Dennis Kelly, "Amor y Dinero" Especial En la obra teatral IA, Inteligencia Actoral, escrita y dirigida por Flavio González Mello en 2024, el actor Roberto Beck interpretaba simultáneamente a un actor humano destinado a representar a Hamlet y a su doble artificial: un "reemplazoide" construido a su imagen y semejanza para sustituirlo en escena. La obra imaginaba, con ironía y desasosiego, un futuro donde incluso la particularidad irrepetible del actor podía ser replicada por una máquina. La destreza actoral de Beck mostrada en ese entonces, su sorprendente capacidad para saltar de personaje de un momento a otro, y lo mismo comportarse y hablar como un robot, o bien como un ser humano, anunciaban un talento artístico excepcional, que ahora se confirma al pasar con esmerada precocidad de la actuación a la dirección de escena.
Un debut prometedor
Este joven actor egresado de CasaAzul -ahora también director- asumió la responsabilidad de dirigir la adaptación mexicana de la obra del dramaturgo británico Dennis Kelly, Amor y Dinero, una obra que data del 2006, para lo cual incorporó en el elenco al propio González Mello, y a la actriz Dobrina Kristeva, también parte del talento que participó IA, Inteligencia Actoral. La presencia en la obra de estas dos figuras consagradas de la escena teatral mexicana (cuyo estrenó ocurrió esta misma semana y se estará presentando en La Teatrería de la Colonia Roma hasta principios de julio) representa una suerte de apadrinamiento y espaldarazo a quien ya promete convertirse en una figura notable del teatro mexicano contemporáneo.
Contexto original de la obra
Love and Money -su título original- apareció en la escena británica como una pieza feroz sobre los demonios del consumismo compulsivo, las deudas asfixiantes y la devastación emocional en la era del capitalismo tardío. La crítica inglesa la leyó entonces como una sátira oscura sobre el Reino Unido posterior al thatcherismo y sobre una generación atrapada entre el crédito fácil y la ansiedad aspiracional. Tuvo una larga temporada en el célebre Young Vic de Londres, y su autor es sobre todo conocido por ser el libretista de Matilda the Musical, que por años se ha presentado en el West End de Londres, en Broadway, y en muchos teatros del planeta.
Adaptación al contexto mexicano
Vista desde el México de 2026, esta adaptación logra notablemente aclimatarse al contexto mexicano, pero mantiene ese aliento más generalizable por el cual es posible entenderla en un marco global, contemporáneo y transfronterizo. La vida de una porción considerable del planeta subordinada a la lógica del mercado, del consumo y del rendimiento. Como lo ha señalado Byung-Chul Han, hemos transitado de una sociedad disciplinaria a una "sociedad del cansancio", donde los individuos ya no son explotados únicamente por fuerzas externas, sino por la autoexigencia permanente de producir, rendir y optimizarse. Los personajes de Amor y dinero viven precisamente atrapados en esa maquinaria invisible: agotados no sólo por las deudas económicas, sino por la obligación contemporánea de convertir incluso la felicidad y el amor en formas exitosas de desempeño personal.
El capitalismo y el lenguaje afectivo
Dennis Kelly entendió hace ya dos décadas que el capitalismo no sólo reorganizó el trabajo y la economía, sino también el lenguaje afectivo. En Amor y dinero las relaciones humanas aparecen atravesadas permanentemente por el cálculo, la culpa financiera, el agotamiento laboral y la imposibilidad de sostener una estabilidad emocional en un entorno que exige productividad constante, o resignación radical. Los personajes aman, desean y sufren dentro de un sistema que les recuerda todos los días que nunca tendrán lo suficiente.
Estructura narrativa en reversa
La estructura de la obra refuerza esa sensación de derrumbe. Kelly organiza la narración en reversa: comenzamos observando los restos de una catástrofe íntima y poco a poco retrocedemos hacia el origen del trastorno que conducirá a la tragedia ulterior. El procedimiento dramatúrgico tiene algo de investigación forense. El espectador no asiste al desarrollo lineal de la trama, sino a la reconstrucción de un colapso. Cada escena funciona como un fragmento de memoria donde el humor, la violencia verbal, la frustración económica y la ternura aparecen mezclados de forma inquietante.
La mirada desde México
Kelly entendió que el capitalismo contemporáneo no destruye únicamente economías domésticas: transforma la percepción que los individuos tienen de sí mismos. Los personajes de la obra viven atrapados en una lógica donde el valor humano parece depender de la capacidad de producir bienestar visible. Incluso el amor termina contaminado por esa exigencia de rendimiento. Los vínculos afectivos dejan de ser refugios frente al mercado para convertirse en otra extensión de sus presiones. Vista desde México, esa lectura adquiere una resonancia adicional. En el país del bienestar, donde buena parte de la clase media vive sostenida por créditos, deudas y precariedades cuidadosamente disimuladas, la obra deja de parecer una observación sobre la sociedad británica y se vuelve un espejo dolorosamente reconocible. Los personajes de Kelly podrían habitar sin dificultad la Ciudad de México: profesionistas exhaustos, parejas emocionalmente endeudadas, individuos atrapados entre el deseo de ascenso y el agotamiento permanente.
Una obra sin moralismos
La versión mexicana comprende bien esa dimensión del texto y evita convertirlo en un simple discurso moral sobre el dinero. La obra funciona precisamente porque no presenta víctimas inocentes ni villanos absolutos. Todos sus personajes participan, consciente o inconscientemente, de la maquinaria emocional del consumo contemporáneo.
Trabajo actoral y dirección
Lo primero que sorprende del montaje dirigido por Roberto Beck es la consistencia del trabajo actoral. La obra exige intérpretes capaces de sostener cambios abruptos de tono y velocidad: pasar de la ironía al vacío emocional, del sarcasmo a la humillación íntima, de la banalidad cotidiana a una violencia psicológica casi insoportable. El elenco responde al reto con notable precisión y sin eludir los matices que exige el texto y el subtexto de la pieza dramática.
Áreas de mejora
El primer trabajo de Roberto Beck como director teatral revela zonas que aun exigen depuración. Hay escenas cuya transición podría resolverse con mayor fluidez, ritmo y respiración. La estructura fragmentaria de Kelly demanda una precisión rítmica muy rigurosa para evitar que la tensión dramática se disperse, y el montaje todavía atraviesa algunos desniveles de intensidad. No todas las escenas alcanzan el mismo grado de concentración emocional. Existen momentos donde el ritmo general pierde continuidad y la tensión dramática se debilita, cuando no se extravía. Pero incluso esas irregularidades poseen algo estimulante, porque revelan una dirección que todavía está explorando posibilidades en lugar de refugiarse en soluciones convencionales. Beck demuestra sensibilidad para trabajar con actores, inteligencia para leer la dimensión emocional del texto y una comprensión genuina de las tensiones contemporáneas que atraviesan la obra. Su dirección tiene algo todavía en construcción, pero justamente por ello transmite búsqueda y riesgo.



