La revelación de María Elena Saldaña sobre su diagnóstico de hiperlaxitud ligamentaria ha generado una conversación que trasciende el estado de salud de 'La Guereja'. Detrás de este nombre técnico se encuentra un padecimiento poco comprendido, que en su forma más visible se confunde con simple flexibilidad, como la de los contorsionistas, pero que en otros casos deriva en un cuadro doloroso, crónico y sin cura definitiva.
¿Qué es la hiperlaxitud ligamentaria?
De acuerdo con la Secretaría de Salud, la hiperlaxitud articular afecta entre el 5 y el 15% de la población, con mayor incidencia en mujeres que en hombres. Sin embargo, la mayoría de las personas hiperlaxas nunca presenta complicaciones. Se estima que solo entre el 5 y el 10% desarrolla el llamado 'síndrome de hiperlaxitud articular', que ocurre cuando la elasticidad excesiva comienza a traducirse en dolor, esguinces recurrentes y luxaciones. Saldaña pertenece a ese grupo minoritario.
Causas de la hiperlaxitud
La causa exacta no está confirmada, pero la hipótesis más respaldada apunta a una mutación genética en las fibras de colágeno, el tejido conjuntivo que da firmeza a ligamentos, tendones, vasos sanguíneos y piel. Cuando ese colágeno no se forma adecuadamente, las articulaciones pierden estabilidad: los huesos no se sostienen con la firmeza habitual y, ante movimientos cotidianos o esfuerzos mínimos, pueden salirse de su sitio. Esto explica lo que Saldaña relató en su entrevista con TV Notas: su primer episodio ocurrió a los 13 años, una edad consistente con el patrón médico documentado, que señala que los síntomas suelen aparecer en la infancia o adolescencia y persistir por temporadas durante toda la vida. También explica por qué la actriz ha aprendido a 'acomodarse' el hombro sola, una habilidad que desarrollan algunos pacientes con luxaciones recurrentes, sobre todo en hombros, rótulas y articulación temporomandibular.
Diagnóstico y diferenciación
Los especialistas utilizan la escala de Beighton, una serie de nueve maniobras que evalúan la movilidad de codos, rodillas, pulgares, meñiques y columna. Sumar más de cuatro puntos confirma la hiperlaxitud. Pero el diagnóstico no termina ahí: el médico debe descartar enfermedades del tejido conectivo más graves, como los síndromes de Ehlers-Danlos o Marfan, que también cursan con hipermovilidad pero pueden venir acompañadas de complicaciones vasculares, oculares o de piel potencialmente serias. El cuadro que describe la actriz —luxaciones repetidas, dolor articular, episodios desde la adolescencia— encaja con lo que la literatura médica anglosajona llama 'síndrome de hipermovilidad benigno'. El término 'benigno' no significa que sea menor: implica que no compromete órganos vitales, pero sí condiciona la vida diaria, el rendimiento físico y, en casos como el suyo, el ejercicio profesional.
Tratamiento y manejo
No existe cura, y ese es uno de los puntos más duros del diagnóstico. Pero el manejo es posible. Los protocolos médicos recomiendan tonificar la musculatura para que supla la falta de sujeción de los ligamentos, atender la higiene postural para prevenir desviaciones de columna, usar plantillas en caso de pie plano —una manifestación común del síndrome— y, en deportistas, recurrir a tobilleras o rodilleras. El acompañamiento de un fisioterapeuta resulta clave cuando el dolor interfiere con la rutina. Para el dolor agudo, analgésicos y antiinflamatorios; para el manejo cotidiano, frío o calor según el episodio. Lo que ningún tratamiento puede hacer es devolverle al colágeno la firmeza que nunca tuvo.
Importancia de visibilizar la condición
La decisión de Saldaña de hacer público su padecimiento no es menor. Las caídas que protagonizó en los últimos seis meses, antes de la revelación, circularon en redes como anécdotas o tropiezos sin contexto. Hoy tienen una explicación médica que, además, le da visibilidad a una condición sub-diagnosticada que muchas mujeres atraviesan sin saber que tiene nombre. La actriz ha sido clara: no piensa retirarse. Sí ha contemplado periodos de pausa, dedicarse a la jardinería, buscar una vida más tranquila. Pero por ahora elige seguir trabajando, ajustando los proyectos a lo que su cuerpo le permite. En un medio donde la exigencia física rara vez se cuestiona, su testimonio funciona también como un recordatorio: detrás de cada caída pública puede haber una historia clínica de décadas.



