Mercurio en ecosistemas marinos: impacto y monitoreo en mamíferos marinos
Mercurio en mares: impacto y monitoreo en mamíferos

El mercurio y su presencia en el medio ambiente

El mercurio es un elemento que se encuentra de forma natural en la corteza terrestre y puede liberarse al aire y al agua mediante procesos naturales como la actividad volcánica, la erosión y la disolución de minerales. Sin embargo, las actividades humanas, especialmente la quema de carbón mineral para la producción de energía eléctrica, son una fuente importante de emisiones de mercurio a la atmósfera. Una vez en el aire, el mercurio se deposita en los ecosistemas marinos, donde puede tener efectos nocivos.

Formas de mercurio y su toxicidad

El mercurio puede formar compuestos inorgánicos y orgánicos. Los compuestos inorgánicos, como las sales de mercurio, se producen cuando el mercurio se combina con elementos como cloro, azufre u oxígeno. Estos suelen ser menos peligrosos que los compuestos orgánicos, que se forman al unir mercurio con carbono. Los compuestos orgánicos de mercurio, como el metilmercurio, son altamente liposolubles, lo que facilita su absorción a través de la piel y el tracto digestivo, aumentando su toxicidad.

Usos históricos del mercurio

El mercurio ha sido utilizado por la humanidad desde tiempos antiguos. En las cuevas de Lascaux y Chauvet en Francia, se usaba sulfuro de mercurio (cinabrio) para obtener pigmentos rojos. Los griegos, romanos, chinos, hindúes y mayas lo empleaban en medicina, como talismán y en rituales funerarios. En la alquimia, era uno de los siete metales conocidos. Más recientemente, se utilizó en amalgamas dentales, termómetros, barómetros, baterías, pinturas y pesticidas.

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Efectos del mercurio en la salud

La Organización Mundial de la Salud (OMS) clasifica al mercurio entre las diez sustancias químicas más preocupantes para la salud pública. Una vez absorbido, el mercurio se distribuye por el torrente sanguíneo y puede dañar el cerebro, interfiriendo en la comunicación neuronal y lesionando la corteza cerebral. También afecta el hígado y los riñones, causando daño celular. Los niveles aceptables en humanos son de 1 a 2 mg/kg.

El desastre de Minamata

Entre 1932 y 1968, la fábrica Chisso en Minamata, Japón, vertió desechos de mercurio al mar, que se transformaron en metilmercurio. Este compuesto se bioacumuló en la cadena alimentaria, afectando a peces, gatos y aves. En 1956, se reportaron síntomas neurológicos en humanos, como falta de coordinación, pérdida de visión y audición, parálisis y muerte, conocidos como enfermedad de Minamata. La pesca se prohibió hasta 1997. Se estima que hasta 2 millones de personas pudieron haber ingerido mercurio. En 2013, la ONU creó el Convenio de Minamata para proteger la salud humana y el medio ambiente, del cual México forma parte desde 2015.

Bioacumulación y biomagnificación en el mar

En los ecosistemas marinos, microorganismos transforman el mercurio en metilmercurio, que entra en la cadena trófica a través de bacterias y fitoplancton. La bioacumulación aumenta la concentración en los tejidos a lo largo de la vida, y la biomagnificación la incrementa en cada nivel trófico. Así, los depredadores tope, como los mamíferos marinos, presentan las concentraciones más altas.

Mamíferos marinos como especies centinelas

Los mamíferos marinos son indicadores de la contaminación por mercurio debido a su longevidad, posición en la cadena trófica y capa de grasa. Especies como el delfín listado, la tonina, la beluga, el narval, la morsa, el oso polar y el lobo marino de California han sido estudiadas. Las mayores concentraciones de mercurio se han reportado en el delfín listado y la tonina del Mediterráneo (hasta 5,374 μg/g), mientras que en el Ártico son más bajas (5-264 μg/g).

Mecanismo de desintoxicación

Los mamíferos marinos pueden neutralizar el mercurio uniéndolo con selenio, formando cristales insolubles que facilitan su excreción. Sin embargo, este mecanismo tiene límites, ya que el selenio es un nutriente esencial para la función tiroidea y el sistema inmune. Una deficiencia de selenio podría afectar la salud.

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El caso del Golfo de California

En México, el Golfo de California es un ecosistema productivo pero expuesto a contaminación por minería, termoeléctricas, agricultura y turismo. El lobo marino de California, un depredador tope residente, se utiliza como especie centinela. Las crías están expuestas al mercurio a través de la leche materna, y los análisis de pelo muestran concentraciones variables entre colonias. Las más altas se han detectado en el Alto Golfo (9.45-14.1 μg/g), aunque en Granito se encontraron 139 μg/g y en Los Islotes 23.4 μg/g. Se ha observado una correlación entre los niveles de mercurio y selenio, posiblemente por el mecanismo de desintoxicación.

Importancia del monitoreo continuo

Aunque los niveles en el Golfo de California son menores que en el Mediterráneo, es crucial monitorear el mercurio y determinar los niveles tolerables para el lobo marino. El metilmercurio es la forma más tóxica en el ambiente marino. Las especies centinelas alertan sobre cambios ambientales que también afectan a los humanos, ya que muchos peces consumidos por los mamíferos marinos son parte de la dieta humana.

Desde los alquimistas hasta el desastre de Minamata, el mercurio ha demostrado su versatilidad y peligro. El monitoreo constante en el ambiente marino y en los mamíferos marinos es esencial para proteger la salud de los ecosistemas y de las personas.