El humo ya se disipó, pero el olor a quemado sigue impregnado en el aire. Entre restos de lámina retorcida, vidrio hecho añicos y mercancía reducida a cenizas, decenas de mujeres observan lo que hasta hace unos días era su fuente de ingreso, su esfuerzo de años y, en muchos casos, su único patrimonio.
El incendio, que inició durante la noche, avanzó con una rapidez que nadie logró contener. Vecinas y comerciantes relatan que todo ocurrió en cuestión de minutos. Lo que parecía un conato pronto se convirtió en un fuego incontrolable que arrasó con locales, bodegas y viviendas.
Testimonios de pérdida y desesperación
Alejandra, quien habitaba uno de los departamentos, recuerda el momento con angustia. “Escuché que gritaban que se estaba quemando. Salí y ya estaba el fuego. Solo me dio tiempo de agarrar lo poco que pude… intenté salvar a mi gata”, cuenta mientras observa el edificio ennegrecido donde vivió por casi tres décadas. Su hogar quedó completamente destruido.
Como ella, muchas otras mujeres enfrentan hoy una realidad incierta. La mayoría son madres solteras que sostenían a sus familias con pequeños negocios: venta de artículos para fiestas, disfraces, dulces o mercancía diversa. Hoy, todo eso desapareció.
Marisol, comerciante y madre de tres hijas, describe la magnitud de la pérdida con palabras entrecortadas. “Perdimos todo, todo, todo. No quedó nada. Era nuestro patrimonio, de ahí salía para la escuela de mis niñas, para la comida, para la renta”. Su preocupación no es solo el presente, sino los días que vienen: “Tengo que pagar seis mil pesos de renta en mi casa. No sé qué voy a hacer”.
En el lugar, las historias se repiten con distintos nombres, pero con el mismo desenlace: años de trabajo borrados en una sola noche. Algunas mujeres llevaban más de 20 años construyendo sus negocios. Otras apenas comenzaban. Todas coinciden en algo: el esfuerzo fue mucho y la pérdida es total.
Llamas imparables
A pesar de que algunos intentaron apagar el fuego con extinguidores, la intensidad de las llamas hizo imposible cualquier acción. “Teníamos equipo, estábamos organizados, pero no se pudo hacer nada. Era demasiado”, relatan comerciantes que presenciaron el inicio del incendio.
Además de las pérdidas materiales, el impacto emocional es evidente. Varias de las afectadas no han podido contener el llanto al recordar lo ocurrido. Otras permanecen en silencio, sentadas frente a los escombros, como si aún intentaran asimilar la magnitud de lo sucedido.
Vulnerabilidad y falta de apoyo
Entre las afectadas también hay personas en situación vulnerable: adultos mayores, enfermos que requieren tratamientos constantes y familias enteras que dependían de esos espacios para vivir. Hoy, todos enfrentan un panorama incierto.
La ayuda institucional, aseguran, ha sido limitada. Aunque se han realizado censos y labores de limpieza, las afectadas señalan que aún no hay soluciones concretas. Mientras tanto, el apoyo más inmediato ha venido de vecinos, quienes han llevado comida, ropa y artículos básicos. “Nos estamos ayudando entre nosotros, porque de afuera no ha llegado mucho”, comenta una de las comerciantes.
Exigen respuestas
Más allá de las causas del incendio, que aún no han sido esclarecidas, las víctimas coinciden en una exigencia: apoyo real y pronto. No solo para recuperar lo perdido, sino para poder empezar de nuevo. “Queremos trabajar, salir adelante. No pedimos otra cosa”, dice Marisol, con la voz firme pese al cansancio.
En medio de la devastación, lo único que permanece intacto es la voluntad de seguir. Entre cenizas, estas mujeres no solo buscan reconstruir sus negocios, sino también su vida. Sin embargo, saben que no podrán hacerlo solas. Hoy, su mayor demanda es ser escuchadas. Porque detrás de cada local destruido hay una historia, una familia y un esfuerzo que merece una segunda oportunidad.



