Dilema oficialista ante presión de EE.UU. en T-MEC y narcotráfico
Dilema oficialista: presión de EE.UU. en T-MEC y narcotráfico

Cuando en 1984 el periodista Alan Riding publicó su famoso libro "Vecinos Distantes", la esperanza era que Estados Unidos y México abandonaran su indiferencia mutua y se enfrascaran en una relación mutuamente benéfica. Una década después, ambos países decidieron que sus destinos estaban imbricados y que la cooperación en comercio, inversión, migración, energía, medio ambiente, seguridad nacional y narcotráfico era clave para el desarrollo de ambas naciones. Con tensiones, así fue. Desde Clinton hasta Bush hijo, pasando por Obama y Biden, e incluso durante la primera administración Trump, las relaciones bilaterales se elevaron a tal grado que México se convirtió en el principal socio comercial de Estados Unidos, algo impensable en 1984. Una característica de este nuevo arreglo fue que, pese a las diferencias de poder, la relación se mantuvo entre países soberanos en igualdad.

Cambio de ecuación con Trump

Ahora, varios signos indican que el regreso de Trump al poder en 2024 podría alterar la ecuación. Ya se observa en la negociación del T-MEC: la presión sobre el gobierno mexicano para alinearse a los intereses económicos de Washington es cada vez más evidente. Así debe entenderse la reciente acusación formal de Estados Unidos contra el gobernador de Sinaloa, Rubén Rocha Moya, por presuntos vínculos con el narcotráfico y el Cártel de Sinaloa. El Departamento de Justicia estadounidense ha solicitado a México la detención del mandatario y de otros nueve funcionarios o exfuncionarios estatales. Se le acusa de colaborar con organizaciones criminales para enviar drogas a Estados Unidos y de delitos relacionados con armas; de ser hallado culpable, la pena mínima sería de 50 años de prisión.

Acusaciones creíbles y reacciones

Esta acción no ocurre en el vacío. Existen acusaciones creíbles contra el gobernador por su posible involucramiento en el tráfico de estupefacientes. A la luz de esto, no parece haber sido buena idea que el oficialismo tolerara las conductas del mandatario sinaloense. Mientras la Secretaría de Relaciones Exteriores (SRE) cuestionó la falta de pruebas, la Fiscalía General de la República (FGR) evalúa las solicitudes de detención enviadas por Washington.

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El callejón sin salida de la Presidenta

Como resultado, el presidente estadounidense parece tener la ventaja. La Presidenta se encuentra en un callejón sin salida: si no coopera con Washington, la administración Trump inculpará a más miembros de la clase política en el gobierno, debilitando su imagen interna, aunque se envuelva en la bandera mexicana. Por otro lado, si coopera extraditando a Rocha Moya, este podría revelar información que comprometa aún más al oficialismo. No sería exagerado argumentar que esto debilita la posición mexicana en la negociación del T-MEC. Muchos advertimos de este riesgo. Larga es la mano del destino.

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