de asistentes respondieron igual". Este momento, lleno de emoción y conexión, demostró la capacidad de Goodall para unir a las personas a través de su pasión y humildad.

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Enseñanzas que cruzaron fronteras

Desde que inició sus investigaciones en 1960 en el Parque Nacional de Gombe Stream, Tanzania, Jane Goodall no solo revolucionó la comprensión del comportamiento de los chimpancés, sino que también emprendió una cruzada incansable por la conservación de la naturaleza. Su misión era inspirar a los jóvenes, algo que logró con Ana María, quien más tarde se convirtió en doctora en ciencias biológicas por la UNAM.

Ana María trabajó durante dos décadas con primates en la Selva Lacandona, Chiapas, estudiando al mono aullador Alouatta pigra. En 2006, tuvo la oportunidad de intercambiar palabras con Goodall y compartirle un videocasete de su trabajo. "Te encargo a los primates de México", le dijo Goodall, una misión que Ana María llevó a cabo con dedicación durante años.

La humildad como sello distintivo

Ana María, ahora residente en Italia, destaca en entrevista que Jane Goodall fue una científica que revolucionó la forma de ver y hacer ciencia. "Era una persona extraordinaria, definida por la humildad y sencillez, algo de lo que carecen muchos científicos", afirma. Goodall nunca perdió su esencia, manteniéndose accesible y cercana a pesar de su fama y reconocimiento mundial.

Una de las características más admirables de Goodall era su optimismo inquebrantable. "Nunca dudó que podíamos revertir el daño que estamos causando al planeta", señala Ana María. "Siempre confió en que los jóvenes podían traer un cambio, y por eso dedicaba tanto tiempo a dar pláticas a ellos". Esta esperanza no era ingenua, sino una forma de resistencia y rebeldía frente a las adversidades.

Un legado de empatía y respeto

Para Ana María González di Pierro, el legado más profundo de Jane Goodall es la certeza de que el conocimiento verdadero nace de la empatía y la humildad. "Siempre miró a los otros seres—chimpancés, árboles, plantas, comunidades humanas—con un respeto profundo, reconociendo que todos compartimos este planeta", explica.

Goodall nunca se colocó por encima de los demás, ni como científica ni como persona. Su manera de observar era también una manera de escuchar, enseñando que la ciencia no solo implica análisis y medición, sino también sentir. "Jane nos enseñó que se puede investigar con rigor, pero también con ternura", añade Ana María. "La observación puede ser un acto de compasión, una lección que llevé a mis jornadas en la Selva Lacandona".

En resumen, más allá de sus logros científicos, Jane Goodall dejó una lección universal: mirar con compasión es una forma poderosa de transformar el mundo. Su vida y obra continúan inspirando a nuevas generaciones en México y en todo el globo.

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