Crisis Financiera Sin Precedentes en la ONU Amenaza su Funcionamiento Global
La Organización de las Naciones Unidas (ONU) se encuentra sumida en una de las crisis financieras más severas de su historia, una situación que pone en riesgo directo su operatividad en un contexto internacional marcado por conflictos armados, crisis humanitarias y crecientes tensiones geopolíticas. El secretario general, António Guterres, ha emitido una advertencia clara: la falta de liquidez, provocada principalmente por cuotas impagadas de los Estados miembros y por normas presupuestales excesivamente rígidas, podría dejar al organismo completamente sin fondos operativos hacia julio del presente año 2026.
La Estructura Financiera y el Peso de las Deudas
El presupuesto regular de la ONU depende fundamentalmente de las aportaciones obligatorias de sus 193 países miembros, las cuales se calculan meticulosamente con base en el tamaño y la capacidad económica de cada nación. Estados Unidos se mantiene como el principal contribuyente individual, responsable del 22% del presupuesto regular, lo que equivale a aproximadamente 820 millones de dólares anuales. Le siguen en importancia China, Japón, Alemania y el Reino Unido. Estos recursos son vitales para financiar una amplia gama de programas esenciales que incluyen desarrollo sostenible, promoción de los derechos humanos, iniciativas de desarme y, por supuesto, el funcionamiento institucional básico de la organización.
A este presupuesto base se suma el presupuesto específico para las costosas operaciones de mantenimiento de la paz en zonas de conflicto. Sin embargo, la organización enfrenta actualmente un déficit crítico y alarmante. Estados Unidos adeuda alrededor de 2,200 millones de dólares, una cifra que representa aproximadamente el 95% del total de las cuotas anuales que permanecen impagadas. Esta situación de morosidad se agravó significativamente durante la administración del presidente Donald Trump, la cual impulsó recortes drásticos, abandonó agencias clave como la Organización Mundial de la Salud (OMS) y la UNESCO, y amenazó abiertamente con reducir el financiamiento a las misiones de paz de la ONU.
Un Problema Colectivo y sus Consecuencias Inmediatas
Aunque Washington concentra la mayor parte de la deuda, no es el único país moroso. Al menos 39 naciones han perdido su derecho al voto en la Asamblea General debido al incumplimiento crónico de sus obligaciones financieras. Incluso México mantiene un adeudo pendiente cercano a los 20 millones de dólares desde el año pasado. Los especialistas en relaciones internacionales advierten que esta crisis revela problemas estructurales profundos dentro del organismo, destacando su excesiva dependencia financiera de un puñado de grandes potencias.
Eduardo González, analista del Tecnológico de Monterrey, considera que el impago estadounidense constituye una forma clara de presión política. Por su parte, Miguel Sigala, académico de la Universidad de Guadalajara, señala que este deterioro financiero refleja una reconfiguración más amplia del orden internacional, donde el multilateralismo cede terreno. Las consecuencias de la escasez de recursos son tangibles y graves: la ONU se ve forzada a considerar despidos de personal, recortes operativos sustanciales y una reducción peligrosa de sus misiones humanitarias y de mantenimiento de la paz en todo el mundo.
Reconfiguración Forzada y Competencia de Otros Foros
Nadine Cortés, consultora especializada en relaciones internacionales, apunta que este colapso financiero, si bien no pone en riesgo inmediato la continuidad de la ONU como organismo, la obligará a entrar en una fase de "reconfiguración operativa obligada". Este proceso podría, paradójicamente, convertirla en un ente más ágil y eficiente en la resolución de conflictos para recuperar su credibilidad. Cortés destaca que foros alternativos como el G20 están desplazando progresivamente a la ONU, tomando más decisiones en ámbitos que antes eran dominio casi exclusivo de las Naciones Unidas, incluyendo el cambio climático y la seguridad global.
La experta explica que el organismo tiene programado un presupuesto de 3,450 millones de dólares para 2026. Estos recursos se destinan a la operatividad de sus 474 sedes globales, que emplean a 36,000 personas, además de cubrir reuniones y gastos administrativos. Programas cruciales como la ayuda humanitaria y el mantenimiento de la paz dependen en gran medida de agencias especializadas como la OMS, la UNESCO y el ACNUR, las cuales buscan autofinanciación y donaciones voluntarias, viéndose también severamente afectadas por la retirada de fondos.
El Ascenso del Nacionalismo y la "Junta de la Paz"
El debilitamiento de estas agencias responde, según los analistas, a una combinación de falta de financiación y al ascenso de un discurso nacionalista que se aleja de la cooperación internacional. Un ejemplo emblemático de esta tendencia es la creación de la "Junta de la Paz", una iniciativa lanzada por el expresidente Donald Trump destinada a resolver conflictos mundiales, comenzando por el de Gaza. Esta junta, que prevé su primera reunión en Washington y busca recaudar fondos para la reconstrucción de Gaza, es vista por muchos países, especialmente europeos, como un mecanismo que debilita deliberadamente el rol y la autoridad de la ONU.
Miguel Sigala advierte que la incertidumbre financiera no es un fenómeno nuevo, sino que se ha arrastrado desde al menos 2015. "Nunca desarrolló independencia financiera y en el diseño original tampoco tiene independencia política", afirma, señalando un deterioro paulatino que es sintomático de la reconfiguración actual del sistema internacional. La aportación de Estados Unidos sigue siendo clave para la supervivencia operativa de la ONU, pero la falta de un consenso político a favor de las instituciones multilaterales en Washington genera un escenario de gran incertidumbre.
Impacto en Agencias Especializadas
La crisis financiera tiene un efecto cascada en las agencias de la ONU:
- UNESCO: Estados Unidos confirmó su retirada de esta agencia cultural y educativa, efectiva el 31 de diciembre de 2026, argumentando que no contribuye a sus intereses nacionales.
- OMS: La Organización Mundial de la Salud prevé recortar su presupuesto en un 20% tras la retirada de su principal donante, lo que implica reducir misiones y personal ante una pérdida de ingresos estimada en 600 millones de dólares para 2025.
- UNICEF: El Fondo de Naciones Unidas para la Infancia alerta que los recortes en la Ayuda Oficial al Desarrollo podrían alcanzar los 3,200 millones de dólares este año, afectando a más de 6 millones de niñas y niños y aumentando la cifra de quienes están fuera de la escuela.
En conclusión, la ONU se enfrenta a una encrucijada histórica donde su viabilidad financiera y su relevancia política están en juego. La dependencia de las grandes potencias, el auge del nacionalismo y la competencia de otros foros internacionales plantean un desafío existencial que requerirá una transformación profunda para que el organismo pueda seguir cumpliendo su mandato de mantener la paz y la seguridad internacionales en el siglo XXI.