México en el filo de la navaja: soberanía versus presión estadounidense
La presidenta Claudia Sheinbaum enfrenta uno de los dilemas más complejos de la política exterior mexicana: mantener los principios de soberanía y autodeterminación mientras navega las imposiciones geopolíticas de su poderoso vecino del norte. Las palabras que durante décadas han resonado en el discurso revolucionario y transformador mexicano ahora chocan contra la realidad de las amenazas arancelarias del gobierno de Donald Trump.
El ultimátum petrolero que forzó un cambio de estrategia
Durante años, México mantuvo un donativo permanente de petróleo a Cuba, una práctica que Washington decidió penalizar severamente a principios de año. El rotativo New York Times documentó en su edición del 30 de enero cómo las nuevas sanciones estadounidenses dejaban al gobierno cubano sin fuentes alternativas reales para obtener el combustible necesario, arriesgando un colapso económico aún mayor en la isla.
"El anuncio del jueves 29 parecía dirigirse en gran medida a México", señaló el periódico neoyorquino, destacando que nuestro país era uno de los pocos en el mundo que todavía suministraba crudo a Cuba. La prensa internacional mencionó inicialmente que este intercambio se realizaba a cambio de servicios médicos cubanos, pero la realidad es más compleja: los profesionales de la salud cubanos sí reciben remuneración, aunque los fondos permanecen en manos del gobierno habanero.
La respuesta mexicana: ayuda humanitaria y diplomacia
Frente a la disyuntiva de acatar las sanciones o enfrentar millonadas en aranceles, el gobierno mexicano encontró una salida que Sheinbaum calificó como "soberana". A principios de enero, cesaron las entregas de petróleo, pero inmediatamente activaron un mecanismo alternativo.
"La presidenta de México informó que este día arribarían a Cuba los barcos de la Secretaría de Marina que transportan ayuda humanitaria", se divulgó en medios nacionales. Sheinbaum destacó que este apoyo forma parte de la política solidaria del país ante situaciones de necesidad en la región, aunque no detalló el contenido específico del cargamento ni su costo para las arcas nacionales.
La mandataria fue clara en su postura: "México reafirma de manera inequívoca el principio de soberanía y la libre autodeterminación de los pueblos, pilar fundamental de nuestra política exterior". Al mismo tiempo, advirtió que penalizar a los países por suministrar petróleo a Cuba afectaría directamente hospitales, alimentos y servicios básicos para el pueblo cubano.
México como potencial mediador internacional
En un movimiento diplomático adicional, Sheinbaum reiteró que México está dispuesto a fungir como intermediario para facilitar un diálogo entre Estados Unidos y Cuba. "Estamos insistiendo en que México puede funcionar como el estado, la nación que abra las puertas para que se desarrolle este diálogo", afirmó la presidenta.
Esta oferta representa una jugada estratégica de gran astucia: si Estados Unidos otorga esa confianza a México, difícilmente podría maltratarlo posteriormente. El país se protege así con una mesa de negociación donde pasa de ser espectador a actor relevante en el conflicto bilateral.
El delicado equilibrio de la soberanía relativa
La situación expone la compleja realidad de la soberanía mexicana en el contexto geopolítico actual. Como señaló un analista político: "Soberanos, soberanos lo que se dice soberanos, pues no tanto". México accedió -a regañadientes- a suspender el suministro de petróleo, pero mantiene el respaldo con otras mercancías no contenidas en el veto estadounidense.
El gobierno mexicano opera así en el filo de la navaja, buscando proteger sus principios mientras evita confrontaciones costosas. Sheinbaum adelantó que, una vez que los barcos regresen de Cuba, se enviará un nuevo cargamento con más asistencia de distinto tipo, demostrando que la solidaridad con la isla continúa, aunque mediante canales diferentes.
Esta aproximación refleja cómo la presidencia actúa con sagacidad frente a una soberanía que, en la práctica, debe negociarse y dosificarse ante las realidades del poder global. Una cosa es tener soberanía teórica y otra muy distinta jugar estratégicamente en favor de esa soberanía dentro de los límites que imponen las relaciones internacionales contemporáneas.