El Aumento Salarial se Enfrenta a una Realidad Inflacionaria Persistente
El incremento del 13% al salario mínimo en México, que entró en vigor en enero de 2026, elevando la remuneración diaria de 278.80 a 315.04 pesos, se implementa en un contexto económico desafiante. Este ajuste, aunque significativo, choca directamente con una presión inflacionaria que afecta particularmente a los productos de consumo básico, como los alimentos procesados, bebidas y tabaco, los cuales registran alzas anuales superiores al 6%.
La Inflación Subyacente Impulsa los Precios al Alza
Según el informe más reciente del Grupo Consultor de Mercados Agrícolas (GCMA), la inflación general en enero se situó en 3.79%, pero la inflación subyacente aumentó de 4.33% a 4.52%. Este repunte se debe principalmente al encarecimiento de alimentos procesados, bebidas y tabaco, que aceleraron su tasa de 5.22% en diciembre a 6.13% en enero, así como de los servicios, con una inflación anual de 4.48%.
Estos rubros, que representan una proporción relevante del gasto familiar, muestran una rigidez a la baja en sus precios, lo que dificulta que los hogares perciban beneficios tangibles del aumento salarial. Además, el GCMA señala que el ajuste del salario mínimo ejerce presión directa sobre los costos laborales en toda la cadena productiva, favoreciendo que estos incrementos se trasladen a los precios finales de bienes y servicios.
Factores Estructurales que Complican el Escenario
La situación se agrava por otros elementos económicos, como la debilidad en la inversión fija bruta, que registra una caída anual del 5.7%. Esta limitación en la expansión de la capacidad productiva reduce el margen para absorber mayores costos sin impactar los precios, creando un círculo vicioso de inflación.
A pesar de un deterioro en la confianza del consumidor, que en enero se ubicó en 44.0 puntos, el consumo privado se mantiene activo, financiándose cada vez más con ingreso corriente y desahorro en lugar de crédito. Este patrón sostiene la demanda en rubros con precios rígidos, contribuyendo a que la inflación permanezca por encima del 3.5% y complicando la convergencia hacia el objetivo del 3% establecido por el Banco de México.
Implicaciones para la Economía y los Hogares
En resumen, el aumento del salario mínimo, aunque bien intencionado, se ve contrarrestado por una inflación persistente en alimentos y servicios, lo que limita su impacto real en la economía familiar. Este escenario subraya la necesidad de políticas integrales que aborden tanto los aspectos salariales como los factores inflacionarios para lograr un crecimiento económico más equilibrado y sostenible.