La tradición británica de cortar la cabeza al líder en tiempos de descontento —literalmente al rey Carlos I y en sentido figurado (dimisión) hasta siete primeros ministros— podría ocurrir en cuestión de días, tras la rebelión interna de los laboristas contra el premier Keir Starmer, después de la debacle en las elecciones municipales en Inglaterra y regionales en Gales.
Presión interna para la renuncia
Al menos 70 diputados laboristas pidieron públicamente este lunes la renuncia del impopular premier y que sea sustituido por un candidato de consenso para intentar levantar la imagen del partido y retener el poder más allá de las elecciones de 2029. Si la cifra llega a 81, la renuncia sería obligatoria y, según las reglas internas del Partido Laborista, se pondría en marcha automáticamente un proceso de primarias.
Reunión clave este martes
Starmer reunirá a sus ministros este martes para la reunión habitual de cada semana, pero todo indica que será entonces cuando se acelere el final del mandato del actual primer ministro. Al menos uno de los miembros de su Gobierno, la ministra del Interior, Shabana Mahmood, le ha transmitido ya personalmente la necesidad de que establezca un calendario de retirada, para que los laboristas puedan elegir con tiempo y tranquilidad un nuevo líder y, por ende, un nuevo jefe de Gobierno. Según varios medios británicos, la posición de la ministra, compartida por algunos colegas, sería aún minoritaria en el seno del Ejecutivo.
Discurso insuficiente
Starmer trató de enfrentar las críticas internas con un discurso este lunes en el que estableció las prioridades de su gobierno para el resto de la legislatura y prometió, entre otras cosas, poner al Reino Unido “en el corazón de Europa” tras el Brexit. Sin embargo, las palabras del líder laborista parecieron no ser suficientes para mitigar las presiones que enfrenta desde sus propias filas. La diputada laborista Catherine West lanzó este sábado un ultimátum y dijo que, si ninguno de los actuales ministros del gabinete de Starmer se postulaba como próximo líder, ella misma trataría de agrupar el respaldo necesario de 81 personas —correspondientes al 20% del total de diputados laboristas— para forzar unas primarias.
Ultimátum de Catherine West
Este lunes, West dijo que el discurso de Starmer fue “demasiado poco y demasiado tarde” y notificó formalmente al resto de los diputados que estaba recabando nombres para solicitar al primer ministro que establezca un calendario para la elección de un nuevo líder en septiembre.
Derrota electoral y pérdida de apoyos
Las dudas sobre la continuidad de Starmer al frente del Gobierno británico se incrementaron después de perder casi 1,500 concejales en los comicios locales parciales de Inglaterra y experimentar una dura derrota en su feudo histórico de Gales, bajo poder laborista desde 1999, donde pasaron a ser la tercera fuerza más votada, con solo 9 escaños.
Starmer se muestra desafiante
“No voy a ignorar el hecho de que muchas personas duden de mí o estén frustradas conmigo, dentro de mi propio partido, pero voy a demostrarles que están equivocados”, dijo desafiante Starmer a las voces que reclaman su dimisión. Starmer llegó al poder tras el hartazgo de los británicos después de 14 años de gobiernos conservadores, salpicados de escándalos. Sin embargo, las encuestas anuncian que los laboristas, que ganaron las elecciones en julio de 2024, no están en condiciones de volver a ganar.
Peligra el bipartidismo histórico
Las elecciones del domingo también reflejan una creciente desafección de los británicos hacia el sistema bipartidista liberal-conservador, que podría saltar por los aires si prosigue la racha imparable del partido xenófobo Reform UK, del populista Nigel Farage, quien fue el principal impulsor del Brexit y apuesta por la expulsión de millones de inmigrantes, siguiendo la estela de su amigo Donald Trump en Estados Unidos.



