El Cerebro y las Cosquillas: Por Qué No Podemos Hacérnoslas a Nosotros Mismos
Por Qué No Podemos Hacernos Cosquillas a Nosotros Mismos

El Cerebro y las Cosquillas: Por Qué No Podemos Hacérnoslas a Nosotros Mismos

Es una de las curiosidades más comunes del cuerpo humano: si alguien más nos toca las costillas o los pies, estallamos en risas y movimientos frenéticos; pero si intentamos hacerlo nosotros mismos, la sensación es prácticamente nula. ¿Por qué el cerebro sabotea nuestro intento de hacernos reír? La respuesta no es una falla de nuestro sistema, sino una muestra de la eficiencia extrema de nuestra mente.

El Papel del Cerebelo en la Cancelación Sensorial

La clave de este fenómeno reside en una estructura ubicada en la base del cerebro: el cerebelo. Esta parte del sistema nervioso central es la encargada de monitorear nuestros movimientos y, lo más importante, de predecir las sensaciones que estos van a causar. Cuando decides mover tu mano para tocarte el costado, el cerebelo envía una señal inhibitoria a la corteza somatosensorial, la zona que procesa el tacto.

Básicamente, tu cerebro genera una copia de eferencia o una predicción del contacto. Como el cerebro ya sabe exactamente dónde, cuándo y con qué intensidad te vas a tocar, decide que esa información no es importante y cancela la respuesta sensorial. Este proceso es un ejemplo de la economía de la atención del cerebro, que prioriza estímulos externos para evitar sobrecarga.

El Factor Sorpresa y la Supervivencia Evolutiva

Las cosquillas dependen fundamentalmente del factor sorpresa. Evolutivamente, la sensibilidad a las cosquillas está ligada a un mecanismo de defensa. Existen dos tipos principales:

  • Knismesis: Es la sensación de hormigueo leve, como una pluma o un insecto caminando. Sirve para alertarnos de posibles parásitos o peligros en la piel.
  • Gargalesis: Es la respuesta más intensa y pesada que provoca risa. Algunos científicos sugieren que es un mecanismo de aprendizaje social y de defensa que nos enseña a proteger zonas vulnerables del cuerpo, como el cuello o el abdomen.

Si pudiéramos hacernos cosquillas a nosotros mismos, nuestro sistema de alerta estaría constantemente disparando alarmas innecesarias ante cada movimiento propio, lo que sería un caos sensorial. Este filtro inteligente permite al cerebro distinguir entre acciones propias y amenazas externas, optimizando la supervivencia.

Excepciones y Casos Curiosos

Curiosamente, la ciencia ha encontrado que existen situaciones muy específicas donde esta cancelación no ocurre del todo:

  1. Condiciones neurológicas: Algunas personas con esquizofrenia pueden llegar a hacerse cosquillas a sí mismas. Esto ocurre porque su cerebro tiene dificultades para distinguir entre las acciones iniciadas por ellos mismos y las fuerzas externas.
  2. El paladar: Algunas personas reportan que pueden generar una ligera sensación de cosquilleo si pasan la lengua por el cielo de la boca, aunque nunca llega a ser tan intensa como la provocada por un tercero.
  3. Uso de tecnología: En experimentos de laboratorio, se ha logrado que personas se hagan cosquillas usando un brazo robótico que introduce un pequeño retraso de milisegundos entre el movimiento de la persona y el toque del robot. Ese desfase temporal es suficiente para engañar al cerebelo y generar la reacción.

Conclusión: Un Mecanismo de Control Cerebral

En resumen, no podemos hacernos cosquillas porque nuestro cerebro es un experto en economía de la atención. Al ignorar las sensaciones que nosotros mismos producimos, la mente queda libre para detectar amenazas externas. Es, en última instancia, un mecanismo de control que nos permite distinguir nuestro propio cuerpo del resto del mundo, evitando distracciones innecesarias y manteniendo un equilibrio sensorial óptimo.