El instante. La porción brevísima de tiempo en la que, por ejemplo, sucede la acción para que el balón de fútbol termine dentro de la portería, solo para que, sin que medie apenas un instante, la multitud reaccione y grite: ¡gol! Todo lo previo valió la pena, se olvida: el costo del boleto para entrar al estadio o simplemente pagar lo necesario para ver el partido por la televisión. En el instante cabe el premio buscado, y tal vez merecido.
El instante como valor político
Qué importa lo que el gobernante, mujer u hombre, haya informado “al pueblo”, o si mintió, exageró o si es conocida su corrupción; al final tiene a su alcance el grito equivalente a ¡gol!, el instantáneo: ¡Que viva México! (viva al que se puede añadir, según la geografía, Jalisco o Tlaxcala). La búsqueda cotidiana, para los políticos, del instante salvífico: un dato les sirve y, si no se presenta por su cuenta, lo fabrican.
El instante en una lámina de PowerPoint
Ayer fue el día —es una muestra ficticia— con menos homicidios dolosos de la última quincena; para ellos, esto vuelve irrelevante que, a lo largo de los últimos veinte años, la tasa de este crimen se mantenga al nivel de un país muy violento. De acuerdo con el INEGI, en 2004 era nueve por cada cien mil habitantes; en 2018, 29 (la más alta), y en 2024, 25 por, digamos, para todas las cifras, aproximadamente, por la calidad de las fuentes oficiales. Para contrastar, en Estados Unidos la misma tasa, de 2004 a 2024, varió de cuatro a siete. Pero el instante anhelado no es el dato, sino el momento en que afirman: gracias a mi Gobierno, etcétera. Quedan en ellos resabios de prudencia y todavía no llegan a exclamar: ¡viva mi Gobierno!
Está bien, podemos ponernos poéticos y coincidir en que la vida es una suma de instantes; para estos menesteres la poesía se complica cuando solo tomamos aquellos que le vienen bien a nuestra circunstancia específica, haciendo a un lado la historia, pretendiendo que ese instante que nos parece luminoso alcanza para olvidar lo pasado o para simular que no existe otra cosa que lo contenido en ese instante, a pesar de las evidencias.
Celebración de la disminución de la pobreza
Supongamos que los gobiernos, de los tres órdenes, celebran la disminución de la pobreza; basta recorrer cualquier pueblo o ciudad para comprobar que es de vergüenza mínima que contengan el festejo. Este ejercicio de sobreponer a la realidad un instante-espejismo es más constante con la seguridad pública. Hace unas semanas, la Presidenta montó su instante Excel para mostrar que los desaparecidos no son tantos. Ayer mismo anunció, satisfecha, que a escala nacional la percepción de inseguridad disminuyó, atenida a la medición que el INEGI hace con la trimestral Encuesta Nacional de Seguridad Pública Urbana (ENSU) y cuya más reciente publicación sucedió el viernes 24 de abril.
La fantástica reducción de la percepción de inseguridad
La fantástica —por la fantasía que entraña— reducción entre diciembre de 2025 y marzo de este año fue de 2.3 puntos. 63.8 por ciento dijeron hace cuatro meses sentirse inseguros; hace un mes quedó en 61.5. ¿Es de festejar que seis de cada diez no se sientan seguros? El truco está, ya quedó dicho, en que aquello loable es el instante representado por menos 2.3, que les permite presumir su gestión. Nomás que el instante que en la mañanera se solemniza pierde la gracia al ponerlo ante un plazo más largo: en el mismo mes de 2024, el porcentaje de personas que se percibían inseguras fue 61.9; es decir, cuatro décimas más bajo que el de 2025, pero ¿a quién le importan las comparaciones con instantes pretéritos que no invitan a entonar un tedeum?
La mala noticia para Jalisco
La mala noticia fue que a la fiesta de alcance nacional no fueron invitadas todas las noventa y una “ciudades de interés”, como llama el INEGI a las áreas urbanas en las que hace su estudio. Para el caso de Jalisco: Guadalajara, Tonalá, Zapopan y Puerto Vallarta tuvieron incrementos destacables en la mala percepción de la seguridad, al grado que Guadalajara fue la segunda en la que más alta: nueve de cada diez se dijeron en algún grado inseguros (90.2), únicamente debajo de Irapuato (92.1). En Puerto Vallarta, la diferencia entre diciembre de 2025 y marzo de 2026 fue muy grande: de 32.0% a 59.9%.
El azar y la percepción de seguridad
En esta debacle de la percepción de seguridad intervino un tanto el azar: la encuesta comenzó a levantarse el 23 de febrero, un día después del domingo aciago en el que las autoridades intentaron capturar al “Mencho” en Tapalpa y terminó muerto. Para la zona metropolitana de Guadalajara y para Puerto Vallarta, para muchos sitios en el estado, esas dos jornadas fueron terribles; la ENSU lo demuestra. Pero dos meses antes, en diciembre, la suerte estuvo del lado de las autoridades de la ciudad: las entrevistas para el estudio que abarcó el último trimestre de 2025 se hizo entre el 26 de noviembre y el 16 de diciembre, trece días antes de la balacera de película en la que murieron varias personas cerca del céntrico Mercado de Abastos.
Explicaciones selectivas
No perdamos de vista un asunto peculiar: cuando la percepción de inseguridad crece, las autoridades tienen a la mano explicaciones puntuales; lo atribuyen a hechos de sangre muy comentados y a la nota roja de los medios de comunicación, a los que suelen culpar de que la gente no encuentre sosiego si de seguridad se trata. En cambio, cuando suponen que un dato les es favorable, ya sea para afirmar que la incidencia delictiva se redujo o que son menos las personas que se sienten inseguras o las desaparecidas, no son capaces de explicar a qué se debe, más allá de asegurar que es gracias a ellas, a ellos.
¿Y si por un instante pensaran en el largo plazo, pasado y futuro? ¿Y si por un instante pensaran en las víctimas?



