Donde antes había troncos secos y lodo salitroso, hoy comienza a renacer la vida en Yucatán. Familias y ejidatarios restauran más de 100 hectáreas de manglar dañadas por los huracanes Gilberto e Isidoro.
Restauración de manglares en Yucatán avanza con trabajo comunitario
En San Ignacio Petzbalam, comisaría de Timul, en el municipio de Motul, ejidatarios trabajan con investigadores del Cinvestav para recuperar zonas afectadas por años de abandono ambiental. El proyecto contempla tres zonas: manglar de cuenca, áreas de Petén y una franja cercana al camino, informó Eduardo Batllori, investigador del Cinvestav.
De acuerdo con el especialista, los trabajos comenzaron en marzo e incluyen más de 5 mil metros lineales de canales de drenaje y 24 tarquinas, terrenos elevados que ayudan a evitar que el mangle se ahogue durante inundaciones.
Manglares protegen la costa de Yucatán
Especialistas estiman que cerca del 30% de los manglares originales de Yucatán está degradado o severamente alterado. Esto representa más de 25 mil hectáreas afectadas, aunque algunos estudios advierten que la cifra podría superar las 30 mil hectáreas en las últimas décadas.
Los manglares funcionan como “muros verdes” ante el cambio climático. Una franja de apenas 100 metros puede reducir hasta dos terceras partes del impacto del oleaje durante tormentas y huracanes. También son refugio y zona de crianza para peces, camarones, aves y otras especies importantes para la pesca y el equilibrio ambiental.
Ejidatarios restauran manglares para nuevas generaciones
Para la comunidad, el proyecto también significa empleo, luego del cierre de maquiladoras y años con pocas oportunidades. Doña Yolanda Crespo, ejidataria de 67 años, participa cada domingo en las jornadas. Señaló que el trabajo ayuda a que entre agua dulce, haya más oxígeno y baje la salinidad para que las plantas crezcan.
La ejidataria dijo que esta labor es para sus nietos y bisnietos, aunque quizá su generación ya no vea todos los resultados. Mientras el cambio climático amenaza las costas de Yucatán, estas comunidades muestran que recuperar el manglar también transforma vidas.
Con este esfuerzo colectivo, los pobladores no solo restauran el ecosistema, sino que también fortalecen su economía local y aseguran un futuro más sostenible para las próximas generaciones. La iniciativa demuestra que la colaboración entre ciencia y comunidad puede revertir el daño ambiental y generar esperanza en regiones vulnerables.



