UNAM ante reforma histórica: debate sobre autonomía y gobernanza universitaria
UNAM debate reforma histórica de autonomía y gobernanza

La UNAM en un punto de inflexión: reflexiones sobre la reforma de su Junta de Gobierno

En las últimas semanas, numerosos titulares han pintado a la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) con pinceladas de crisis, obsolescencia e incertidumbre. A este escenario se añade una profunda reflexión sobre la autonomía, emanada desde la propia Junta de Gobierno. Estas perspectivas nos invitan a analizar con una mirada crítica el presente de nuestra máxima casa de estudios, que se halla inmersa en un proceso de cambio y transformación institucional.

La reforma: más que un ajuste reglamentario

La modificación del proceso de elección de los integrantes de la Junta de Gobierno no constituye un simple cambio administrativo; representa una transformación que toca las fibras más sensibles del gobierno universitario. La Junta no solo selecciona a quienes lideran la UNAM y sus entidades académicas, sino que define el proyecto institucional, media la relación con el Estado y determina la manera en que se ejerce la autonomía universitaria.

Discutir su integración implica cuestionarnos qué formas de legitimidad deseamos privilegiar en la vida universitaria. Es natural que este debate genere incomodidad, ya que nos obliga a revisar prácticas que durante décadas hemos dado por sentadas.

Desafíos y oportunidades en el horizonte

Identificar las limitaciones del proceso vigente resulta relativamente sencillo. El verdadero reto comienza ahora, cuando ya no basta con señalar los problemas, sino que es imperativo construir propuestas desde la pluralidad, evitando la descalificación y la polarización que fragmentan a nuestra comunidad. Se trata de plantear soluciones oportunas que respondan a las demandas de nuestro tiempo.

¿Nos quedaremos estancados en los mecanismos del siglo XX o daremos el paso hacia la universidad que el siglo XXI y nuestra comunidad exigen? Postergar esta decisión también implica tomar partido: es optar por aplazar su redefinición.

Es evidente que esta primera reforma no es una solución absoluta, pero simboliza una oportunidad histórica de apertura y democratización por parte del actual rectorado. De aprobarse, marcará un hito en la historia universitaria.

Contexto político y legitimidad del proceso

En un contexto que no es políticamente neutro, la reforma abre posibilidades y plantea retos significativos. Reconocer esta ambivalencia no debilita el proceso; por el contrario, lo vuelve más plural y responsable.

La legitimidad de esta propuesta no se agota en los cambios normativos, sino que reside en los procesos que los acompañan. El próximo Pleno nos permitirá evaluar, de manera tangible, si los cambios trascienden el discurso y se instalan en la práctica. Esto dependerá de la participación activa de la comunidad al postular perfiles, de la labor de los Consejos Académicos de Área y del Bachillerato al integrar las candidaturas, y de nuestra elección como Consejo Universitario.

La elección: un acto político y de corresponsabilidad

Elegir no es un acto mecánico de votación; es una definición política sobre el modelo de universidad que queremos sostener. Requiere una decisión informada que busque perfiles idóneos, pero también un mayor equilibrio entre las áreas que integran la Junta de Gobierno. Este equilibrio fortalecería la gobernanza institucional, integrando la perspectiva de género y una profunda conciencia política.

Si la UNAM desea seguir siendo un espacio crítico, debe comenzar por ejercer la autocrítica. Hoy no solo votamos una reforma procedimental; definimos con conciencia histórica si nuestra universidad es capaz de renovar sus estructuras o si permanecerá anclada en el pasado. La colegialidad implica representación, pero la comunidad exige corresponsabilidad. El momento del cambio es ahora.

Melisa Jocelyn Cervantes Meneses es consejera universitaria representante de los Programas de Posgrado de Humanidades y Artes.