Moody's ha reducido la calificación crediticia de México, señalando un debilitamiento de su posición fiscal. Las inyecciones de capital a Pemex, sumadas a una economía en desaceleración, limitan la flexibilidad financiera del país. Según la agencia calificadora, el crecimiento económico mexicano será inferior al 1% en 2026 y alcanzará apenas el 1.3% en 2027, en un contexto de baja inversión privada.
Desaceleración de la inversión privada
Moody's atribuye esta desaceleración a limitaciones estructurales persistentes en sectores como energía, agua, logística y seguridad. También influyen la incertidumbre política derivada de la revisión del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC) y los cambios en el marco institucional, incluida la reforma judicial.
Señales contradictorias del gobierno
En los últimos meses, el gobierno federal ha mostrado un claro interés en impulsar la inversión. La presidenta Claudia Sheinbaum, al inaugurar un polo de desarrollo en Tlaxcala, reconoció que se necesita la participación del sector privado, ya que el Estado no puede hacerlo solo. Se han implementado decretos y esquemas para reactivar la economía. Un ejemplo positivo fue el anuncio de mil millones de dólares de inversión por parte de General Motors México, que trasladará la producción de los modelos Aveo y Groove a Ramos Arizpe, dejando de importarlos desde Asia.
Cancelación de inversión en Mahahual
Sin embargo, horas después de este anuncio, la secretaria de Medio Ambiente, Alicia Bárcena, declaró que su dependencia no autorizaría la inversión de mil millones de dólares de Royal Caribbean en Mahahual, Quintana Roo. La decisión se tomó en medio de cuestionamientos de organizaciones ambientalistas sobre el posible impacto negativo. No obstante, la empresa había presentado un detallado plan de mitigación: sin dragado del arrecife, construcción de una planta de tratamiento de aguas residuales que también beneficiaría a la comunidad local, sistema de ósmosis inversa para agua potable, conservación del 100% de los manglares existentes (45 hectáreas) y programas de protección de tortugas marinas y fauna silvestre.
El proyecto contemplaba utilizar solo el 36% de la superficie, manteniendo el 64% como área natural. A pesar de ello, la autoridad mexicana no ofreció una explicación técnica, solo rechazó la inversión y, de manera cuestionable, invitó a Royal Caribbean a invertir en otro lugar.
Patrón de cancelaciones políticas
Esta no es la primera vez que se cancela una inversión por decisiones políticas. El ejemplo más claro es el aeropuerto de Texcoco: más de siete años después de su cancelación, los resultados son evidentes. Con un costo cercano a los 465 mil millones de pesos, el sistema aeroportuario de la capital es deficiente. En contraste, el impacto ambiental del Tren Maya no fue una preocupación para el gobierno, ni tampoco la reducción del 4% en el presupuesto de la Secretaría de Medio Ambiente en 2026. La Comisión Nacional Forestal, encargada de la conservación de bosques y selvas, vio su presupuesto caer de 7,628 millones de pesos en 2014 a 2,027 millones en 2026, con una inflación acumulada del 70% en ese periodo.
Bipolaridad en la política de inversión
Aunque el gobierno busca reactivar la inversión, sus fobias y cálculos políticos de corto plazo generan contradicciones. Esta bipolaridad envía señales negativas al sector turístico, que podría ser un motor de crecimiento en una economía transformada por la hiperautomatización.



