Madre buscadora Romana: 'Soy una piedrita en el zapato' en la lucha por desaparecidos en Quintana Roo
Romana Rivera Ramírez, una madre buscadora originaria de Balancán, Tabasco, afirma que Quintana Roo le "ha quitado todo", excepto la esperanza de encontrar a su hija, Diana García, desaparecida en 2020, y el compromiso de ayudar a otras familias en situaciones similares. Llegó a Cancún hace más de 15 años huyendo de una relación violenta, buscando seguridad para sus dos hijos, pero el estado se convirtió en el escenario de tragedias personales que la impulsaron al activismo.
Pérdidas y dolor acumulado
Romana expresa que Quintana Roo le arrebató su estabilidad y felicidad. Su hijo falleció por un infarto fulminante en 2015, y su hija Diana desapareció el 22 de febrero de 2020, cuando fue privada de la libertad junto a otro joven en un bar de la Plaza Infinity en Cancún, presuntamente por hombres armados que incluían funcionarios de la Fiscalía General del estado. Además, su hermana menor, Dalia Yasmín Rivera Ramírez, desapareció en 2008 en Tabasco, un hecho que cargó en silencio por años debido al miedo.
Ella renunció a 12 años de trabajo en la Fiscalía de Tabasco para mudarse a Quintana Roo, priorizando la seguridad de sus hijos. Sin embargo, las desapariciones han marcado su vida, dejándola en una casa vacía donde la soledad es palpable. "Hoy tengo un edificio de cuatro paredes, un techo que me cubre del sol y del agua, pero sola, sin mis hijos", lamenta Romana, destacando cómo la incertidumbre ha erosionado su bienestar.
Inicio del activismo y formación de colectivos
Tras la desaparición de Diana, Romana no permaneció en silencio. Tejió vínculos con otras familias afectadas y en julio de 2021 impulsó la creación del colectivo Verdad, Memoria y Justicia, que luego se constituyó como organización civil. Este grupo inició con poco más de una decena de personas y ha crecido hasta incluir a 150 familias, aunque solo unos 20 miembros permanecen activos en búsquedas debido a limitaciones laborales y geográficas.
El colectivo ha dado origen a otros grupos en Quintana Roo, como Madres Buscadoras Quintana Roo y el colectivo de la Zona Continental de Isla Mujeres, visibilizando la crisis de desapariciones en el estado. Romana se ha convertido en un pilar para muchas familias, revisando carpetas de investigación, dando seguimiento a casos, canalizando con autoridades y encabezando búsquedas en campo. "Desde que una persona me pide apoyo, si puedo darle un seguimiento, lo hago", afirma, aunque admite que el proceso la ha vuelto "ruda".
Aprendizaje y exigencia de derechos
Romana se vio obligada a aprender un nuevo lenguaje: el de las leyes, protocolos y derechos humanos. Estudió la Ley General en Materia de Desaparición, la Ley de Víctimas, y procedimientos forenses, utilizando este conocimiento para exigir respuestas concretas a las autoridades. Su estilo firme pero respetuoso la ha convertido en una interlocutora incómoda, evidenciando omisiones y fallas estructurales en los procesos de búsqueda e identificación.
Ella participa en mesas de trabajo con la Secretaría de Gobierno, la Fiscalía General del estado, y la gobernadora Mara Lezama, exigiendo derechos en lugar de pedir favores. "Sé que soy una piedrita en el zapato para muchas autoridades", dice Romana, enfatizando que su lucha es por justicia y dignidad. También aboga por entregas dignas de restos, acompañando a familias desde el hallazgo hasta la identificación con apoyo médico y psicológico.
Impacto en la salud y persistencia en la lucha
El desgaste físico, emocional y económico ha afectado la salud de Romana, quien padece enfermedades crónicas que atribuye al estrés, mala alimentación y constantes traslados. Aun así, se mantiene firme en su búsqueda. "Mi salud se sigue deteriorando, pero mientras no tenga una respuesta, seguiré buscando", declara, resaltando que su fortaleza proviene del deseo de ayudar a otros y encontrar a su hija con dignidad.
Para Romana, la búsqueda no es individual sino colectiva, solidaria y compartida entre familias que enfrentan la misma incertidumbre. Aunque resiente la soledad y las pérdidas, la esperanza de encontrar a Diana la mantiene en pie, impulsándola a seguir acompañando y exigiendo justicia. "Hasta ahorita no he tenido la bendición de encontrar a mi hija, pero la lucha persiste", concluye, reflejando un compromiso inquebrantable en medio de la adversidad.