En el V Domingo de Pascua, la liturgia nos presenta a Jesús como el camino, la verdad y la vida. En el Evangelio según San Juan, Jesús declara: "Yo soy el camino, la verdad y la vida. Nadie va al Padre si no es por mí" (Jn 14,6). Esta afirmación nos recuerda que Jesús, verdadero Dios y verdadero hombre, es el mediador único de la nueva y eterna alianza.
Primera Lectura: Hechos 6, 1-7
En aquellos días, al aumentar el número de discípulos, surgieron quejas de los judíos griegos contra los hebreos porque no se atendía bien a sus viudas en el servicio diario. Los Doce convocaron a la multitud y dijeron: "No es justo que dejemos el ministerio de la palabra para administrar bienes. Escojan a siete hombres de buena reputación, llenos del Espíritu Santo y de sabiduría, para encargarles este servicio. Nosotros nos dedicaremos a la oración y al servicio de la palabra". La propuesta fue aceptada, y eligieron a Esteban, Felipe, Prócoro, Nicanor, Timón, Pármenas y Nicolás. Los presentaron a los apóstoles, quienes oraron y les impusieron las manos. La palabra de Dios se extendía, y en Jerusalén el número de discípulos crecía enormemente, incluso muchos sacerdotes aceptaban la fe.
Segunda Lectura: 1 Pedro 2, 4-9
Hermanos: Acérquense al Señor Jesús, piedra viva rechazada por los hombres, pero escogida y preciosa ante Dios. También ustedes son piedras vivas que edifican un templo espiritual, un sacerdocio santo para ofrecer sacrificios espirituales agradables a Dios por medio de Jesucristo. La Escritura dice: "Pongo en Sión una piedra angular, escogida y preciosa; el que crea en ella no quedará defraudado". Para los creyentes, esta piedra es honrosa; para los incrédulos, es piedra de tropiezo. Ustedes son linaje escogido, sacerdocio real, nación santa, pueblo adquirido para proclamar las maravillas de quien los llamó de las tinieblas a su luz admirable.
Evangelio: Juan 14, 1-12
Jesús dijo a sus discípulos: "No pierdan la paz. Si creen en Dios, crean también en mí. En la casa de mi Padre hay muchas habitaciones; si no, se lo habría dicho. Voy a prepararles un lugar, y cuando lo haya hecho, volveré y los llevaré conmigo, para que donde yo esté, estén ustedes. Ya conocen el camino". Tomás dijo: "Señor, no sabemos a dónde vas, ¿cómo podemos saber el camino?" Jesús respondió: "Yo soy el camino, la verdad y la vida. Nadie va al Padre sino por mí. Si me conocen, conocerán también a mi Padre; ya lo conocen y lo han visto". Felipe pidió: "Muéstranos al Padre y eso nos basta". Jesús replicó: "Tanto tiempo con ustedes, ¿y no me conoces? Quien me ve a mí, ve al Padre. ¿Cómo dices: 'Muéstranos al Padre'? ¿No crees que yo estoy en el Padre y el Padre en mí? Las palabras que digo no son mías, sino del Padre que permanece en mí y hace las obras. Créanme: yo en el Padre y el Padre en mí. Si no, créanlo por las obras. En verdad les digo: el que cree en mí hará las obras que yo hago, y aún mayores, porque yo voy al Padre".
Reflexión sobre el Tiempo Pascual
San Pablo nos recuerda: "Si Cristo no resucitó, vana es nuestra fe... Si nuestra esperanza en Cristo se limita a esta vida, somos los más dignos de compasión" (1 Cor 15,14-19). Cada año, al conmemorar la muerte y resurrección de Cristo en Semana Santa, el tiempo pascual, la Eucaristía y toda nuestra vida cristiana, hacemos memorial, es decir, reactualizamos el proyecto que Cristo nos reveló y somos llamados a ser testigos de su resurrección. San Lucas dice: "Nosotros somos hijos de la resurrección" (Lc 20,36). Tenemos una afinidad afectiva con el Resucitado; solo los resucitados pueden ver al Resucitado. Como San Ignacio en el río Cardoner, se nos abren los ojos del entendimiento para conocer muchas cosas, sintiendo todo nuevo.
El teólogo José I. González Faus, en su libro Acceso a Jesús, señala: "Si la resurrección de Jesús incluye la nuestra, la aparición del Resucitado no puede ser mera visión exterior, sino experiencia del vidente hacia sí mismo como resucitado". Cada uno debe hacer su propia experiencia de resurrección. La resurrección no es un hecho neutral: si la creemos, nos transforma y nos impulsa a transmitirla con nuestro testimonio, en comunidad y familia, encontrando nuevas soluciones y capacidades de vida resucitada. La experiencia de los discípulos de Emaús, que al partir el pan reconocieron a Jesús y se levantaron para anunciarlo, es el camino para convertirnos en testigos de la resurrección.



